Alejandro Sancho: «Excelentes cuidadores»

En el contexto escolar, o más exactamente, en el contexto de mi centro: la Escuela de Arte de Granada, hay dos perfectos cuidadores. Sus nombres, Rafa y Betty. La cafetería que ellos gestionan y en la que llevan a cabo su labor de cuidadores es el hospital del alma de la Escuela. Sus medicinas son todas naturales: infusiones, cafés, tés, tostadas y toda clase de pequeños detalles que alimentan nuestra alma. Todos los que tenemos el lujo de conocerlos sabemos lo bien que nos miman. Todos tenemos nuestras pequeñas historias cotidianas, nuestros guiños, que tan bien interpretan Betty y Rafa.

Quiero compartir con vosotros algunas. Como estos últimos años trabajo fundamentalmente por las tardes, veo a Betty más que a Rafa. Me he dado cuenta de que hay muy pocas -dos o tres personas en el mundo que saben reconocer solo con una mirada si quiero un café o una tónica. Sin hablar, sin ni siquiera darme tiempo a sentarme, Betty es una de ellas. Rafa también lo sabe, es una habilidad compartida, pero Betty coloca claramente el plato delante de mí. A veces, más por educación que por desconocimiento, me pregunta: “¿chico o grande?” ¡Qué cúmulo de elipsis tan enorme en ese “¿chico o grande?”! En primer lugar está el hecho evidente de que sabe que quiero café, pues así es como suelo distinguir al cortado del café con leche. Pero ahí no queda la cosa, pues ese “chico” o ese “grande” no es el mismo para todos.

He tenido la oportunidad de observar cómo toman nota mental y se adaptan a nuestra pequeñas manías o gustos. Conocen con precisión nuestros detalles sobre si tomamos la leche fría o caliente, si nos gusta la taza o el vaso, en fin, ese enorme conjunto de cosas que hacen de la experiencia de la cafetería una experiencia cuidadora.

Un contexto de aprendizaje sin cuidadores, sin la ternura cotidiana de saberse atendido y entendido en los rituales de las pausas, es un mundo hostil y sin descanso. Betty y Rafa están ahí haciendo de nuestra Escuela un espacio más amable, más tierno.

Empecé este pequeño texto con el estribillo de una canción de Caetano Veloso. El título de la canción es Língua y se refiere, por supuesto, a la lengua portuguesa. La lengua es mi patria, decía, yo no tengo patria, tengo matria y quiero fratria.

El empeño y la labor de estos y otros cuidadores y cuidadoras, de Rafa y Betty, son nuestra fratria. Cansado como estoy de ‘patrones’, de ‘viejos patrones’ que no acaban de irse de entre nosotros, el descanso de estos hermanos de escuela que nos cuidan y que generan un espacio materno en nuestro contexto de aprendizaje es un oasis que hace mucho mucho que tendría que haber celebrado. Lo he hecho y lo hago con ellos en silencio muchas tardes, pero bueno es también reconocerlo y agradecérselo en público.

(*) Alejandro Sancho Royo es profesor de la Escuela de Arte de Granada

 

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