Las mujeres predominan entre los premiados del certamen literario de la prisión de Albolote

En diciembre pasado IDEAL EN CLASE recogía este texto que despertó nuestra curiosidad y la de otros muchos lectores por el resto de textos galardornados en ediciones anteriores que iremos dando a conocer en los próximos días:

 

  

Y DE NUEVO… MAÑANA SERÁ UN NUEVO DÍA PARA EMPEZAR A VIVIR.

Antonia Álvarez Jiménez

Primer Premio, ex aequo – 2006

Esta mañana al despertarme aún era de noche, ni siquiera las primeras luces del alba habían aparecido. De nuevo me he despertado en mi celda y me ha parecido increíble que hayan pasado 9 años desde que me quitaron la libertad. La cárcel cambió mi vida y me ha cambiado a mí, principalmente porque aún era una niña en muchos aspectos y aquí he madurado como mujer.

En estos años he hecho muchas cosas, lo que más, ha sido escribir. Escribí para la revista de la cárcel, para desahogarme y evadirme, escribí poemas, cartas de amistad, cartas de amor… El murmullo del bolígrafo se convirtió hace tiempo en mi amigo, en mi aliado y parte de mi libertad. He aprendido a vivir en soledad porque en la cárcel, quien más, quien menos, nos sentimos solos.

Hoy es un día como otro cualquiera, pero hoy me siento más triste de lo normal, será porque me he puesto a recordar.

Cuando entré en este lugar, en esta invisible ciudad de los presos, me sentí pródiga. Es como querer ponerle riendas al viento. Esta canción triste puede pertenecer a cualquier mujer, a mujeres difíciles que buscan un mundo feliz y que terminan rodeadas por un cerco de fuego.

Cuando vine de nuevas a este lugar, mi primera impresión fue que era una tierra de silencio y de angustia, donde habitaban el miedo, la decepción y el remordimiento. Era un mundo distinto al del exterior, a este lado del muro había otras costumbres, lenguaje, leyes…

Con el tiempo me di cuenta que el destino es como comprar un billete de lotería, lo consigues con ilusión y esperanza, pero muy pocos ganan y otros como yo lo perdemos todo y el pasado nos condenará hasta el último día de vida.

La prisión para todo el que no la conoce es un enigma. Un lugarmiserable donde nos castigan. Sin embargo, para algunos, como es micaso, es nuestra segunda oportunidad: un nuevo camino querecorrer…¡Quiero vivir! Quiero reflexionar en el silencio protector de la noche para no volver a cometer los mismos errores.

Perdí la edad de la inocencia posiblemente al entrar aquí. Mi vida parecía un holocausto, y sin embargo al entrar aquí renací de mis cenizascomo el ave fénix.

Aquí la vida es interminable. Un día sucede a otro, monótonos, casiiguales, sin nada que hacer. Viendo las sombras del día, soñando con elmejor de los mundos, pensando en la falta de suerte que a casi todos nos niegan. Para mí que llevo ocho años y medio en prisión esto es un mundo infernal y ahora sé que la soledad es esto.

La única libertad que tengo aquí es la noche. Me asomo a mi enrejada ventana para ver la inmensidad del cielo negro, a ver la lluviacuando cae, o a buscar alguna estrella para contarle mi pena.

Después de la media noche el silencio invade el lugar, a veces creo sentir cómo mi sangre me habla y vuelvo a mi mundo particular, a soñar despierta, que estoy en mi cama, en mi casa, hasta que me duermo.

Sueño con un lugar lejos, muy lejos de aquí y ansío porque algún día pueda encontrar esa ciudad donde los sueños se hagan realidad. Pero soy realista y no creo que haya callejones milagrosos que te lleven a una vida nueva. Es una utopía y desearía luchar por ella, pues no quiero que mi vida siempre sea una media noche solitaria.

Lee mi corazón, mi sangre es también roja, soy sólo una condenada más, que me tropiezo a diario contra muros. Pero son peores las murallas humanas, ¿dónde quedó el compañerismo?, una de mis preguntas retóricas sin contestación.

Cuerpos y almas solitarias que componen una sucesión de sombras particulares. ¿Cómo sería mirar la vida desde los ojos de un ciego?, un mundo bello y oscuro.

La impaciencia de mi corazón grita, tras una noche de espanto y de locura. Al fin he despertado y mi corazón gritaba anhelante de vida, de amor, de libertad. A veces me siento fuera de quicio, creo que finalmente perderé la razón.

Alguien me dice que cuando “una puerta se cierra, otras se abren”, pero ¿dónde está la puerta de mi esperanza?, sólo sé que este lugar podría corromper al ángel más puro. La vida es una escuela que a veces te enseña lo malo, pero la cárcel te enseña lo peor. Escuela de maldad, ¿dónde voy a ir a parar?, ¿cuándo me iré por fin?… sólo preguntas sin respuestas.

Aún no he llegado a comprender de dónde he sacado suficiente valor para luchar y continuar en pie. Supongo que si algún día vuelvo a ver a alguien que tuvo que ver con mi pasado será para demostrarle que no me dejé vencer por la adversidad. Y volveré para demostrar que puedo volver.

Aunque ya no recuerdo siquiera muchos rostros, odio mi pasado, pero no puedo olvidarlo, ni quiero. Pues eso me recuerda que la droga, y sobre todo las malas influencias de aquellas gentes me trajeron a este pozo. Miro hacia adelante pues sé dónde quiero ir. Y cuando todo esto pase, no digas que fue un mal sueño porque entonces recordaré, volveré a vivir cada momento que he pasado. Dicen que las experiencias enriquecen a los seres humanos, en mi caso no ha sido así.

Yo me siento una luciérnaga de color del fuego en noches que mi pensamiento vuela buscando libertad. En mi cama, de noche, veo el juego de las sombras danzando en mi celda, veo reflejarse las rejas. Cierro los ojos con fuerza por no volver a llorar, y deseo con todas mis fuerzas ignorar la verdad, deseo con todas mis fuerzas no estar aquí, y me cobijo entre las sábanas como una niña asustada.

Sólo sé, que ante todo, seguro que mañana será un nuevo día. Y seguro que saldrá el sol o quizás llueva, pero me levantaré en pie de guerra ante la llamada salvaje de la vida e intentaré sobrevivir y olvidarme de las negras caras del tiempo pasado.
 

Rodeada de mucha gente, no hay momentos de tranquilidad, apenas hay momentos para uno mismo, gentes con historias tristes, gentes vencidas y enfermos por las apariencias, y gentes buenas que no merecen este castigo de que nuestra vida ahora siempre sea de noche. Todo fluye, la vida continúa y después de la noche volverá el día.

Quería escribir un cuento de este siglo y al final, una vez más, me he sumergido en mis pensamientos, y cuando acabe con esta experiencia me pondré a pensar en aquellas blancas sombras al atardecer, a recordar el mar, a pensar en nubes, en el horizonte lejano que quisiera alcanzar.

Me dejaré llevar como las hojas por el aire. Me dejaré arrastrar por el destino, porque el viento me lleve pronto al infinito. Viento libre, viento sin riendas.

Antonia Álvarez Jiménez. Módulo 9.
Fue publicado en Ideal. Granada, 10 de octubre,  2010

 

 

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