Pedro Roldán o la explosión de color en La Zubia

No es la primera vez que Pedro Roldán expone en este espacio expositivo que fue inaugurado hace casi tres años bajo el lema ‘El refugio del pincel’. Los motivos son simples pues a la indudable calidad de su obra se suma el hecho de que La Zubia se haya convertido en su lugar de residencia y también de inspiración como podrá comprobar cualquier persona que se acerque por esta galería. Así lo hicimos nosotros para realizar un viaje de hora y cuarto en torno a los óleos sobre tabla repartidos por los distintos espacios de la sala contando como excepcional guía con el propio artista que nos fue narrando algunos detalles de cada una de las bellas obras expuestas para las que pareciese que Gaudí escribió ex profeso “en el arte tiene que haber vida y que ésta se manifieste principalmente por medio del color. Y este sentimiento de vida tenemos la obligación de transmitirlo a la obra. El color es vida”.

 

 

Roldán y su 'Amanecer festivo'. Küssnacht. Óleo sobre tabla. 90x40cm
Roldán y su ‘Amanecer festivo’. Küssnacht. Óleo sobre tabla. 90x40cm

 

En efecto, la belleza de los rincones (paisajes o pueblos) y los colores están presentes en estas obras alguna de las cuáles pueden estar realizadas hace seis años junto con otras pintadas hace cuatro meses. Y aunque cada obra es distinta al resto hay temáticas que se repiten como es su preferencia por la estación otoñal, por los paisajes costeros y espacios nevados. También las cúpulas de las que puede ver un vídeo en Youtube de más de cinco minutos junto con otro dedicado al parque Guëll.

Contraluz en el pinar. La Zubia. Óleo sobre tabla. 25x25cm Nuestro recorrido guiado comienza por el ‘Luminoso noviembre’, estudio realizado en el pantano de Ainsa (Huesca) cuyo colorido espectacular le sorprendió y del que quedó “atrapadísimo”. Le sigue ‘Aguas blancas’ que descubrió paseando por el entorno de La Zubia. “Una mañana me encontré con un espectáculo sublime, de juego de luces y sombras, y algo más que he querido atrapar en el lienzo”, nos cuenta. Le sigue otro óleo dedicado al pueblo de Potes, en los Picos de Europa, a donde suele desplazarse en otoño y donde se encontró con un amanecer limpísimo propio de aquellos valles. Viene a continuación el titulado “Amanecer festivo”,  en un pueblecito de Suiza que “aunque no fuese en una jornada de fiesta parecía una fiesta de colores tremenda. No es un trabajo fiel a la realidad, pues la nieve es violeta, casi etérea”, nos aclara.

 

Rojos en la isla. Ile Grande. Óleo sobre tabla. 70x40cm
Rojos en la isla. Ile Grande. Óleo sobre tabla. 70x40cm
Le siguen escenario marinos como “Tarde en Annecy”, cerca de Ginebra donde suele pasar un par de días y otro de Saint Cadó, isla de Bretaña, que frecuenta a menudo y donde se deja llevar pues encuentra una paz infinita. En San Galen (Suiza) donde la luz le reta a conseguir lo imposible. Idéntico reto lo supera con una riqueza cromática inefable al plasmar en la tabla una mañana en calma en la Costa Brava, momento que aprovecha  el artista para informarnos de que tras abandonar sus tierras cordobesas recibió su formación e inició su carrera artística en Cataluña. Ante el óleo dedicado a cala Foradada,  en una calma infinita, nos aclara que hizo muchos estudios en pequeñas dimensiones, tomó muchas notas escritas y también fotografías.  

Sin figuras humanas

Regresamos al entorno de su casa de La Zubia cuyo bellísimo jardín y pinar cercano ha quedado fijado en la pintura con “un movimiento que no se ve pero que está ahí y con el contraluz de un mundo que está latiendo”. Curioso porque en la pintura de Pedro Roldán no hay ni una sola figura humana cuya presencia, sin embargo se adivina. Tal y como sucede con el paisaje suizo que ha denominado “Al Alba”, con casas con una luz encendida. Reconoce que le gusta imaginarse a la mejor persona del mundo metida en su casa y con la luz encendida. Le sigue su particular visión del lago de Maloja (Suiza) con sus nubes multicolores, y del valle de la Pineta, cerca de Bielsa, pues hubo una época que le dio por ir allí, y que ha plasmado bajo una fuerte nevada con los árboles de colores intensos.  “Es una cosa única, más que pintarlo lo que se necesita es verlo” aclara antes de añadir que la experiencia es un grado y que se lo pasa estupendamente “revolcándose en colores”.

