Aquellos inolvidables años IX: ‘Maestros y maestras, juntos en el 45º aniversario’

No fue este un año cualquiera de la apasionante década de los sesenta, ya que en él ocurrieron acontecimientos de gran transcendencia: la muerte, en diferentes atentados, del líder y luchador por la igualdad Martín Luther King y de Robert F. Kennedy, candidato a la presidencia de Estados Unidos;  la invasión de Checoeslovaquia que acabo con la “Primavera de Praga”; el llamado “Mayo Francés” que comenzó con las revueltas de estudiantes en París y acabo obligando al presidente Charles De Gaulle  a disolver la Asamblea y convocar elecciones, son algunos de los ejemplos.

Y, cómo no, el XIII Festival de la Canción de Eurovisión, celebrado en el Royal Albert Hall de Londres, en el que Massiel, representante de España,  ganó el Primer Premio con la canción   La, la, la. Este hecho tuvo una especial significación para nuestro curso, pues fue el sábado 6 de Abril, día en el que iniciamos el viaje de fin de carrera desde Granada hasta Galicia. Aún recuerdo que al día siguiente, Domingo de Ramos, cuando la canción sonaba en  todas las emisoras de radio, nosotros estábamos en la Plaza de Oriente de Madrid para visitar el Palacio Real.

De este inolvidable viaje queda buena constancia en la abundancia de fotografías  colgadas  por Antonio Arenas,  en la página web de ideal.es. A partir de ahora, los historiadores -como nuestro compañero Manolo Titos- tendrán que incluir un acontecimiento más en la  Historia Contemporánea de  España: “1968 fue el año en el que la Promoción 65-68, terminó la carrera de Magisterio en la Normal de Granada”.

Sin embargo, todo esto estaba ya olvidado o guardado en el baúl de los recuerdos, que nadie suele abrir; pero… hace 5 o 6 meses voy una mañana por la calle Reyes Católicos, disfrutando de la belleza  y  del paisaje evocador de nuestra ciudad, al mismo tiempo que respirando el aire contaminado del ambiente, y me encuentro de frente con nuestro compañero y  amigo Antonio Ruiz Esperidón. No me pudo pasar desapercibido por lo alto que es y lo cerca que nos encontramos, pero yo a él tampoco; pues conserva muy bien su sagacidad, su vista y la generosidad para saludar a todo el que conoce. Nos dimos un abrazo, charlamos un poquito y cuando estábamos hablando de volvernos a ver, aparece Antonio Serrano Henares, con la discreción y la sonrisa que la caracterizan. Nuestra sorpresa fue tan grande como nuestra alegría.

Los astros, la providencia, la casualidad, la suerte… la propuesta personal se transformó en general. ¿Por qué no nos reunimos todos los compañeros y compañeras de nuestra promoción y comemos  juntos?  preguntó  Esperidón. Por supuesto que sí, contestamos los dos al unísono. Y añadí “además   tengo  las listas que las pedí cuando fui vicedecano de la Facultad”. Ah, estupendo quedamos un día y  me das una fotocopia, dijo Esperidón.  De acuerdo yo te llamo.

Transcurrió  el tiempo y no lo llamé, pero él si me llamó, ¿Qué pasa Antonio Luis con las listas?  Imagínatelo: que nos las encuentro por ningún sitio. Pues pide otras nuevas; imposible con la Ley de Protección de Datos, ya no me las pueden dar.

Finalmente, pasado más de un mes, encontré las listas;  pero para entonces nuestro querido Antonio con la ayuda del otro Antonio, de Visi, de Consuelo,  de Bernardo Roa, de Francisco García y otros más, tenía ya un listado completo, detallado y actualizado, con direcciones, teléfonos fijos, móviles y correos.   ¡Increíble!

A partir de ahí, ya lo conocéis todos: reuniones, contactos, entrevistas en hoteles y restaurantes para negociar el menú y el resto del acto, etc.  Seremos unas 80  o  100 personas, decía  Esperidón,  y yo le contestaba: Antonio, por favor, no seas tan optimista que no vamos a llegar ni a 50  ¡que equivocación la mía!   Estamos 160 y aún no hemos terminado.

