Se presenta ‘La bodega de un literato’ de George Saintsbury, traducida al español por José Luis Martínez-Dueñas


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«El título es el resultado de mi edición puesto que es una obra que originalmente se llamó ‘Notes on a cellar-book’ (Notas sobre un cuaderno de bodega) que es el cuaderno que tienen los aficionados al vino en la bodega de su casa en el cual se va anotando el vino que entra, el que se vende o cambia, los procesos de volver a encorchar el vino…» nos explica Martínez-Dueñas antes de añadir que George Saintsbury fue «un filólogo reconocido, magnífico periodista y escritor completo» que al final de su vida, con 75 años, recibió un encargo de un íntimo amigo y editor, Sir Frederick Macmillan, para que le hiciera un libro de vinos. Saintsbury le respondió que no tenía tiempo para ello pero sí que sus cuadernos de bodega se podían revisar y editar. «El resultado fue este libro que salió en 1920 y que tuvo después varias ediciones», añade.

Lo curioso de la publicación es que casi un siglo después pueda mantener su vigencia. A este respecto el traductor aclara que había conocido al autor en los años 70 y 80 como un reputadísimo filólogo y autor de varias obras literarias europeas, como ‘Historia del ritmo en la prosa inglesa (1912) o ‘Historia de la novela francesa’ que publicó en dos volúmenes (1917-1919) , además de ser el mejor estudioso de la obra de John Dryden (1881). Indica que «con estos precedentes, al ver su nombre, en un libro de vinos me llamó la atención y tuve un gran interés en leerlo. Hablando del mismo con Andrés Soria me animó para hacer la edición española para la que fui seleccionando aspectos de toda su obra, dejando algunos artículos y algunas cuestiones que son importantes pero que no cabrían en la misma. Por eso le he puesto el título de ‘La bodega de un literato».

Vinos, whiskys y combinados

El libro que está estructurado, siguiendo fundamentalmente la edición original aumentada y corregida de la tercera edición, que contiene unas partes preliminares para pasar a hablar de lo que es el vino y sus orígenes para pasar a hablar de vinos concretos como el jerez y el madeira, luego sigue con el oporto, el clarete y el borgoña. También habla del champán y otros blancos franceses, los vinos del Rin, del Mosela y de los espirituosos. Así mismo, lo hace de la ginebra de Holanda y de los, los whiskys, de los cuales «entendía muchísimo y de los destilados como el brandy, el ron y la ginebra». Termina dedicando varios capítulos a la cerveza, la sidra y los famosos combinados o coctail americanos, para pasar a «cuestiones más delicadas» como la elección de las copas y el tipo de botella conveniente para cada momento para «terminar de una manera enormemente divertida y literaria, profundamente filológica, llamada ‘Conclusio and diversos’ en la que da una serie de consejos para pasarlo bien».

En cuanto a los destinatarios del libro, Martínez-Dueñas tiene claro que pertenecerían a tres grupos: «los aficionados a la lectura que leen igual un ensayo de Ortega y Gasset que un poema de Rubén Darío o el diario IDEAL por la mañana», es decir «esas personas que les gusta estar al día y tener en la mente frases resonantes e ideas importantes». También estaría dirigido a los aficionados a la bebida «en el buen sentido» que aprecian el sentido civilizado de la misma y, por último, al lector más especializado que conjuga su sentido de la lectura con su conocimiento del vino o lo que es lo mismo desde enólogos a simples aficionados o periodistas que aprecian las cualidades del vino y que valoran «la experiencia de un sabio bebedor, un hombre que sabía distinguir desde lo mejor de los vinos de jerez hasta el más poderoso de los whiskys escoceses». En este sentido, Saintsbury afirma en el primer capítulo dedicado a los caldos españoles que, en su opinión, los mejores del mundo son los vinos de jerez y los montillas.  

 

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