Antonio Luis Gallardo: «¡¡Qué vivan las suecas!!»

La invasión de las suecas en bikini ¡Huy! suena como el título de una de esas películas de los años 60-70, protagonizadas por el bueno de Alfredo Landa. Las suecas no habían nacido por fuerza en el país de origen de los Abba, es que sencillamente a cualquier tía güena, que apareciera por Salobreña se la llamaba sueca.

suecas-playa-2Ya decía Umbral, que escribió con profusión sobre el tema, que de los Pirineos para arriba todas eran suecas. Me viene a la memoria el título de una de las películas emblemáticas de la época final del fenómeno, “Lo verde empieza en los Pirineos”, con Alfredo Landa, Nadiuska y todos los tópicos de un género tan denostado por los intelectuales como querido por el pueblo llano.

Entre esos intelectuales estaban también las mujeres del pueblo, que lejos de maravillarse por la irrupción del bikini en la playa nuestra, denunciaban la actitud machista de los bañistas y la indecencia de la exposición del físico femenino como si se tratara de un objeto. Vamos, que las suecas tenían varios frentes abiertos, y ellas sin enterarse, que al fin y al cabo sólo venían a nuestro país buscando lo que cualquier turista, un destino barato, calidad de vida durante su estancia, sol, sangría y paella.

Siempre pensé el motivo que trajo a esas lindas muchachas a Salobreña y no se fueron a Torremolinos o Benidorm, pues hay que saber que las infraestructuras turísticas del pueblo en esa época, eran la Pensión San José, la Pensión Palomares, la Pensión Arnedo y el Hostal del Pérez, sin olvidar a mi vecino Antonio y su Pensión Fernández en la calle Fábrica Nueva. No había cafeterías, pub y tan solo podían disfrutar de la Discoteca Manuel´s y los bailes en el Paseo de las Flores. El camino de la playa sin asfaltar, los balates eso sí llenos de ranas y de paseo marítimo nada de nada solo el Chiringuitos de Teresa, Pepe Almendros y el Peñón.

Pero lo que con el tiempo descubrí es que las famosas forasteras, suecas o le que fueren, aparte de sol, sangría y paella, lo que venían buscando era… SEXO. Sí, puro y duro SEXO, pues si no, cómo se explica que estuviéramos todos los chaveas locos por encontrar en los pedazos de cañas limítrofes con la playa, a las suecas practicando el tiki taka. Incluso recuerdo, cómo nos extrañábamos que prefirieran a nuestros paisanos que no iban a la escuela o no tenían estudios, si no que ellas buscaban algo más que cultura enciclopédica.

Si el mito es que las suecas son fáciles la respuesta es indudablemente sí. Mucho más que las españolas de aquella época. En general la regla era son rubias, con buenos pechos, buenos culos y guapas ¡ah! y que se lo montan a la primera.

No quiero exagerar al decir que animaron a las muchachas de Salobreña a saltarse la norma, a enfrentarse a sus padres, maridos y vecinas y a enfundarse unos bikinis pop, o sea más cortos que los de braga hasta el cuello. Ellas protagonizaron una revolución silenciosa donde un paso condujo a otro. A veces las grandes protestas, las acampadas y los manifiestos encienden la conciencia de unos cuantos, pero cuando cambian las costumbres de la clase media, la transformación es imparable.

Era típica y simpática al mismo tiempo, la imagen de una sueca subida en una moto Derbi de un vecino mío, su melena rubia al viento y cogida de la cintura, como chuleaba el tío. La casetilla de la Guardia Civil en la playa del peñón, se llenaba todos los días de ojos avizores de hombres del pueblo, ávidos por ver tales maravillas.

Lo que sí tengo que decir, es que a partir de ese primer verano que aparecieron por el pueblo, consiguieron crear conciencia de nacionalidad y ya todas las mujeres forasteras que venían se les llamaban suecas, igual daba que fueran de Francia, Alemania o la Gran Bretaña, para nosotros eran y serán siempre suecas.

Antonio Luis Gallardo Medina 

 

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