Bueno,  el asunto, lo importante es que nos vamos a ver, “nos vamos a juntar”;  por fin vamos a poder estar juntos, sin mamparas, sin reprimendas y sin conserjes que nos impedían pasar a la otra ala del edificio, donde estudiaban las niñas. Volverse a ver, reencontrarse, recordar viejos tiempos, recuperar  – aunque sea momentáneamente-  la amistad es algo hermoso; es saber gozar con los recuerdos del pasado, vivir el presente y reponer  fuerzas y esperanzas para el futuro. También es detener el tiempo por unas horas, parar el reloj, como decía Lucho Gatica en su canción. Es igualmente potenciar la amistad, satisfacción plena de la convivencia y, en definitiva, reunirnos sin prejuicio alguno, sin consideraciones previas de ningún tipo y, con el único objetivo de vernos, saludarnos, divertirnos y dar Gracias a la Vida (que me ha dado tanto) y a Dios por seguir en ella.

Si  “los hombres  -decía Epicuro- fuesen capaces de amistad, sólo existiría una casa común: la Tierra.”  Qué educación es la que no fomenta la amistad y la fraternidad  entre las personas, los pueblos y las culturas. Nos cabe la satisfacción, la tranquilidad y el gran orgullo de haber dedicado nuestra vida profesional a ser maestros y maestras, es decir, haber ayudado a miles de niños y niñas a crecer y a enriquecerse intelectual, profesional y moralmente. En resumen, a potenciar el amor, el afecto, la amistad, con el fin de vivir en paz y en armonía con el entorno, como deseaba Rabindranath Tagore.

Finalmente nuestra convivencia, nuestra cita en el recuerdo podría ser un acto de reconciliación, como diría Proust, pero no será así, no habrá reconciliación, porque nunca existió la enemistad y nunca hubo desencuentro. Ha sido una de las notas a destacar de nuestra promoción: nos llevábamos muy bien; había distintos grupos de amigos y amigas según  edades  o  afinidades, pero enemistad, rencillas, zancadillas, etc. nunca,  ni una sola vez durante los tres cursos de carreras. Yo, al menos, no las percibí, ni las sentí por ningún sitio y los demás tampoco.

Hoy, en la época de las identidades, siento que pertenezco a  un  grupo, a una identidad abierta e inclusiva:   SOY DE LA PROMOCIÓN DE MAGISTERIO  1965-1968.  ¡CUALQUIER COSA!

¡MUUUUUUUCHAS  FEEEEEEELICIDADES COOOOOOOLEGAS !

Antonio  Luis  García  Ruiz

 

 

TEXTOS PUBLICADOS:

‘Lo que he sido se lo debo a mi primer Maestro’, por Antonio Ruiz Esperidón
‘Primera aventura de algunos alumnos de Magisterio de la promoción 1965-68, en el barrio del Albayzín’ ,
por Manuel García Plazas

‘El espíritu de la promoción de Magisterio 1965-68’ , por Francisco García Espínola

‘Yo fui maestro’, por Bernardo Roa Guzmán

‘Las maestras de la promoción 1965-68 toman la palabra’por Asunción Villena, Carmen Martínez, Valentina Serrano, Mercedes Liñán, Elena Alonso, Carmen Blanco, Rosi Jiménez, Carmina Cueto y Virtudes Hernández.

‘Tres anécdotas y un emotivo recordartorio’, por Enrique Mateos Alarcón

‘Carta abierta a los Maestros de la promoción 1965-1968’ y ‘Apuntes de la escuela de niñas’ por Carmen Jiménez y Rosi Jiménez.

–  ‘Riadas de sentimientos’ por José Pinteño Gea

‘Maestros y maestras, juntos en el 45 aniversario’ por Antonio Luis García Ruiz

PROXIMAMENTE:

‘Maestro del 68’, por Manuel Titos Martínez

‘Romance de aquellos maravillosos años’ por Isabel Valverde

INFORMACIÓN RELACIONADA Y GALERÍAS DE IMÁGENES:

Más de 150 maestros y maestras de la promoción 1965/68 preparan su primer reencuentro a principios del otoño

– El 5 de octubre, fecha elegida para el reencuentro de maestros y maestras de la promoción 1965/68

Maestros buscan a sus compañeros y compañeras de la promoción 1965-68

– Encuentro de maestros de la Normal de la promoción 1965-68

 

 

 

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