Antonio Luis Gallardo: «Un día de romería»

 

Con los años, ocurre que uno recuerda más y mejor los tiempos pasados que los presentes. Me he puesto a recordar y me ha venido toda una avalancha de recuerdos, emociones y querencias por la romería del año 1973. Ese año, la Virgen partía de la calle Cochera, Calvo Sotelo y Primo de Rivera, hasta llegar a la Pontanilla; por la noche de regreso el recorrido era pasar por la Bóveda, calle Estación hasta llegar a la misma puerta del templo.

La comitiva se ampliaba en la Pontanilla, pues allí el espacio era mayor para concentrar a las bestias, mulos, burros y algún caballo que otro. La Virgen ese año iba en un motocarro y ataviada primorosamente con palmeras y claveles rojos, muy rojos.

El que tenía una motillo, la engalanaba para ir con el cortejo, el que tenía un seiscientos, lo llenaba de flores y cintas de colores y la mayoría íbamos a pie acompañando con devoción y jolgorio a la Virgen hasta la playa; pues entonces no había carretas ni mucho menos trajes de flamenca, pero sí que había muchas ganas de pasarlo bien.

Desde la Pontanilla, seguía por la calle Fábrica Nueva, discurría la comitiva hasta enfilar el camino de la playa, polvoriento y muy concurrido. Ya una vez en la charca, comenzaban los festejos: carrera de sacos, cucañas que eran la delicia de pequeños y mayores, travesía a nado del peñón y carrera de cintas a caballo y mulos, pues no había suficientes caballos. La jornada finalizaba con la misa en honor a nuestra querida Patrona “la Virgen del Rosario” y el lanzamiento de cohetes.

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El chiringuito de Azules, el de María y el de Teresa estaban a rebosar y la mayoría llevaban sus meriendas y comida para pasar todo el día. Ramón “el de los Gallos” pregonaba sus ricos cacahuetes y el vino mosto de Albuñol corría generoso de bota en bota.

Con la edad se recuerdan y sobre todo se reviven los hechos más antiguos que los recientes, de ahí que últimamente estén más soliviantados con avalancha de memoria de seres muy queridos y de lugares muy comunes.

Ese año, el excelentísimo ayuntamiento de Salobreña tuvo a bien celebrar una corrida de toros en la plaza portátil instalada en la Fuente de la Raja. Recuerdo como mi hermana Amparo, vestida de amazona y con su sombrero negro y su camisa blanca, pedía las llaves para inaugurar la corrida montada en mi yegua “castaña”. Cómo disfrutamos de la fiesta, el colorido y por encima de todo la participación de todo el pueblo.

José Rodríguez “el Berenjeno” era el matador principal y los novillos se resistían bastante. Grabada tengo en la memoria cuando al caer el quinto novillo, mi tío Modesto Medina, se lanzó al ruedo muy valiente con un papel de periódico y dándole citas al novillo en su hocico, qué valiente.

Siempre hay recuerdos imborrables, aquellos que se agarran fuertemente en tu alma y casi no te dejan respirar, pero sin embargo, nos gusta rescatar; recuerdos que hablan en silencio y que se escuchan en soledad y esto me ha ocurrido a mí hoy recordando la romería del año 1973 y por encima de todo recordando a mi hermana Amparo.

Quiero pregonar a los cuatro vientos que Salobreña está en fiestas en honor a la Virgen del Rosario. Decía el bueno de Antonio Machado… «Si quieres ser Universal, ama tu tierra». Aquella que te vio nacer, donde diste los primeros pasos, donde echaste las primeras raíces.

Yo os invito a todos los salobreñeros a amar esta tierra nuestra, la tierra de nuestros padres, la tierra de nuestros antepasados. ¡Viva la Virgen del Rosario! y ¡Viva Salobreña!

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