Juan de Dios Villanueva Roa: «Ni para el bocadillo»

 

Pongamos un ejemplo de esta misma semana. Tutoría en colegio público. El diálogo de la madre a la maestra discurre por el sendero casi de la indigencia. No puede preparar el bocadillo del niño, solo tiene dos magdalenas para el día siguiente. Vive de la caridad de su suegra, quien a su vez sobrevive de la paga de viuda. Ahora llega la fiesta del Día de Andalucía. Disfraz. No irá el niño a la escuela ese día, pues no pueden comprar ni la tela para hacerlo, en total seis euros. Evita la discriminación en la que el niño se va a encontrar dejándolo en casa. Por la televisión ve a Bárcenas hacer la peineta a los periodistas cuando regresa de esquiar de Canadá dejándose caer desde un helicóptero sobre nieves vírgenes, quien ha repartido supuestamente dinero sin contemplaciones a los líderes del PP, que ha amontonado en Suiza más de seis mil millones de pesetas, y campea a sus anchas por el mundo. Esa madre, que no puede preparar el bocadillo a su hijo para el recreo, llora en silencio, de impotencia e indignación al no encontrar respuesta de quienes han sido elegidos para evitar que esto le ocurra a ella, quien no encuentra trabajo, quien ha de ocultar a los ojos de su hijo una pequeña fiesta de los demás, de sus compañeros, quien ha de encontrar el alimento en la caridad.

 

Estos hechos solo son un reflejo de lo que está por venir de forma mucho más generalizada. Las economías están dejando de existir, se está llamando a las puertas de la mendicidad, desde la indigencia de quienes quieren levantar su cabeza y llevar a sus casas cada día lo que se les está negando. Mientras tanto, los medios de comunicación no recogen propuestas del gobierno para resolver este problema. Solo ven y escuchan los desmanes que han estado haciendo en este país mientras exigían con una prepotencia indescriptible que se apretaran el cinturón aquellos a los que se les está hurtando cada día hasta el alimento para sus hijos.

 

Este gobierno no reacciona a lo que está ocurriendo, tal vez porque solo miran las fiestas de sus hijos y los cañones de confeti con los que se divierten, y que pagan otros. La gente está ya al límite, y las soluciones no llegan, tal vez por la inconsciencia del problema, o porque aguardan a que se acerquen las próximas elecciones para entonces venir de salvadores. Así no.

 

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     Juan de Dios Villanueva Roa

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