Antonio Luis Callejón presenta su novela histórica ‘El último amor del Gran Capitán’

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Aunque no es habitual, también los historiadores escriben novelas históricas. Este es el caso de Antonio Luis Callejón, licenciado de Geografía e Historia e investigador en Perugia (Italia), sobre la influencia del arte renacentista italiano en España. En 2007 este granadino nacido en 1974 en la calle Duquesa cuyo espacio de juego favorito era la plaza de la Trinidad, presentó su tesis doctoral sobre la iconografía del Monasterio de San Jerónimo, publicada con el apoyo del Legado andalusí con el título ‘Primus inter heroes: damas y guerreros en la decoración del Monasterio de San Jerónimo de Granada’. «Cuando yo comencé esta novela tenía el 70 o 80 por ciento de documentación, pues el tema está relacionado con mi tesis doctoral. Además leí muchísima novela histórica para inspirarme y ver cómo se estaba moviendo últimamente el tema y lo que me sorprendió es que tristemente somos muy pocos los historiadores los que nos dedicamos a la novela histórica y creo que tendrían que ser más», comenta cuando le preguntamos sobre las posibilidades didácticas de este género a lo que añade «como no se podía tener un micro en la alcoba de a Reina Isabel la Católica para saber lo que discutía con Fernando cuando se peleaban, algo a lo que ni siquiera los cronistas e historiadores de la época tenían acceso, para eso está la recreación lo más verosímil posible». Eso es lo que ha hecho él con la figura de María Manrique, una mujer que vivió una etapa única, pues conoció a los Reyes Católicos, Boabdil, Colón, Carlos V, Isabel de Portugal,… y vivió la llegada del Renacimiento que como defiende Callejón en su tesis doctoral fue una de sus introductoras en España, tras su período de residencia en Nápoles y Génova.

Por ello indica que «escribir la novela ha sido más grato que realizar la tesis pues me ha permitido recrear y no centrar solo en lo estrictamente científico sino que me he permitido dejar volar la imaginación». Así mismo, reconoce que ha intentado meterse «en la piel de esta mujer para comprender por qué quería a unos personajes, porqué elimina a otros, dónde los coloca… precisamente por eso elegí la primera persona pues quería que lo fuera contando ella». Su redacción se la planteó hace tres años durante los cuatro meses y medio en los que ocupó la plaza de profesor de español para extranjeros en Marruecos que le dejaba bastante tiempo libre. «Creo que se refleja un poco en la obra pues la parte que hice fue la del periodo nazarí», añade. Tal y como refleja en la nota del autor y en la cronología el autor se adelanta unos años a la fecha de nacimiento de doña María Manrique, por lo que, sobre todo, en el primer capítulo lo que cuenta son los recuerdos de los testimonios de su madre y de su padre, con el que no tiene una buena relación, al igual que con Fernando el Católico. «He calculado que su nacimiento pudo ser hacia 1466 pues por las crónicas parece ser que tenía una edad muy parecida a Juana la Beltraneja. Prácticamente la novela abarcaría desde 1460 y 1527 que es el año de su muerte, es decir casi 75 años, años cruciales, llenos de personajes importantísimos que ella conoció al ser dama de la Reina Isabel».

Barrio de la Duquesa

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Años de gran relevancia histórica en los que se producen acontecimientos como el final de la Reconquista, el descubrimiento de América y el inicio del Renacimiento. De hecho la obra comienza con el siguiente texto «ante mí se han inclinado condes, obispos, príncipes y cardenales. Tres reyes me ha hecho reverencias y un emperador me ha besado las manos. Yo, María de Manrique, Duquesa de Sessa y de Terranova, viuda de Gonzalo Fernández de Córdoba, nombrado por sus hazañas como el Gran Capitán, estoy pronta a saludar a la muerte. Y ésta es mi historia…» . Según recuerda la placa que hay en la calle San Matías, justo enfrente del edificio de Capitanía, el matrimonio vivió en dicha casa donde el Gran Capitán falleció el 2 de diciembre de 1515, calle que en algunos planos de la época aparece con la denominación de Calle del Duque. Tras su muerte la única obsesión de su viuda fue devolver a su esposo la importancia que tuvo y que había perdido por su mala relación con el rey Fernando en sus últimos años. Su idea principal era construir la tumba para su marido que está en el origen del monasterio de San Jerónimo. Para controlar las obras traslada su residencia a las afueras de la ciudad que en aquella época finalizaba prácticamente en la plaza de la Trinidad y de ahí hacia afuera era campo. Ella se hace una vivienda que el autor identifica como el Convento de la Piedad, frente al Jardín Botánico, por entonces una casa aislada junto a la que poco a poco se fueron construyendo viviendas para los sirvientes dando lugar al barrio de la Duquesa.

Este experto en la iconografía del convento de San Jerónimo indica que del Gran Capitán hay muchas representaciones pero de la duquesa solo hay dos y para la portada de su libro le ha interesado mucho más la del exterior. Así señala que «la del interior son figuras orantes de madera, inspiradas en las de los Reyes Católicos de la Capilla Real. Para mi son demasiado serias y formales, parecen más mayores, él incluso un poco calvo y con arrugas y ella cubierta con un tocado. En las de fuera él aparece barbado, con melena rizada, inspirándose en los emperadores de la antigüedad y ella parece una heroína clásica. Quizás no sean tan realistas, pero ella tuvo el cuidado de mostrarlo de cara a la antigua ciudad, mostrando la imagen ideal que quería que la gente tuviera tanto de su esposo como de ella».

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