Antonio Luis Gallardo: «Jugar en la calle»

Pues sí, yo crecí en mi pueblo y jugué en la calle hasta la hora de la cena. Ahora, sin embargo, apenas hay niños jugando en la plaza, charlando en los soportales o comiendo pipas en los columpios. Los vecinos han cambiado, no se conocen entre ellos, no hay vínculos… no hay tejido social. Me da mucha pena, porque aquellos años los niños corrían, jugaban a cartas, montaban en bici y se bañaban en grupo en las albercas de su infancia y tenían todo un mundo por recorrer.

Es cierto, los niños de entonces nunca nos aburríamos. Salvo esas tardes de verano, calurosísimas, en que teníamos que esperar a que nos hiciera la digestión y nuestras madres se empeñaban en que nos echáramos la siesta. Recuerdo esas dos horas interminables hasta que podíamos lanzarnos al río o a la mar. Los niños de entonces hemos cambiado las canicas y el trompo por el blog, el twitter, la i-pad y todos esos artilugios que según dicen nos hacen más inteligentes, pero que sin embargo nos hace perder nuestra ingenuidad y libertad.

Yo viví esa época de juegos callejeros de lleno y disfruté como un enano. Jugábamos en el callejón de mi abuela Laura, en toda la calle Cristo y posteriormente en la Pontanilla. Alguna vez que otra subía con mi Primo Pepe Luis al Postigo y volvíamos escalabrados, pero felices y contentos.

Ahora no veo críos jugando al fútbol, ni al escondite, ni al bote, ni a inventarse un juego con el que pasar la tarde, directamente no los veo.

Ahora no veo críos jugando al fútbol, ni al escondite, ni al bote, ni a inventarse un juego con el que pasar la tarde, directamente no los veo. Esa para mí es la peor parte. Hemos conseguido encerrar a nuestros niños en casa y para que no molesten les ponemos la caja tonta encendida o les dejamos hacer con tanto aparato que les compramos adocenando su mente y lo que es peor su espíritu aventurero y descubridor.

La niñez que yo vivía era aquella en la que el tiempo no existía, años de escuela de pueblo, calle, juegos, merienda de pan con chocolate y camaradería, mucha camaradería. Bendita niñez!

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