Mucho rojo y dorados ‘espirituales’ propios de la estación otoñal es lo que puede apreciar en el óleo  “Danza de luz” que muestra unas viñas de Requena (Valencia) con sus diferentes gamas tremendas. Le sigue una mañana fría en un pueblo segoviano con el que se encontró viajando por carreteras secundarias: “todo estaba muy nevado, el cielo era puro y limpio, el sol abriéndose paso entre las nubes. Se trata de un color emocional más que físico”.  Indescriptible es igualmente la calma total con destellos de la tarde en que consigue en el Cabo de Gata. Según indica “para transmitir esta paz primero tengo que sentirla. Calma de la de verdad, de la que vale la pena quedarte con la mente en blanca y dejarte sentir para ver como el sol se va yendo, hasta que llega el momento oportuno”.  

 El pintor junto a su obra titulada '…Y se hizo la luz. Granada'. Óleo sobre tabla. 110x50cm Y del Cabo de Gata a Granada con ‘Y se hizo la luz’ en el que se contempla al fondo la Catedral granadina y en primer plano una callejuela paralela a la calle Elvira.  Recorrido que realizaba habitualmente durante el servicio militar, período que disfrutó con su pase de Bellas Artes para pintar en la Alhambra.  “Una tarde caminaba por estas calles y tuve que sentarme para contemplar un espectáculo muy místico pero muy metido en la tierra por eso le he dado un azul profundo. En aquella tarde de tormenta en la que se hizo la luz para que viese esa combinación de colores y la catedral con un aura indescriptible”.

Otro viñedo de un lago de Bodensee, en el norte de Alemania, junto a la frontera de Bélgica, adonde fue de noche para encontrarse al amanecer con un lugar bellísimo, y unas viñas de lo que parecía un monasterio cuyas hojas caían al lago con sus barquitos y las luces que se encendían y apagaban.  Le sigue otro tranquilo lago en Saint Cadó, bahía de la Bretaña francesa, con su amanecer de pleamar, todo en calma, muy limpio y transparente. Son otros de esos momentos mágicos, de corta duración, que quedan en nuestra retina y en los óleos de Roldán. Al igual que el amanecer en el Cabo de Gata, en un punto cercano al faro, donde el artista logró “coger colores a manos llenas”.

Pintor poético

También la vecina Málaga ha sido objeto de varias de sus obras, especialmente las brumas y contraluces en los Montes de Málaga, muy cerca de las Pedrizas, donde un amanecer de junio, tras la llovizna de la víspera le brindó un hermoso y poético espectáculo que le inspiró su deseo de compartirlo con los demás. A continuación obras de las aguas trasparentes de S´Agaró, en la Costa Brava o de Brienno, en el lago de Como (Italia) uno de sus lugares favoritos para pintar, los contrastes de otro óleo en los Montes del Málaga, con árboles de rojo encendido en primavera junto con los de la montaña que se llenan de color, el atardecer en el Alentejo atlántico en el Algarve portugués, un día de lluvia en el Paular en la Sierra de Madrid, donde expone habitualmente, o una nevada otoñal en los Picos de Europa, dan una idea de su movilidad y capacidad para disfrutar de emociones ante la belleza de los parajes y de otros muchos repartidos por el Valle de Arán, Burgos, Segovia, Sierra Nevada o La Resinera granadina.  

 

'Al alba' Vall D'Aran. 85x55cm
‘Al alba’ Vall D’Aran. 85x55cm

 

Para Pedro López Ávila lo más destacable de este pintor es el colorido, la fantasía, el ensueño,…  “Yo le llamaría el pintor poético, pues toda su obra es pura poesía”. En referencia a las personalísimas nubes de colores que hacen claramente identificables las obras de Roldán  explica que “tienen un cierto misterio, tienen aspecto esotérico y misticismo, pues como con sus paisajes quiere trascender al propio paisaje”. Así mismo señala que  es una pintura que llama a la paz, al sosiego, al equilibrio. “Cuando me siento delante de una obra de arte de Pedro Roldán lo que me llama la atención es la explosión de colorido que te invita a todo ello, junto con algún elemento que invita a la mirada interior”, concluye.

Jesús Amaya durante su visita a la exposición
Jesús Amaya durante su visita a la exposición

Por su parte, el poeta Jesús Amaya tras visitar la exposición indica que le más le ha llamado la atención son los espectaculares amaneceres con un sentimiento completamente diferente en cada uno de ellos. Señala que “me da la impresión de que el pintor se ha colocado en el paisaje, ha vaciado todo lo que pensaba y desde la contemplación plasma estas pinturas en las que se ve una serenidad absoluta”.

Oir audio de la entrevista:

 Más información:

GALERÍA DE ARTE LA ZUBIA

 

 

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