Alfonso Carraté: «Yo quiero hablar de música»

Hace unos años, un editorial de Melómano no habría dedicado su atención a cuestiones económicas. En ocasiones, podía ser necesario aplaudir o rebatir ciertas ideas relacionadas con la política musical que se llevaba a cabo en tal o cual ámbito. Sin embargo, la mayor parte de nuestros editoriales trataban de música: de programaciones musicales, de criterios a la hora de programar, de la calidad de nuestros intérpretes, de los compositores. De música, vamos.

Hace unos años, en una llamada telefónica al director de un festival o al gerente de una orquesta, se trataban temas musicales; uno podía reírse o enfadarse hablando de música.

“Quiero poderles contar a ustedes cómo hace unos días Guillermo Pastrana y Mario Prisuelos me hicieron vibrar en un magnífico concierto dentro del Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid…”

En los últimos meses (muchos, demasiados, meses) esto no es así. Es prácticamente imposible hablar con alguien que no se encuentre desesperado, al borde de tirar la toalla para siempre, al límite de su capacidad de trabajo. Y, claro, es de eso de lo que hablamos. Hay poca esperanza en el futuro a medio plazo y ninguna en absoluto en el futuro inmediato. Son muy raras las excepciones, aunque haberlas, “haylas”.  Y es que las susodichas circunstancias son desesperantes para todo el mundo, aunque unos pocos se lo toman con más filosofía que el resto. Desde los profesores de nuestras orquestas hasta los más altos responsables y directivos, los equilibrios son ya tan difíciles de mantener que muchos han empezado a caer. Y sin red.

Pero yo quiero hablar de música. Quiero seguir pudiendo dedicar estas líneas y mi mente (o mi alma, cada uno que lo llame como prefiera) a descubrir sensaciones, a expresar sentimientos. Quiero poderles contar a ustedes cómo hace unos días Guillermo Pastrana y Mario Prisuelos me hicieron vibrar en un magnífico concierto dentro del Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid, en lugar de entrar a discutir si su caché era alto o bajo, si tienen que esperar semanas a cobrar por tocar o cobran el día del concierto (eso ya ha pasado a la historia en todas partes…) Quiero hacerles partícipes de cómo el Teatro Principal de Palma se venía abajo el pasado 15 de marzo cuando Josep Vicent dirigió a la Sinfónica de Baleares una electrizante Obertura de Guillermo Tell, y no hablar de los problemas económicos por los que también atraviesa esta formación. Tienen que saber que Ana María Valderrama (ganadora del Certamen Intercentros Melómano hace unos años) dejó ese mismo día entusiasmado al público de Pamplona tocando junto a la OSE y que Mario Ahijado (ganador del mismo Certamen en 2011) tuvo un gran éxito en el Auditorio Nacional el día antes tocando las Noches en los jardines de España junto a la Orquesta Filarmonía dirigida por Pascual Osa en ese ciclo tan atractivo y valiente que cada día tiene más público y más abonados y que organiza la propia Orquesta Filarmonía. Y que Cristóbal Soler está haciéndonos disfrutar con Marina día tras día en el Teatro de La Zarzuela, con cantantes españoles de lujo (Cantarero, Albelo), y que sigue habiendo música, y que seguimos pudiendo sentir la piel de gallina ante un pianissimo extremo, llorar con un sobreagudo, emocionarnos. Y que…

(*) Alfonso Carraté, director de Melómano. Editorial nº 185, abril 2013

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