José Ganivet Zarcos: «Sin el sueño de la poesía, mi vida sería otra, menos plena y mucho más aburrida»

jose-ganivet-zarcos-1– La poesía forma parte de su vida desde su juventud ¿recuerda su primer poema?
– Sí que lo recuerdo y se lo puedo recitar. Tendría unos 14 años y como echaba muchísimo de menos a mi madre le escribí un poema que incluí luego en mi libro ‘Lo más jondo’ que comenzaba ‘Mi pena tiene una pena que se llama Soledad’.

– ¿De qué obra se siente especialmente satisfecho de su producción literaria?
– Por la repercusión que ha tenido, sin duda, el premio mundial de poesía mística, ‘Hablan de ti las rosas’ (2014) pues tuvo difusión en la prensa de Estados Unidos y de casi todos los países europeos y latinoamericanos. Luego quizás ‘Resina y ónice’ (2004) como la primera obra que me decidió a escribir y que fue el premio ‘Cuadernos del Laurel’ del Ayuntamiento de La Zubia.

– ¿Es su último libro ‘Todo lo vivido’ una especie de testamento literario’?
– Es cierto que tengo una salud delicada, pero tengo escrito más cosas y sigo escribiendo. Yo disfruto con la escritura pero el proceso burocrático de la publicación del libro y su presentación me produce cierta tensión. Más que un testamento es una recopilación en el que repaso distintas etapas de mi vida vistas desde una perspectiva poética.

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– ¿Cuándo se plantea darle forma?
– No tengo por costumbre decir voy a escribir un libro sobre tal cosa. Escribo prácticamente a diario. Normalmente hay épocas, en las que no sé porque se hace sobre un tema determinado, tal vez condicionado por alguna situación. Voy coleccionando todo en una carpeta y cuando veo que hay un volumen grande, selecciono y busco para ver si hay una hilazón y siempre la hay. En este caso vi que había, por decirlo de alguna manera, muchos poemas autobiográficos y uno de ellos se titulaba ‘Todo lo vivido’ que me pareció era un título sugerente y le daba cohesión a todo el libro. Lo consulté con algunos amigos que lo confirmaron tras leer el borrador y entre los varios títulos que les dí, este fue el que creyeron más adecuado y yo con mis amigos y mi mujer suelo ser bastante dócil y hacerles caso.


– ¿Cuál es la estructura de este poemario que lleva una triple dedicatoria?

– Está dedicado a Ngọc Quỳnh, que es mi mujer que es vietnamita, José Marcos mi hijo y Virginia, mi cuñada, es la autora de las preciosas ilustraciones que se merecían que se lo dedicara. En cuanto a la estructura pues hay una primera parte en la que ofrezco ráfagas de mi infancia, condicionado por el origen humilde de mi familia. En los años 60 yo estaba interno y cuando volvía trabajaba con mi padre de sol a sol, en las navidades y semana santa, igual. En las vacaciones mi padre me tenía preparado el sombrero de paja, mis alpargatas de cáñamo y mi almocafre. Yo era un trabajador más y eso que en aquella época me parecía durísimo luego se ha dulcificado y lo veo como una de las etapas más importantes de mi vida porque me enseñó lo difícil que es subsistir para la mayoría de la gente.

– ¿Y la segunda parte ‘Tu cuerpo huele a campo florecido’?
– Es una parte que está dedicada al amor hombre-mujer. Casi todos los poemas están dedicados a mi mujer. Son poemas muy líricos, de una persona que está enamorada de otra. Una de la cosas que le estoy más agradecido a la vida es que después de treintantos años de convivencia, con todas las dificultades de la vida sigamos estando muy unidos lo cual se trasluce en el poemario.

– A ello le sigue ‘Campos de soledad’, un titulo muy machadiano…
– No se me ocurrió Machado y que conste que para mi junto con San Juan de la Cruz es uno de los poeta que más admiro. Pensaba más bien enel autor sevillano, creo que se llama, Rodrigo Caro, perteneciente al Renacimiento y Barroco que tiene un poema en el que habla de las ruinas de Itálica. Un día paseando por las afueras de Santa Fe se me ocurrió ese poema viendo abandonado aquel campo en el que mi padre trabajó con tanta ilusión. Ahora se ha convertido en un erial lleno de cardos pues se unieron otros terrenos pero con la crisis no se ha construido nada.

– Antes del invierno llega el otoño, y en su caso, es de color dorado… o al menos así ha titulado la cuarta parte que termina con un poema en japonés
– Bueno, es que la mitad de mi familia es oriental. Por parte de mi familia soy de Santa Fe y de Granada hasta la médula pero por parte de mi mujer mis cuñados se casaron con dos japonesas. Hay un poema que se dedica a mis sobrinas Sara y Nana y me llevé una sorpresa cuando su madre con una de las niñas hizo una traducción, creo que con la ayuda de una de sus profesoras. También hay otro traducido a vietnamita por mi mujer.

– Tiene un doble prólogo, escrito por Esteban de las Heras y Francisco Morales Lomas. El primero destaca el uso preciso de las palabras…
– Cuando una persona no sabe una cosa usa muchas perífrasis. Cuando alguien expone algo al público tiene que tratarlo con la máxima seriedad y el mayor respeto. Yo escribo un poema y luego es un trabajo casi de artesano, se vuelve a releer, corregir, hasta que se quede como en el esqueleto. Yo disfruto con la magia de las palabra. La poesía no son discursos. Es un trabajo de elaboración mental muy difícil. Desde que empecé a estudiar me sentí muy atraído por la poesía. Incluso con unos 14 años ya tenía un grupo literario y discutíamos sobre nuestros poemas. Ya entonces la poesía era mi sueño, sin él mi vida sería otra, menos plena y mucho más aburrida.

 

 

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