De nuevo, la dirección pedagógica de los centros

            Lo principal de dicha Proposición es cambiar el procedimiento de selección: una Comisión de la que sólo el 30 por ciento serán representantes del centro (de ellos la mitad del Claustro de profesorado), el resto representantes de la Administración Educativa. Resulta una “simpleza” considerar que todo se soluciona si el director es elegido o nombrado por la Administración Educativa. De acuerdo con la literatura internacional especializada y las experiencias internacionales más interesantes, ni la profesionalidad ni el liderazgo pedagógico, como dice pretender la referida Proposición, vienen porque lo nombre la Administración Educativa de turno. Más bien, puede significar retornar a un director o directora como representante ejecutivo de la administración educativa, que no tiene más capacidad que la que le otorga la autoridad o el poder de quien lo ha designado. Los mejores estudios sobre dirección de centros o liderazgo educativo apoyan que la mejora venga por aquí.  Por eso es un grave error la afirmación que formula dicha Proposición sobre que “deja de profesionalizarse la función directiva, al representar el director al centro ante la Administración y no a la Administración en el centro”.

            Justamente, el director como “la Administración en el centro” es el modelo burocrático-gerencialista que en todo los lugares del mundo (incluido el nuestro) ha fracasado y en oposición frontal a las líneas pujantes de liderazgo pedagógico, que es un liderazgo compartido o distribuido. No hay experiencia o literatura alguna que apoye que, cuando el director es un representante de la Administración educativa, se produce una mejora educativa. Se precisa un poco de conocimiento pedagógico, por favor. Se cita el relevante Informe de la OCDE de 2008 (“Improving School Leadership”), pero nada de dicho informe aconseja las medidas que se proponen.

Seguramente hay que revisar el modelo de dirección de centros en España. Yo mismo he abogado por el tema. Desde luego también, quizás, habrá que entrar en el procedimiento de selección, pero esta no es la ni la medida prioritaria ni la única cuestión y, sobre todo, tiene que inscribirse en otras medidas más amplias. Ni una palabra en dicha Propuesta sobre autonomía en la gestión, sobre responsabilidad por los resultados o sobre hacer del centro un proyecto colectivo de acción. Cambiar un elemento menos limitado a la normativa sin hacerlo paralelamente en otros, son medidas simples que sólo conducen a apariencias de cambio, pero no a cambios “profundos”, como dice Fullan (una de las máximas autoridades sobre cambio educativo).

            Si, como constata la investigación, el centro escolar marca la diferencia en los aprendizajes adquiridos, los equipos directivos pueden ser un factor crítico en los procesos de mejora de la acción educativa. Por eso, un extenso discurso pedagógico, en los últimos años, aboga por una mayor capacidad y competencia educativa de los directivos, cuya función principal debiera ser dirigir y liderar pedagógicamente el Proyecto Educativo de Centro, de acuerdo con su concreción en el Proyecto de Dirección, como se acaba de concluir en el Congreso de Valencia.

El modelo administrativista‑burocrático de gestión escolar, propio de sistemas centralizados, presenta graves déficits para incidir en la mejora de resultados de su centro educativo. Se impone una convergencia internacional. La agenda próxima es pasar de una dirección limitada a la gestión a un liderazgo educativo o dirección pedagógica. Pero las tradiciones culturales e históricas pesan y no se pueden transferir, sin más, propuestas de contextos anglosajones, olvidando nuestra cultura escolar. Hacer posible el liderazgo pedagógico exige, pues, cambios en la actual estructura organizativa de las escuelas, en modos que posibiliten las acciones deseadas. Se requiere rediseñar los contextos de trabajo, articular el trabajo individual del profesorado en torno a un proyecto de mejora común y transformar la organización, de modo que una dirección pedagógica pueda comprometer a toda la escuela o instituto en asegurar buenos aprendizajes a todos los estudiantes. Pero ejercer con profesionalidad (que no es igual que “profesionalización”) un liderazgo educativo no lo da, por desgracia, su nombramiento por la Administración.

 

 

(*) ANTONIO BOLÍVAR. Catedrático de Didáctica y Organización Escolar. Universidad de Granada

Nota: Este artículo ha sido publicado en la revista ESCUELA nº 3920 de 27 de octubre

 

 

 

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