Juan Santaella: «¿Tiene solución el acoso escolar?»

El déficit existente en la educación familiar, la cada vez más escasa autoridad de padres y profesores, la falta de habilidades y estrategias practicadas en los centros y la violencia extendida en nuestra sociedad son, entre otras, las causas que explican este fenómeno.

Lo que diferencia el acoso escolar de los actos violentos en la escuela es que el alumno acosado está expuesto, de forma reiterada, a acciones negativas realizadas por otro estudiante. Tras todo acosador se esconde una profunda frustración personal, una inadaptación social o una percepción hostil del mundo exterior, sin tener unos principios morales sólidos de acuerdo con los cuales encauzar y ordenar esas contradicciones internas. Además, lo más lacerante del acoso es que el 88% de las veces ocurre delante de los propios compañeros que o bien se ríen o bien se callan.

  En Finlandia, mediante el  programa KiVa, que ha eliminado el acoso escolar en el 79% de los colegios, ha servido para llevar la paz y la concordia a las aulas y para posibilitar los éxitos en las pruebas  Pisa

El movilizar a esos testigos mudos en defensores activos del acosado es la clave del éxito alcanzado en Finlandia mediante el método activo KiVa, que ha eliminado el acoso escolar en el 79% de los colegios. Este programa tan novedoso ha servido no sólo para llevar la paz y la concordia a las aulas sino también, debido al buen ambiente que genera, para coadyuvar a los éxitos de Finlandia en las pruebas Pisa.

Según la creadora del programa, Cristina Salvimalli, psicóloga de la Universidad de Turku (Finlandia), “si ser cruel suele ser rentable en términos de popularidad, nuestro método le da la vuelta a esa premisa y consigue que el acosador quede desacreditado ante el grupo”.

El método tradicional de resolver estos conflictos era proteger a la víctima y castigar al acosador, lo cual no resolvía el problema porque es muy difícil cambiar, de forma inmediata, la personalidad de ambos. Ahora, se trata de generar una nueva dinámica en el grupo de alumnos, para que dejen de ser pasivos, y corrijan el acoso en cuanto éste se produzca.

Este programa ya ha sido exportado a colegios de Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica, Suecia, Grecia, Gran Bretaña y Estados Unidos, entre otros, tutelados todos por el equipo finlandés, con muy buenos resultados. El programa tiene tres fases, la primera para alumnos de 6-9 años; la segunda, de 10- 12; y la tercera, de 13-16; y en cada fase se imparten diez lecciones con ejercicios, juegos y trabajos, orientados a empatizar con la víctima y a rechazar la actitud del acosador.

Los profesores son formados también en el programa para atender sin demora al alumno en cuanto surge el problema; para saber analizar si es acoso o no; para entrevistarse con víctima y acosador; y para hacer un seguimiento del caso.

El acosado, que tiene, a veces, auténtico pánico de contar el problema por miedo o por ser tildado de chivato, sabe que puede acudir a su profesor, que lo atenderá, y que su problema quedará resuelto. El acosador, por su parte, deja de perder la popularidad que habitualmente tenía y, mediante el diálogo, se le invita a que sea amigo de todos y que aprenda a ver al acosado como un compañero más al que debe respeto y consideración.

Los padres, a su vez, reciben formación sobre el tema, para que estén atentos al comportamiento de sus hijos (insomnios, inapetencias, cambios de humor, bajón en las notas, rechazo al colegio…) cuando son víctimas, sin caer nunca en la actitud de recriminarlos por su poco carácter; así como a descubrir si tienen un hijo acosador, por su actitud altanera, su carencia de valores, su desprecio a compañeros y profesores…

En la impartición del programa se enseña a los alumnos a identificar las emociones de sus compañeros, y saber cómo se sienten, por el tono de voz o por la expresión corporal. Se les explica la diferencia que hay entre una pelea normal y un acoso, que es un ataque permanente. Las clases son teóricas, pero también hay videojuegos y material de apoyo. El equipo KiVa, en cada centro, lo forman tres profesores encargados de afrontar el problema. El 98% de los alumnos atendidos aseguraron que su situación había mejorado.

En este programa se involucra toda la comunidad educativa: unos se interesan por otros y generan un ambiente de compañerismo, solidaridad y compromiso, lo cual permite un mejor rendimiento académico y una adecuada formación en valores. Para Susan Clarkson, investigadora del programa y profesora de la Universidad de Bangor, “el programa KiVa actúa como una vacuna, inmuniza a los niños, les da herramientas para defenderse. Por eso, cuanto más temprano se empiece, mejor”.

Como prueba de lo dicho, una niña de nueve años, Úrsula, inmersa en el programa, afirmaba: “Si no haces nada mientras ves que a un niño le están haciendo la vida imposible, es como si estuvieras de acuerdo. Eso es tan malo como acosar. Porque le das alas al que se porta así y no va a parar, va a seguir al día siguiente y a la semana siguiente, hasta que se harte. Tienes que decirle que lo deje en paz. O contárselo al profesor o a tus padres”.

(*) Juan Santaella López, es junto a Juan Ignacio Santaella Sáez, autor del libro ‘Manual de acoso escolar o bullying para docentes y educadores’ (GOF, 2007)

Nota: Este artículo de opinión se publicó en la edición impresa de IDEAL de Almería, Jaén y Granada, correspondiene al 31/01/2016

 

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