Juan de Dios Villanueva Roa: «La no lectura»

En la semblanza del profesor Juan Santaella aparecida en IDEAL, se concluye con una frase del Quijote: «Sancho, del cimiento de la necedad no se puede asentar ningún discreto edificio», y la consiguiente aseveración del profesor Santaella: “Qué cierto es”. Ello dentro del contexto de la importancia que la lectura tiene para la vida humana. En el más amplio concepto de la palabra ‘vida’. Sin embargo, la lectura es minusvalorada en la sociedad actual.

No hay que irse muy lejos en el tiempo para recordar que solo tenían acceso a ella unos pocos privilegiados, que la mujer siempre fue la principal víctima del analfabetismo, que saber leer es tener la llave del conocimiento y con él del argumentario para el libre pensamiento, para la adopción de posturas propias ante la vida y aconteceres. Es obvio que esto no ha interesado nunca al poder, sobre todo al poder caciquil y dictatorial, al heredado, al que ha pretendido manejar a su antojo a los ciudadanos como súbditos. Cabe recordar las campañas de alfabetización llevadas a cabo en este país antes de la guerra provocada por la insurrección contra el gobierno en 1936, y durante la misma, cuando quienes sabían leer enseñaban en las trincheras a los analfabetos. Les daban un arma más poderosa que los fusiles que llevasen entre las manos.

La falta de lectura está empobreciendo a esta sociedad, y unos pocos están sacando todo el provecho. Ahora que están los medios para que el analfabetismo desaparezca, ahora precisamente la gente ya no quiere leer.

Después, durante muchos años los gobiernos de este país no estuvieron interesados en que la población poseyera esta herramienta. Era una forma de perpetuar a las clases poderosas, aquellas destinadas a ocupar los espacios de privilegio dentro de la sociedad, y de que la fractura social continuase abierta. El analfabetismo es lo más dañino de un pueblo, más que la pobreza, porque asienta la desigualdad entre sus víctimas. Y la mujer fue la víctima principal. Hasta que comenzaron las campañas de alfabetización, durante los años 60, y posteriormente fueron fundamentales como igualación social. Pero ahora da la sensación de que la propia sociedad se ha relajado, de que leer es una inconsecuencia, de que el tiempo hay que invertirlo en una comunicación que no precise de un esfuerzo de codificar el pensamiento, solo pequeñas respuestas, generalmente con dibujos, muchos vídeos en Red, frases simples, pulsar un botón, sin esfuerzo. Lo dicen las estadísticas: la gente cada vez bichea más por las redes pero escribe menos. Las imágenes (que dicen que valen más que mil palabras) están ganando la batalla, y todo aquello que lleve más de cien palabras ya no es leído. No hay tiempo, hay mil emoticonos que ver.

La falta de lectura está empobreciendo a esta sociedad, y unos pocos están sacando todo el provecho. Ahora que están los medios para que el analfabetismo desaparezca, ahora precisamente la gente ya no quiere leer. Lo más lamentable tal vez sea que aquellos llamados a enseñar este prodigio humano a los demás tampoco ejerzan esta virtud, que lo es por todo lo que da sin pedir a cambio más que el tiempo preciso para enriquecer el espíritu.

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