Leandro García Casanova: «Las niñas de Orce»

   
Leandro-Niñas-de-Doña-Angustias-portada2Después me encontré esta foto, de la “Escuela de niñas, número Uno, de doña Angustias González Liria”, hecha en Orce, en 1941, en un libro que editó el diario ‘El País’, llamado ‘Del campo a la ciudad’, en 2006. Pero, erróneamente, la sitúa en Huéscar, en 1940. Y, últimamente, he visto esta imagen en el libro ‘Avilés, 1886-1945, fotógrafo del Altiplano’, pero esta vez con la fecha de 1943, de forma errónea también. El escritor granadino Justo Navarro le dedica un artículo a esta foto, en el citado libro, y a mí me ha servido de inspiración para escribir estas líneas. La imagen de las niñas también ha figurado en varias exposiciones, en España, lo que da idea de su importancia. Juan Antonio Avilés fue un fotógrafo de Murcia, afincado en Huéscar, conocido por sus excelentes fotografías, sobre todo de las comarcas de Baza y Huéscar. Me lo imagino aquel día de primavera, pues algunas niñas llevan sandalias, llegando a Orce desde Huéscar, en el coche de línea, con el objeto de hacer algunas fotos en el pueblo. Eran los días de la posguerra, del hambre y de cantar el ‘Cara al sol’, en la escuela, era, en fin, la España sombría en blanco y negro, que conocemos a través de las imágenes que nos legaron.

   El escritor granadino Justo Navarro le dedica un artículo a esta foto, en el citado libro, y a mí me ha servido de inspiración para escribir estas líneas. La imagen de las niñas también ha figurado en varias exposiciones, en España, lo que da idea de su importancia

En cuanto al escenario, destaca la flamante bandera de España a la izquierda (tapa un ventanuco), que cuelga de la pared como un decorado; en el suelo hay una vieja silla con tiras de anea colgando, mientras que una ventana enrejada le sirve como fondo en la parte derecha. Es una ventana pequeña, como las que antiguamente tenían las casas del Altiplano (tipo moruno), mientras que la pared de la escuela es rugosa y no está alisada. El suelo es de tierra y, a la izquierda, hay una pequeña rama que se ha soltado del pino, o de la carrasca, como dicen en Orce. Las niñas aparecen escalonadas en la foto: las pequeñas sentadas en el suelo mientras que las mayores están en la última fila y, posiblemente, subidas sobre una tarima. Todas van con su uniforme blanco, salvo las mayores. Observo que mi madre es la única que no mira de frente al fotógrafo, pues fija la vista en un punto imaginario de manera que sale ladeada y con el gesto serio. Puede que le llamaran la atención y lo hiciera en rebeldía, o bien porque siempre fue traviesa en la infancia, como nos contaba ella misma.

Escuela de niñas, número Uno, de doña Angustias González Liria/ JUAN ANTONIO AVILÉS

(Para agrandar pulsar sobre la imagen y después en la lupa o moviendo la ruedecilla del ratón)

En 1941, Adoración tiene quince años y ya es casi una mujer. Mi madre nunca nos habló de esta foto e ignoro si ella llegó a conocerla. Es más, mi tía era cinco años mayor que ella y no se lo podía creer cuando le enseñé la fotografía. “¿Y yo no salgo?”, creo que me dijo. Aparte del valor sentimental, es la foto más antigua que conservo de mi madre. En general, las niñas han salido muy naturales, pues Avilés se conocía bien el

   Llama la atención que doña Angustias haya salido tan seria, con esa mirada tan distante, a lo que contribuyen sus lentes de los años cuarenta. Y sin embargo es una maestra joven, de unos treinta y pocos años  

oficio y la foto está hecha cuatro años antes de que falleciera. Incluso algunas niñas han salido sonriendo, o con una media sonrisa, cuando posar para una foto en la posguerra era todo un acontecimiento. Los fotógrafos tenían que coger la cámara de cajón y el trípode y viajar a los pueblos, en las fiestas o durante el verano, para poder ganarse la vida. Llama la atención que doña Angustias haya salido tan seria, con esa mirada tan distante, a lo que contribuyen sus lentes de los años cuarenta. Y sin embargo es una maestra joven, de unos treinta y pocos años. “Por su escuela pasaron varias generaciones de niñas orcenses”, me dice Ángeles Molina. Los maestros entonces solían posar así, con cierta gravedad y empaque.

Las niñas llevan sus iniciales cosidas en el uniforme blanco, y la que está debajo de la maestra tiene un caracolillo en la frente, como solía llevar en aquella época la cantante y actriz Estrellita Castro. Otras llevan lazos o cintas en el pelo. La que está sentada en el suelo, a la derecha, aparece con un cachorrillo sobre el hombro y, a su lado, hay un niño sonriendo. Se ha colado en la foto y es de suponer que con el permiso de doña Angustias. Ambos, el niño y la mascota, le dan cierta alegría y viveza al retrato escolar. Poco más se puede decir, como no sea que la imagen de la ‘Escuela de niñas’ es antológica –una reliquia y por eso ha salido reproducida en varios libros– y que habla del excelente trabajo del fotógrafo Juan Antonio Avilés. Su colección de fotos la conserva hoy su nieta Mercedes Avilés. Las niñas que tenían siete años en 1941, hoy son octogenarias, por lo que puede que todavía vivan algunas. Y aquí va mi recuerdo sentimental para esas niñas de Orce, que hicieron historia.

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