Concha Casas presenta hoy ´Lo que nunca tuve’, novela con la que retorna al realismo

Los lectores que han pasado de los cuarenta entenderán perfectamente los acontecimientos que esta mujer de 65 años decide compartir con finalidad terapéutica, pues considera que le va a servir “para echar fuera la pena que llevo dentro desde que nací”.  Los más jóvenes creerán imposible que lo que aquí se cuenta haya podido suceder en España de hace unas décadas: machismo y violencia doméstica, pobreza extrema y emigración, amientes deshumanizados,… No en vano la protagonista rememora cómo nació en una cuadra y tenía que disputar a las ratas su alimento. Tamién que desde su más tierna infancia tuvo que cuidar a sus hermanos y comenzar a trabajar limpiando casas o cuidando niños. “Con esa edad -8 años- no solo había cuidado niños y limpiado casas, sino que también ordeñaba las cabras y cuidaba los animales”, escribe.

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Superación

Situaciones extremas que a muchos resultarán difíciles de creer y que, sin embargo, han sido habituales en muchas familias españolas de la posguerra especialmente en las zonas rurales, que muchos conocerán por el documental en el que Luis Buñuel muestra la dura vida de los habitantes de Las Hurdes.  También en estas situaciones  puede haber espacio para el amor, que la autora personifica en la abuela paterna, “la mama Rosa”.  Las camas de farfollas, hacer las necesidades en pleno campo, el trabajo de sol a sol, a cambio de la comida,… ponen en evidencia la dureza de la vida que muchas familias sufrieron en la décadas de los 40  y 50 del pasado siglo.  Para ello la autora indica que “han sido muchos los testimonios escuchados, de ellos han nacido las protagonistas de esta novela y por eso, por hacerles justicia, hoy he decidido hablar de ellas”.

Pese  a todo, estamos ante una historia de superación que merece la pena leer y compartir para entender mejor una época  que tiene la singularidad de completar los supuestos hechos biográficos de la protagonista contados desde la óptica de su  hermana Lucía,  que en los capítulos 7 a 10 toma el testigo de Rosalía  para mirar hacia atrás “y hasta donde llegan mis recuerdos todo es malo”. Ello le lleva a afirmar que “mi vida no es como la de mi hermana. La mía refleja a la perfección lo que nunca tuve”.  Vivencias que ambas cuentan con el deseo de que, al menos, sirvan de desahogo y alivio espiritual. Recientemente Concha contaba que el destino puso en su camino “a los dueños de esas quiméricas ilusiones. Ellos tenían una historia y yo tiempo para escucharla. No querían, en eso todos coincidían, morir con el dolor de lo vivido y callado”, todo ello porque “en lo más profundo de sí clamaban por sacarlos fuera, por dejar constancia de ellos, porque de alguna manera sentían que solo contándolo sanarían la pena que su triste vida les había infringido”.

 

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