Pedro López Ávila: «La codicia en el hombre actual»

Para mí estos individuos responden a perfiles calculadores, crueles y enfermizos, que procuran la amistad, sin ningún tipo de honradez moral o intelectual con los poderosos o con los legisladores. No tienen más objetivo que su propio provecho, sea público o privado.

No han conocido nunca el lenguaje de la verdad: lo que la persona es y pensar como especie; de tal manera que han desarrollado sus fuerzas y sus vidas exclusivamente para acumular dinero y adquirir bienes.

El problema que tienen estos prójimos es que estiman las cosas mientras las persiguen, pero cuando las consiguen las menosprecian, con lo que siempre están al acecho como las águilas carroñeras de encontrar una próxima presa.

No son conscientes de que lo más importante que nos da la vida es vivir, y la vida es tiempo, y en el tiempo hay que encontrar la felicidad.

Pero en sus corazones no se puede albergar la palabra felicidad, porque la felicidad no es una cuestión material. Son, por consiguiente,indigentes espirituales: sin emociones, sin fantasía; sin el arte, o la poesía. En fin, huecos en su vida interior y con una pobreza más severa que la material. Séneca dijo: “pobres son aquellos que necesitan de mucho”. Sin embargo, estos sarnosos y peligrosos malpensantes, que siempre están ideando algo nuevo, han desatado tantas fuerzas en la consecución de lo material que al final lo material los gobierna a ellos.

Por eso gran parte de su tiempo lo dedican a despotricar y a arrasar en los foros que consideran idóneos toda decisión legislativa que vaya en contra desus ganancias o de las metas que tienen marcadas. Para ellos todos los políticos son iguales en cuanto rozan levemente con sus fines.

Yo soy muy reticente con estos melindrosos, amantes de la astucia para el beneficio, de la especulación y de los mercados, y que llegan a autodenominarse competitivos. Cuando abren la boca exclusivamente para medrar, me producen tal repelús que me hacen pensar que si todos los políticos son iguales, es porque existen ellos; pues, a fin de cuentas, la estructura jurídica de una sociedad se construye a su manera.

 

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