Antonio Luis García Ruiz: «Paz, alegría y esperanza»

Qué difícil es que una mala noticia, una información perversa o una acción deplorable, pase desapercibida a los medios de comunicación y muy especialmente a la televisión. Una catástrofe, un accidente, un robo, un asesinato, una violación, etc. se suelen repetir en los telediarios durante casi una semana, cuando no, uno o varios meses. Este hecho contribuye inequívocamente a potenciar esa misma noticia, que se quiere denunciar, a ensalzar a unos indignos personajes, que consciente o inconscientemente mucha gente trata de imitar después. Pero, sin embargo, las buenas noticias, los muchos acontecimientos importantes y la enormidad de hechos extraordinarios que ocurren cada día en España y en el resto del mundo, apenas tienen difusión, apenas son recogidos por la televisión e, incluso, la mayoría de ellos pasan completamente desapercibidos.

En las últimas semanas todos los habitantes del planeta, y aún más los españoles, tenemos poderosas razones para la alegría, para estar contentos, para sentirnos mejor, porque hemos recibido una buena noticia: en un país, en un estado, en un lugar de la Tierra, llamado Colombia, ha finalizado la guerra, se han depuesto las armas, se ha conseguido un acuerdo, se “ha pactado la paz”. La firma, entre el gobierno colombiano y las FARC, tuvo lugar el pasado 26 de septiembre, en la ciudad caribeña, colombiana, colonial e histórica de Cartagena de Indias. ¡Bienvenida sea la paz! ¡Qué se extienda por todo el país y se consolide para siempre! ¡Qué pronto llegue también a Siria! ¡Qué se acaben todos los conflictos bélicos del mundo! ¡Qué todos los viajeros que vamos en esta nave azul y espacial, podamos vivir la paz! Felicidades a los colombianos, a su presidente, a los responsables de las FARC y a todos los que han contribuido a lograrla.

Pero frente a las malas experiencias, frente al desengaño o a la desilusión, pongamos esperanza, ofrezcamos otra oportunidad, démosle un penúltimo voto de confianza a nuestros políticos, para que abandonen el sectarismo, retomen el diálogo, pongan un poquito de honradez y hagan unos análisis más rigurosos de los hechos..

El sábado 8 de octubre, el Comité Noruego le otorgaba el Premio Nobel de la Paz (2016) al presidente del gobierno de Colombia, Juan Manuel Santos, por su constante y denodada lucha por la paz, finalmente conseguida. Con ello, el inesperado resultado del Referéndum en el que ganó el no sobre el sí, por un estrecho margen, ha perdido fuerza, y, además, ha supuesto un espaldarazo extraordinario y una fuerte apuesta por la paz en Colombia. Ahora llega el difícil momento de perdonar y olvidar para convivir, y aquí es donde puede encontrarse la mayor dificultad; sobre todo, cuando se tienen familiares que han quedado en el camino, que han perdido la vida, que nunca conocieron la paz. Por ello, tendrán que hacer un sobreesfuerzo de generosidad, resignación y valentía. Pero, a partir de ahora, lo más importante de todo, es que a miles de colombianos les ha llegado la esperanza, van a abandonar la muerte, el sufrimiento, el enfrentamiento, la violencia, el miedo, el odio, la venganza, etc., aunque todavía queda algún grupo guerrillero, ajeno a las FARC. Para que exista una paz duradera y sin reservas, hay que conquistarla primero en el corazón, desearla fuertemente y estar convencido de ella. Cuando se logra la paz, cuando se comprueba la devastación, el sufrimiento y la muerte causados, es cuando mejor se comprende lo absurdo, lo indignante y la sinrazón de la revolución violenta o de la guerra en el siglo XXI.

Esperanza grande también la que hemos recuperado los españoles, tras el denso y tenso debate que se produjo el primer sábado de octubre en el Comité Federal del PSOE en Madrid. Dicha jornada, se ha calificado de esperpento, indignidad, vergüenza, etc. pero lo cierto, es que finalmente se ha impuesto la lógica, el sentido común y la responsabilidad. Porque para esperpentos y pantomimas el discurso vacío y el mono vocablo que nos ha estado repitiendo el señor Pedro Sánchez, diariamente y durante todo lo que llevamos de año, casi paralizando la vida del país, siendo especialmente ridículos los castillos en el aire, que fabricaron entre él y Albert Rivera. Como comenté en otro artículo de IDEAL, la deslealtad con la ciudadanía, con los votantes y con la mayoría de los españoles, hubiese sido una catástrofe, un acto que no hubiésemos podido perdonar.

Pero repito, se ha recobrado la sensatez, se ha pensado en los problemas reales y ha rebrotado la esperanza en que el acuerdo de gobierno para España, sea bueno y llegue pronto.
Como rectificar es de sabios, a tiempo están todos los partidos de hacerlo bien. Los españoles, hace mucho tiempo que somos un pueblo culto, inteligente y maduro, por eso nos molesta tanto que nos tomen el pelo, que nos traten como tontos, torpes o analfabetos. Distinguimos perfectamente quién es quién; quién defiende sus intereses personales, los de su partido o los de España. Pero frente a las malas experiencias, frente al desengaño o a la desilusión, pongamos esperanza, ofrezcamos otra oportunidad, démosle un penúltimo voto de confianza a nuestros políticos, para que abandonen el sectarismo, retomen el diálogo, pongan un poquito de honradez y hagan unos análisis más rigurosos de los hechos.

Publicado en las ediciones de IDEAL de Almería, Jaén y Granada del 25/10/2016

Antonio Luis García Ruiz. Catedrático de EU d ela Universidad de Granada

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