Desde Fukushima al IES Zaidín-Vergeles

Hace unos meses, y ayudada por Olga, su profesora de ATAL (Aula Temporal de Adaptación Lingüistica), Hisai comenzó a trabajar en su exposición. Finalmente, hace unos días nos habló en clase de sus vivencias.   

Comenzó diciendo que vive en la capital de Fukushima, a unos 60 km de la central nuclear accidentada. El 11 de marzo, justo cuando había tenido lugar el acto en el que se graduaba tras concluir la secundaria y mientras almorzaba con sus padres en un restaurante, tuvo lugar el seísmo. Su primera reacción fue ir a buscar a su hermana pequeña que estaba en la escuela. A lo largo de ese día se registraron unas 3000 replicas.

Tras el tsunami y el accidente nuclear, su madre decidió que debían abandonar la ciudad y refugiarse puesto que la situación era muy peligrosa en Fukushima debido a la radiactividad. Junto a otros familiares se desplazaron a una población cercana a Tokio donde estuvieron hasta el 22 de marzo. Cuando sus padres volvieron a Fukushima, Hisai y sus hermanas volvieron a refugiarse en otra ciudad llamada Miyagui, en la que también habían muerto 200 personas a consecuencia del tsunami pero que estaba libre de radiación. A pesar de ello, ninguna de las jóvenes se acostumbró a su nueva vida en esta ciudad. La familia únicamente podía reunirse una vez cada mes.

Comentó que se dieron casos de jóvenes refugiados procedentes de Fukushima que fueron acosados por el hecho de venir de una ciudad afectada por la radiactividad. Hisai teme por ello que sea discriminada en el futuro por ser de este lugar. Pero por otro lado, sus amigos de Fukushima tampoco entendieron su evacuación; a ellos no les importaba la radiactividad y pensaban que se exageraba el peligro.

Pero lo cierto es que la vida cambió tras la catástrofe. Hay zonas próximas a la central nuclear que no se pueden visitar bajo ningún concepto. Hay pueblos en los que se puede ir de día pero no se permite dormir en ellos. Ha habido numerosos suicidios entre los agricultores que han tenido que dejar de cultivar sus tierras por la contaminación radiactiva. En su ciudad no se abren las ventanas de las casas, no se seca la ropa al sol, siempre llevan máscara cuando salen a la calle, comprueban de dónde viene la comida, no pueden jugar en los parques al aire libre durante más de una hora para lo que han construido parques de juego dentro de los edificios… Los niños pequeños, como la hermana de Hisai, llevan dosímetros para medir la radiación los cuales indican que sobrepasan cuatro veces la cantidad máxima a la que se puede estar expuesto.

A la gente joven de Fukushima se le examina el tiroides. Hisai nos mostró las pruebas que le realizaron a ella y a su familia. Nos dijo que se habían detectado cincuenta casos de cáncer de tiroides en niños, aunque los investigadores no saben cuánto han aumentado al no disponer de estadísticas anteriores a la catástrofe.

Ahora se han cumplido tres años del accidente y aún quedan 270.000 refugiados y muchos problemas que resolver. Ella no cree posible que se pueda volver a la situación anterior al terremoto.

Hisai ha contado su experiencia en muchas ciudades japonesas e incluso en la prensa de su país. Ahora, ha sido para ella una gran satisfacción que sus compañeros españoles conozcan lo que sucedió y las consecuencias de ello. Un resumen, tal y como ella misma lo ha escrito, se puede ver en la WEB DEL DEPARTAMENTO DE BIOLOGÍA Y GEOLOGÍA.

Quienes la escuchamos, no nos quedamos indiferentes ante su experiencia. Sus compañeros y compañeras han reconocido que noticias como estas, a pesar de su importancia, se mantienen durante pocos días en los noticiarios a pesar de que los efectos de la catástrofe perviven durante mucho tiempo en las personas y en los enseres. Y lo que nunca trasciende es todo el sufrimiento posterior, que más allá de los muertos,  se manifiesta en este caso en los refugiados, en las familias desestructuradas, en el acoso o la discriminación hacia los que proceden de las zonas afectadas por la radiactividad o en los suicidios de aquellas personas que perdieron sus medios para subsistir.

Otros jóvenes han reflexionado acerca de la necesidad de la energía nuclear. Aunque valoran su importancia, destacan que, en el caso de que se use, es necesario primar la seguridad de las centrales sobre otros aspectos y siempre considerar que puede haber fenómenos, como el del terremoto de Fukushima, que son difíciles de predecir y pueden afectar gravemente a su integridad. Incluso se llegan a preguntar si merece la pena que la sociedad pague con ese riesgo la factura energética.

Dentro de pocos días Hisai volverá de nuevo a Japón. Desde este instituto queremos reconocer su estancia entre nosotros, su tesón y su voluntad por aprender. Pero también agradecer el habernos acercado a la dimensión real de esa gran tragedia que ella vivió.

 Antonio Quesada
IES Zaidín-Vergeles

Hisai junto a Olga, su profesora de ATAL y sus compañeros y compañeras en el IES Zaidín-Vergeles
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