Antonio Funes presenta hoy en el ayuntamiento de Granada ‘Al compás del viento’: 50 historias, 50 sueños

En los últimos años, Antonio Funes Delgado (Cáñar, 1952) no cesa en su búsqueda del lenguaje literario. Las vivencias y recuerdos de este maestro de la metáfora rural, como fue catalogado por el profesor Juan Rodríguez Titos, los envuelve en un halo poético, bien en prosa, bien en verso, hasta conformar un libro. Tras ‘Atrapando lejanías’, ‘La mirada del tiempo’ y ‘El cartero del desierto’, ahora es el turno de ‘Al compás del viento’, un libro autoeditado en el que vuelven a estar muy presentes evocaciones y personas de su pueblo natal, su recuerdos en el entorno de la Bibrambla, su pasado laboral como cartero, con Santa Fe, el pueblo donde fijó su residencia tras regresar de Barcelona y todo aquello que considera susceptible de convertir en literatura. Lo presenta esta tarde en el salón de actos del Ayuntamiento de Granada, donde está previsto le acompañe el alcalde, además de Cristóbal Píñar Vico, compañero del seminario y el poeta, Antonio Custodio Rodríguez (19:30 h).

portada2Desde las páginas iniciales se nota que es un libro en el que ha colaborado toda su familia. Así, en las páginas de agradecimiento, indica que Paqui Gómez, su mujer y Mª Ángeles Funes, además de llenar su casa «de amor, flores y labios que besan», han sido quienes han tecleado al ordenador las cincuenta historias de las que se compone el libro, pues hay que decir que a Antonio le encanta escribir a mano tanto sus libros como sus presentaciones, pues tiene «su misterio y magia». También lo hace su hijo Antonio, «su maquetador favorito, talento, corazón y sangre pura». En esta familia, por tanto, sólo faltarían los ilustradores, pero para eso el autor cuenta con amigos a los que pedir, bien la portada -en este caso obra de Manuel Alejandro Rodríguez, que fue presidente de los acuarelistas granadinos, casado con una cañareta-, o Blas Romero y Jesús Romero que le han brindado las bellas ilustraciones del interior por lo que se considera afortunado pues tiene «la inmensa suerte de tropezarse con gente generosa que le regalan arte puro».

«’Al compás del viento’ son cincuenta retratos, cincuenta historias, cincuenta sueños» nos explica este autor que aclara que no son cincuenta sombras como las de Grey. Autor que nos confiesa su preferencia por el relato corto, pues «es una historia contada en tres o cuatro páginas, por lo que su lectura resultará más fácil» que en su caso puede estar influenciado por la etapa en la que escribía la introducción de un programa de radio, lo que le obligaba a escribir sobre cualquier cosa de forma breve. En cuanto a su estilo señala que va por la prosa poética no exenta de ironía y buen humor. De esta forma los lectores se van a encontrar textos relacionados con Cáñar, en especial con personajes que el autor ha conocido y que ha idealizado, reales como su abuelo, el tío Barbas Tristes, la Bicha Jara, o la partera, «figura primordial en pueblos retirados de la ciudad».

También hay otros textos relacionados con Santa Fe, que llevan por título ‘Capitulaciones’ o ‘Wido’ que tiene que ver con su experiencia de ocho años al frente de la Asociación Española Contra el Cáncer de esta localidad. Por supuesto, con su pasado de cartero pues varios de los textos adquieren el formato de carta, eso sí, muy originales pues lo mismo van dirigidas a sí mismo que al mismísimo Dios, junto a otras de una abuela a su nieta o a su ex-pareja. En otros de los relatos se aborda asuntos relacionados con la Guerra Civil o los años previos y posteriores. Por atreverse, lo hace incluso con un relato sobre el alhzéimer protagonizado por el tío Casimiro que ve pasar la vida asomado a su ventana de Bibrambla o con un pícaro monaguillo que en el lavado de pies de un Jueves Santo en la iglesia de Santo Domingo se mete en el confesionario y escucha los pecados de una recién casada. Igualmente dedica un texto a Carlos Cano, a Mariana Pineda y a Sierra Nevada pues se considera pregonero de lo suyo y de lo ajeno.

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