Antonio Bolívar: «Las competencias básicas: ¿volver a desandar lo andado?»

 

Es verdad que, aparecen en la LOMCE, en la definición del currículo (art.6) y en una disposición adicional (35ª) sobre “integración de las competencias en el currículo”. Una lectura detenida de ambas denota ya los déficits o mala comprensión del tema. Por lo pronto, ha desaparecido el término “clave” o básicas. En la definición del currículo señala que las competencias son las “capacidades para aplicar de forma integrada los contenidos propios de cada enseñanza y etapa educativa”. Realmente, las competencias no se identifican con “capacidades” ni pueden ser entendidas sólo como “aplicación” de contenidos. Por su parte, la referida disposición adicional, fruto en parte del trabajo de COMBAS, cifra esa integración en la “adecuada descripción de las relaciones entre las competencias y los contenidos y criterios de evaluación de las diferentes enseñanzas”. Esta es una labor que conduce poco lejos: cómo los contenidos establecidos ya contienen diferentes competencias, algo similar a lo que se hizo en la LOGSE con los temas transversales, que condujo sólo a una pérdida de tiempo en la elaboración de documentos.

Pero ha sido el reciente Proyecto de Real Decreto sobre el currículo básico el que ha venido a aclarar, definitivamente, el lugar de las competencias. Como destacaba en mi artículo sobre los nuevos currículos de la LOMCE (“Escuela”, num, 4007,  p. 28) un desliz del legislador muestra bien a las claras su evidente contradicción sobre las competencias: “toda la reforma educativa se basa en la potenciación del aprendizaje por competencias, como complemento al tradicional aprendizaje de contenidos” (pág.3). A pesar de declarar querer potenciar el aprendizaje por competencias, éstas quedan reducidas a un complemento de los contenidos, que son lo sustancial. Las competencias se limitan a un papel transversal (art. 6 dedicado a “competencias transversales”) en el que entran, como el “saco” de las transversales, todo aquello que ha podido quedar fuera de los contenidos de las materias: comunicación audiovisual y TIC, espíritu emprendedor e iniciativa empresarial, igualdad de género, educación cívica y constitucional, prevención y resolución de conflictos, incluso el estudio del Holocausto judío como hecho histórico.

Todo el aire fresco que introdujeron las competencias básicas para renovar el currículo escolar, y el camino andado para unas metodologías activas basadas en proyectos o en problemas, vuelve a desandarse.

En fin, un desaguisado que disuelve el valor propio de un enfoque por competencias básicas. Si perviven competencias claves, estas quedan reducidas a las competencias de PISA (lingüística, matemática y científica), que son las que cuentan en las evaluaciones individualizadas al final de Primaria (así lo dice expresamente el art. 17.4) o en Secundaria. En la prueba final de 4º de Secundaria –como indica el art. 26.9– son las materias las que mandan el contenido de las pruebas. Al respecto es significativa la expresión que emplea: “se comprobará el logro de los objetivos de la etapa y el grado de adquisición de las competencias correspondientes en relación con las siguientes materias”. Una vez más las competencias son la aplicación de los contenidos. Por tanto, la declaración de potenciar el aprendizaje por competencias queda contradicha cuando en los currículos de cada materia, prácticamente, están ausentes. Como bien ha comentado mi colega y amigo Fernando Trujillo, “rebosa contenidos por los cuatro costados”.

En esta vuelta a recentrar el currículo en los contenidos y en las asignaturas (de materias troncales o específicas), todo indica que es el valor de las asignaturas aisladas, por orden alfabético (como aparecen en el referido Decreto), el que domina, en lugar de un planteamiento más globalizador e integrado, propio de un enfoque por competencias básicas. Si de verdad se quisiera potenciar un enfoque competencial, las reválidas deberían tener dicho enfoque (¿no querían hacer la reforma para mejorar PISA?), pero estas van ligadas a los “estándares de aprendizaje” que se corresponden con los contenidos, como muestran las tablas tripartitas de cada asignatura.  Pero todo apunta a evaluar contenidos más que competencias

Todo el aire fresco que introdujeron las competencias básicas para renovar el currículo escolar, y el camino andado para unas metodologías activas basadas en proyectos o en problemas, vuelve a desandarse, reafirmando a Sísifo, para –en cierta medida- dar la razón al profesorado menos innovador y tradicional. Lo peor es que, en este contexto de tejer y destejer, no cabe construir colectivamente tipo alguno de profesionalidad docente.

 

(*) ANTONIO BOLIVAR. Catedrático de Didáctica y Organización Escolar. Universidad de Granada

– Descargar PDF de este artículo publicado en la revista ESCUELA, Nº 4009  (30/01/2014)

 

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