Benito Lamenca presenta su “incierta y controvertida” novela “La taberna”

Cuando llegamos a La Despensa para hacer la entrevista, Benito ya estaba sentado en una de las mesas. Con su aspecto machadiano, -portaba sobre su cabeza un elegante sombrero-, y acompañado de Mamen Oliver, a la que dedica esta obra de difícil catalogación. Tomaba una tónica al tiempo que acariciaba con su mano un grueso volumen de poesía de cuidada edición e igualmente de su autoría. Comenzamos a hablar y, casi de sopetón, me cuenta su experiencia en el otro mundo. “Me dio un telele y estuve dos días muerto, estaba en un sitio en el que me encontraba a gusto, hablando con unos y con otros. Y da la casualidad que me caí de nuevo aquí abajo, entonces dejé toda mi vida profesional y me dediqué a sacar todo lo que tenía escrito”, nos contó con una pasmosa naturalidad que nos sirvió para interrogarle sobre su trabajo y publicaciones. Respecto al primero nos informó que es doctor en Farmacia, especialista y analista de la Seguridad Social y que ha sido coordinador-jefe del Laboratorio de Bioquímica del Hospital Universitario Virgen de las Nieves.

Como autor, además de publicaciones relacionadas con esta función como “Parámetros hematológicos, bioquímicos y hormonales en la evolución de una anemia ferropenica en ratas” (1994), Lamenca tenía publicados varios poemarios y otros tantos inéditos que ha reunido en tres voluminosos libros de cuidada edición y que se hayan repartidos por las más importantes bibliotecas de mundo, tanto públicas como privadas. Los otros libros salidos de su pluma son  “Esquizofrenia de amor” (1991),  “La joya más bella” (1991), “Muerte, demonio, infierno” (1993), “Mi primer amor” (1993) y “Poesía íntima” (1965-2005), publicado en 2008. Su labor poética la completa con su faceta artística como pintor contando en su haber con más de 300 cuadros cuyas reproducciones le sirven como ilustraciones de sus poemarios.

 Cuatro en uno

Al centrarnos en la obra que curiosamente lleva el mismo título que la del padre del Naturalismo, Emile Zola,  este prolífico escritor, de apariencia afable y bohemia, sigue sorprendiéndonos al afirmar que los cuatro personajes que aparecen en la misma son él mismo: “Yo soy Félix, el tabernero que observa, como si estuviera en un teatro. Yo soy Manolo, que cada día dice una cosa. También soy Mercedes con todos los matices pues para poder escribir sobre la mujer hay que estar dentro de la mujer y, por supuesto, Pablo el que escucha. Cuatro personajes en uno, que es para tirarse rodando por le Mulhacén abajo”. Personajes que aparecen y desaparecen, sin que en ningún momento se haga de ellos la más mínima descripción.  Son simplemente cuatro personajes, alrededor de unos vasos de vino, en un  extraño y turbador, o como se indica en el book trailer realizado por la editorial en “una atmósfera desconcertante” que da pie para el intercambio de recetas afrodisiacas y recomendaciones para conciliar el sueño. Por ello, causa nuestra sorpresa cuando explica que en su redacción ha empleado 35 años y que está inspirada en una taberna que había en Guadix pero que ya no existe, en concreto, el conocido como Bar de Fermín donde “entre luces amarillas, humo y vino iban surgiendo una serie de pensamientos e ideas que fue escribiendo en folios pues me gusta desvirgar los folios blancos”.

Así mismo nos cuenta que cada página (y tiene 245)  de este “inclasificable libro” está condensada, pues resume diez o quince,  y que se están dando los primeros pasos para llevarlo al cine. Reconoce la influencia de su vena poética en esta obra “pues yo solo escribo sentimientos, no puedo escribir de otras cosas” y que espera se convierta en “la novela del siglo” pues aunque escribe para sí mismo, “si le sirve para enriquecer a otra persona, hará que me sienta más feliz”. Eso sí advierte a los destinatarios que se describen “escenas muy fuertes por lo que habría que delimitar la edad desde la que se puede leer”. Los grandes espacios en blanco, antes y después de los textos, son para que la gente imagine, e  incluso pueda anotar.  Y entre los motivos por los que recomienda su lectura “simplemente porque es distinto, es provocador y al provocar genera energía, vida, fuerza,… No es un pasatiempo y todo junto es una satisfacción”, afirma con rotundidad quien siente la necesidad imperiosa de la escritura pues “si no escribo estaría muerto”.

Oir audio de la entrevista

Video-entrevista al autor de La Taberna.

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