Celia Rivas se mete en la piel de Asterisca Itala para denunciar ‘el maltrato institucional’

“Estoy muy contento, ilusionado y lleno de expectación”,  nos confesaba el dramaturgo de esta obra incluida en su libro publicado por Dauro Ediciones, “Diálogos con maniquí”,  que ya ha podido ser disfrutada en París y Melilla. “Es una obra que ha tenido y continua teniendo mucha aceptación” comenta Morón al tiempo que explica los distintos montajes y lecturas dramatizadas llevadas a cabo. “El primer montaje, dirigido también por Antonio Morell e interpretado por Mariana Lozano, fue en la Facultad de Filosofía y Letras con motivo de un certamen de teatro universitario. El segundo fue en Nueva York, bajo la dirección del peruano, Walter Ventosilla, con Xiomara Cintrón en el papel de Asterisca Itala, donde ganó varios premios de teatro independiente a la mejor dirección y a la mejor interpretación de monólogos”, indica. Ahora ,Antonio Morell retoma la obra con una actriz diferente, Celia Rivas, una sevillana residente desde hace varias décadas en Granada, conocida por sus numerosas intervenciones en series televisivas como ‘Padre Medina’ o ‘Arrayán’ que le aporta “unos nuevos tonos y le da una nueva sensación”.

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Argumento

Así mismo, el dramaturgo nos explica que se trata de  la historia “de una mujer desheredada del sistema que se da cuenta de ello y emite una queja acerca del porqué. Sería una mujer de la que pasa a nuestro lado pero no sabemos que tiene unas vivencias intensísimas. Es una obra acerca del maltrato institucional, de cómo las instituciones pueden hacer que estés fuera del sistema, pues pueden llevarte a una serie de circunstancias en las que la injusticia se vaya repitiendo”.  Indica que el origen de esta obra está en una charla que mantuvo en Nueva York con una joven que le comentó la historia de unas americanas cuyos hijos se habían llevado a la guerra de Irak. “Salieron a protestar con las caras de sus hijos reproducidas en una camiseta. Querían hacer visible el sufrimiento por el que estaban pasando mezclado al mismo tiempo con el sentimiento de orgullo. Esto me hizo pensar sobre las circunstancias de estas mujeres de clase bajas y decidí contar esta historia”.  

Por su parte, el director Antonio Morell reconoce que en el espacio escénico granadino ya ha tenido la ocasión de dirigir ocho o  nueve representaciones. También de que hace un mes la representaron en París y recientemente en Melilla, donde ha tenido una excelente acogida. “Llevamos unos dos meses ensayando en el Centro Artístico de Granada, al que agradezco nos haya cedido un espacio para ensayar por las mañanas”, explica al tiempo que añade que de las dos representaciones previstas se ha caído una del cartel por aquello del Mundial de Fútbol. También comenta que su ilusión sería “llevarla a todos los pueblos de Andalucía, porque es una obra que merece la pena que la gente la vea”.

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Antonio Amor, responsable de  la luminotecnia y del sonido que lleva 14 años como ayudante de dirección con Morell, resalta la importancia de las luces con las que intenta representar las fases que tiene esta obra. Aclara que “hay un momento actual, pero luego se vuelve hacia atrás para recordar hechos pasados y, según los momentos, si la actriz está en casa, en la calle, con el hijo,…”. Paco Ortega, autor e intérprete de la liviana que suena al principio informa que al principio hizo una letra que se cantó por colombianas, pero que ahora ha hecho “otra letra más dramática y la canto por livianas, parecido a la soleá. Es una letra que va contra la violencia de género”. Quienes han tenido la oportunidad de asistir a los ensayos como Milagros Estepa, de Zarzamora Teatro, manifiesta que “la liviana es una maravilla y Celia está fabulosa, pues es una profesional como la copa de un pino. Espero que se llene el teatro”.

“Celia Rivas, una actriz como la copa de un pino”

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La actriz que interpreta a Asterisca nació en Sevilla, desde los diez años reside en Granada y se ha formado en Málaga. Para ella “actuar en este teatro supone un reto muy importante. Primero porque es un formato en el que todo el peso recae sobre la interpretación, no tenemos escenografía, apenas hay objetos en el escenario, el público está dentro del escenario”. También porque le obliga a estar en dos registros, uno más cercano al que está más acostumbrada por la televisión y otro más lejano al meterse en la piel de de la protagonista lo que le permitido descubierto muchas cosas pues “es una mujer común pero reflexionada desde el punto de vista intelectual”. Igualmente resalta que el texto tiene algunas verdades que podrían estar en el inconsciente de todo el mundo, pero en las que no hemos caído. “Reflexionarlo desde el punto de vista de una mujer humilde me parece un logro. Al buscar esa emocionalidad y naturalidad, al interpretar me fijo en las personas, en los contextos, el  porqué hace lo que hace lo que te hace aprender mucho”, señala.

Para la actriz  que ha heredado de su padre, primo del gran José Tamayo,  su amor por el teatro no existe gran diferencia a la hora de actuar para televisión, cine o teatro, aunque “puedes disfrutarlo más, tienes más tiempo para meterte en la piel del personaje y hacer disfrutar al público. El trabajo de televisión es más un labor de equipo, que requiere una concentración absoluta al estar rodeada de muchas personas y tienes que estar atenta a tu plano, tu luz, no salirte del cuadro. Tienes mucha más tensión en realidad, pero la interpretación es mucho más pequeña”.

Tras concluir  su participación en la serie ‘Padre Medina’ hace tres años en la que  realizaban un trabajo  muy intenso de hasta 11 horas diarias, decidió hacer “un viaje espiritual” a Costa Rica y después se ha dedicado a tener sus dos hijos. Antonio Cesar Morón, con el que compartió estudios de Filología Hispánica en la UGR, le llamó y le propuso la representación de ‘Herencia de la desidia’ en París. “Yo leí el texto y como en ese momento me estaba dedicando mucho a mi sentía la necesidad de que me gustara y ha sido toda una hazaña representarlo con dos bebés, pues me ha supuesto un renacer como actriz después de mucha tele y de una pausa”, resume al tiempo que manifiesta que “el teatro tiene que ser una herramienta de cambio y en este caso  lo es porque le da voz a una mujer en la que se pueden sentir reflejadas muchas mujeres que sufren maltrato institucional”.

 

 

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