Leandro García Casanova: «El Defensor del Menor acusa a la Junta»

El Defensor denuncia también que el Gobierno andaluz “silencia el problema del acoso escolar” y que la Consejería de Educación “oculta deliberadamente las cifras de un problema que está creciendo significativamente”, a causa del aumento de las quejas que recibe en su oficina. “Hay que sacar el acoso escolar del silencio. No sé si este tema vende mucho o poco, pero tiene que estar en la agenda de los medios de comunicación. Pido ayuda y sensibilidad”, ha dicho Maeztu. “La actitud es: mientras menos registro de acoso escolar tienes, eres mejor región, y no es verdad. Si no sale en prensa, los casos siguen. El escándalo dentro se soporta, y fuera no”, señala.

Según Maeztu, se han incrementado el número de quejas y consultas sobre el acoso escolar, tanto de padres de víctimas como de profesores, a la vez que desconocían el protocolo de actuación de la Consejería para estos casos: 21 quejas y 51 consultas en 2013; nueve quejas y 28 consultas en 2014; 30 quejas y 38 consultas en 2015, y 21 quejas y 29 consultas en lo que va de año. Y añade: “La Junta no toma conciencia de lo que está pasando porque todavía no son cifras alarmantes, pero el acoso escolar debe atajarse ahora, porque más tarde degenerará en una actitud de dominación del macho a la hembra en la adolescencia, y luego en violencia de género en la edad adulta”. Por eso, el Defensor ha encargado un informe sobre el acoso escolar que presentará a final de año, en el Parlamento andaluz, a la vez que señala a los responsables públicos porque no ayudan a denunciarlo y a prevenirlo.

  El acoso escolar es más físico entre niños y más psicológico entre niñas, y tiene efectos en el rendimiento académico, pero sobre todo en la autoestima de las víctimas. 

Maeztu se ha quejado también de la falta de transparencia de la Consejería de Educación, pues no conoce cómo están funcionando los protocolos y no tiene datos concluyentes del acoso, por edades, por etapas y por colegios públicos y privados, porque la Administración no le proporciona la información que requiere. En los casos que ha estudiado ha detectado “falta de coordinación y de control. He analizado protocolos concretos de colegios que han tomado medidas un mes y medio después de producirse el acoso, porque han esperado a que se resuelva de otra forma. ¿Qué clase de seguimiento se le hace a estos protocolos?”, se pregunta. El acoso escolar es más físico entre niños y más psicológico entre niñas, y tiene efectos en el rendimiento académico, pero sobre todo en la autoestima de las víctimas. Es difícil de detectar, porque a veces ni siquiera los perjudicados saben explicar qué les ocurre, piensan que están exagerando una pelea. Tampoco todos los profesores son capaces de ver y solucionar el problema, y para algunas familias, según Maeztu, es un deshonor hacerlo público y optan por ningunearlo o cambiar a su hijo de escuela. En fin, más claro y más alto no se puede decir.

Sin embargo, la consejera de Educación, Adelaida de la Calle, mostró su discrepancia con el Defensor: “Hay acoso, sí, pero, según el ‘Observatorio para la Convivencia Escolar’, sólo afecta al 0,03% entre dos millones de escolares de Andalucía, y que cuando se detecta un caso de acoso escolar se pone en marcha de manera inmediata un protocolo de actuación”. La consejera señaló que “en los últimos cuatro cursos se ha producido un descenso en los porcentajes de conductas contrarias o gravemente perjudiciales en las aulas, fruto de los planes de convivencia y de las distintas medidas puestas en marcha a partir de 2011, en las que Andalucía es pionera”. Sin embargo, según los datos del ‘Observatorio’, ofrecidos en mayo, se produjeron 358 situaciones denunciadas y confirmadas en el curso 2014-15.

Difícilmente se podrá solucionar el problema en Andalucía silenciando el acoso escolar, ocultando las cifras y diciendo que han disminuido los casos. El Defensor del Menor no se va a poner a inventar o exagerar un informe que tiene que remitirlo al Parlamento andaluz, donde va a ser debatido en el pleno. Y no sólo acusa a Educación, sino también a los colegios y a las familias. La consejera de Educación debería escuchar las recomendaciones del Defensor y tomar nota, si de verdad quiere atajar el problema para que disminuyan los casos de acoso escolar en la comunidad autónoma. Hay que tener más humildad para colaborar con la institución del Defensor, que precisamente fue elegido para esto por el Parlamento andaluz: para defender los derechos de los ciudadanos, en este caso concreto, de los más débiles. Las asociaciones de padres y los colegios deberían de apoyar el Informe del Defensor (poco puede hacer si no tiene el apoyo social y de los partidos políticos), ya que persigue la defensa de las víctimas (muchas tardan años en recuperarse del trauma y otras se suicidan), mientras que los agresores no pocas veces quedan impunes.

Hace dos años, un compañero me confesó que estaba padeciendo acoso laboral, le ofrecí la ayuda del sindicato pero él no quería que lo vieran hablando conmigo por el miedo que tenía, a pesar de estar afiliado. Un día, cuando ya estaba depresivo, le pregunté y me dijo: “La verdad es que no sé si me están haciendo acoso laboral”. Entonces, le respondí: “Esa es la prueba de que te están acosando”. Cuando se llega a una situación de confusión mental, de indefensión, de aislamiento y de soledad entonces pones en duda todo lo que ocurre a tu alrededor. Varios meses después, el compañero se marchó a otro destino, con su depresión a cuestas. Yo también he pasado por esta dramática situación de acoso laboral y, en una ocasión, un compañero se sinceró conmigo: “Me ha dicho… que no quiere verme hablando contigo”.

Trasladen este acoso a un niño o a un adolescente –tan inseguros y indefensos a esas edades, que hasta piensan que sus padres no los van a creer–, por lo que nada de extraño tienen los suicidios y las depresiones. Demasiadas muertes, demasiadas víctimas y demasiado daño en las familias ha producido ya el acoso escolar, para venir ahora a negar lo que es evidente a todas luces. En Francia tienen unos protocolos más seguros y eficientes, y el problema del acoso escolar se controla. Eso sí, gasta mucho más en Educación que en España, mientras que la Comunidad de Andalucía es de las que menos gasta por alumno. Es cuestión de mentalidad y de voluntad, esto es, de querer solucionar el problema.

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