Maestros de la cosecha del 63

Maestros de la cosecha del 63

Por Andrés CÁRDENAS

Son de la cosecha del 63 y fueron desperdigados por toda la geografía andaluza para enseñar a leer y a escribir a los analfabetos adultos, que había muchos y estaban en todos sitios. En España se había iniciado una intensa campaña nacional de alfabetización y se necesitaban 5.000 maestros para otras tantas escuelas que se iban a crear en los municipios menores de diez mil habitantes. Nuestro país no quería seguir teniendo el dudoso honor de ser el más zopencos de toda Europa (desgraciadamente un informe de la OCDE nos dice ahora que somos los más tontos del continente, los últimos en capacidad lectora y matemática; pero bueno, eso tiene columna aparte). Digo que se necesitaban 5.000 maestros de escuela en toda España porque había que “hacer desaparecer o reducir hasta límites mínimos el analfabetismo”, según decía artículo primero de dicha campaña. Muchos de los emigrantes que se iban en aquellos años de maletas atadas con guitas no sólo no sabían el idioma del país que los acogía, sino que tampoco conocían el suyo. El analfabetismo en aquella época era una ‘patología’ que afectaba a más de la mitad de la población española.

De Granada y Jaén salieron 300 maestros, como los héroes de la batalla de las Termópilas. Los comparo con los famosos héroes espartanos de Leónidas porque hacía falta mucho pundonor y coraje para desarrollar su tarea. Algunos llegaban hasta las cortijadas más lejanas donde había hombres y mujeres que no sabían hacer ni la ‘o’ con un canuto y se instalaban en donde podían. Más de uno tuvo que dormir en la cuadra con los burros o las vacas. Y hay quien cuenta que se le habilitó para su estancia la choza de un melonar o la casucha de un cementerio. Cualquier mísero local (adjetivo que estaba acorde con el sueldo que percibían) podría servir para albergar al maestro. Los medios eran los mínimos. En las escuelas que se hicieron sólo había una pizarra y la inefable tiza. Aun así, consiguieron desasnar a miles y miles de personas que siempre llevaron en su memoria el nombre del maestro que les enseñó a leer.

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La inmensa mayoría de esos maestros están jubilados, ya que hace cincuenta años de aquellas oposiciones. Muchos han pasado por la experiencia de tener alumnos que utilizaban pizarras con mugrientos trapos enganchados que hacían de borradores, a tener estudiantes que han usado ordenadores y tabletas. También han pasado de enseñar bajo el régimen franquista a protagonizar la primera huelga en la Educación en el año 1973, cuando aún Franco estaba vivo. Su vida pedagógica ha tenido más cambios que planes ha tenido la Enseñanza.

El caso es que con motivo del cincuentenario de su nombramiento como maestros, esta promoción quiere reunirse a finales de este mes para celebrar que, después de todo, han llegado vivos. Y me han pedido que les escriba algo. Me ruegan también que ponga la dirección de un correo electrónico (oposic63granada@gmail.com) por si por ahí alguno de aquellos maestros no se ha enterado aún y desea sumarse a la reunión en la que se quiere homenajear a la citada promoción. Y yo no me he podido negar porque tengo una hija maestra y porque mi madre fue una de las analfabetas que aprendió lo poco que sabía en una de aquellas escuelas.

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– Ver RELACIÓN ALFABÉTICA DE MAESTROS/AS A LOS QUE SE INTENTA LOCALIZAR

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