Julio Grosso Mesa: «La vida por delante»

Ida y vuelta, claro. Supongo que sería un viaje de ida y vuelta, aunque no hay ninguna evidencia de ello. A veces, los empleados de la taquilla te subrayan el billete con un círculo rojo sobre el día y la hora del trayecto para evitar el despiste y sobre todo, para ahorrarse (ellos) el trabajo adicional de cambiarlo a última hora. Pero, en este caso, no se trata de un billete. Solo es un horario. Posiblemente, el viajero lo pidió antes de decidir su viaje. En todo caso, si no fuera de ida y vuelta, este libro no hubiera vuelto a su lugar de origen, a la estantería que ocupaba hasta ahora en la biblioteca municipal del pueblo donde paso mis vacaciones.

“Yo tuve una infancia de papel; lo que más me gustaba y más me ayudó a crear un mundo propio fueron los libros. Eran la continuación de la imaginación o precisamente la razón de la imaginación: todo lo que se descubría, todo lo que te revelaba un libro lo magnificabas luego, hacías con eso lo que querías. Así que primero escuché cuentos, luego oí cómo los leían, después los leí yo y luego los empecé a escribir” confiesa Ana María Matute en una entrevista inédita que acaba de ver la luz.

“En la misma biblioteca pública donde he encontrado el libro con el horario dentro observo a un buen puñado de niños leyendo. No es una imagen muy habitual de la juventud de hoy en día, pero les aseguro que es pura verdad. Son niños de diversas edades que están sentados en una zona reservada a las publicaciones infantiles. Leen con interés y en algunos casos, hasta con devoción”.  

En la misma biblioteca pública donde he encontrado el libro con el horario dentro observo a un buen puñado de niños leyendo. No es una imagen muy habitual de la juventud de hoy en día, pero les aseguro que es pura verdad. Son niños de diversas edades que están sentados en una zona reservada a las publicaciones infantiles. Leen con interés y en algunos casos, hasta con devoción. Mi hija es una de esas lectoras compulsivas y cada verano visita varias veces esta biblioteca, fiel a las aventuras de Gerónimo Stilton y a “Las Princesas del Reino de la Fantasía”. La lectura forma parte de su fenotipo.

“La infancia dura más que la vida. Yo creo que la infancia, y no solo para mí sino para la mayoría de la gente, es algo que marca para siempre. Aunque la quieras olvidar no puedes…Y todo lo que se ha vivido de niño, por lo menos las cosas más llamativas, las que mas te han impresionado, eso perdura a lo largo de los años” aseguraba Matute, que fue académica y premio Cervantes, y murió el pasado 25 de junio, a punto de cumplir 89 años. Curiosa reflexión de una anciana que nunca quiso envejecer.

La biblioteca municipal se encuentra ubicada en la primera planta de la Casa de la Cultura y otro verano más ha ampliado su horario de 8 a 15 y de 17 a 21 horas para atender la considerable demanda de los veraneantes y para que los estudiantes locales puedan preparar cómodamente sus exámenes de septiembre. La sala de lectura está a rebosar desde primera hora de la mañana, ajena a las intensas jornadas de sol y playa, lejana del aroma suave del bronceador y la holganza general del mes de agosto.

  “Acaban las vacaciones. Cada ejemplar prestado por una biblioteca encierra un puñado de buenas historias, las vidas de sus lectores anónimos, que se van acumulando poco a poco y corren paralelas al relato principal del autor”.

El servicio bibliotecario del ayuntamiento incluye además del préstamo, una sección de prensa, libre acceso a Internet y una bonita biblioteca infantil, pero su mayor tesoro es, sin duda, el personal. Sus bibliotecarios son amables y atentos y te invitan cortésmente a los actos literarios que organizan en el bello Palacete de La Najarra. ¿Qué sería de muchos pueblos sin una biblioteca municipal?

Ida y vuelta, supongo. Quizás, al final, no hubo viaje. Solo una ilusión. Tampoco sé si el lector que me precedió en el préstamo era hombre o mujer, joven o viejo, local o extranjero. Ni siquiera si llegó a leerse las 329 páginas del libro que tengo entre las manos y que yo he disfrutado tanto estos días de descanso y agua helada. He encontrado, además, la invitación a una conferencia sobre los orígenes del Mediterráneo. Jueves 24 de abril, 20 horas. No figura el año, pero no dudo que fue también otra cortesía de un buen funcionario.

Durante todo el tiempo de mis vacaciones he dejado el horario de autobuses a Madrid dentro del libro que saqué prestado. Bien doblado y oculto detrás de la solapa. Inmóvil como si estuviese pegado a las hojas y formara ya parte del mismo. Parece que llevaba aquí escondido mucho tiempo. Quizás no fuera tanto. Madrid Estación Sur. 5 horas. 34 euros.

Cierro el libro. Acaban las vacaciones. Cada ejemplar prestado por una biblioteca encierra un puñado de buenas historias, las vidas de sus lectores anónimos, que se van acumulando poco a poco y corren paralelas al relato principal del autor. Por cierto, casi se me olvidaba. El libro es maravilloso. Recopila artículos periodísticos de Antonio Muñoz Molina y se titula “La vida por delante”. Qué buen argumento para seguir luchando cada día. Qué gran título para una columna.

 

JULIO GROSSO MESA

(Este artículo se ha publicado en la edición impresa del Diario IDEAL en sus ediciones de Granada, Costa, Almería y Jaén, correspondiente al lunes, 10/08/2014))

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