Ana Rosillo presenta en la Biblioteca de Andalucía su poemario, ‘No te dejaré con la miel en los labios’

El Centro Andaluz de las Letras, en colaboración con la Editorial Dauro, tiene prevista la presentación del libro ‘No te dejaré con la miel en los labios’ de Ana Rosillo Martínez (Puebla de don Fadrique, 1969). El acto que tendrá lugar el jueves, 3 de noviembre, a las 20 horas, en el Aula 1 de la Biblioteca de Andalucía, será presentado por el escritor y periodista, además de prologuista de la obra, César Requesens, junto con María José Bonilla, directora general de este sello editorial. La nota musical del acto la pondrá, con la voz y la guitarra, el músico Antonio Álvarez.

Este poemario que Ana Rosillo califica de «sueño cumplido» tras tener a sus dos hijos, David y Elvira, y haber plantado un árbol, lleva por portada una fotografía de su hermano Ismael titulada ‘Primavera nevada en Puebla de Don Fadrique’ en la que se ve un paisaje de su pueblo natal tomada desde un trozo de terreno que era de su abuelo, pasó a su padre y ahora pertenece a ella. Sensible, meliflua y «artesana de la palabra» esta autora cuenta con un blog ‘Pergaminos en la red‘ en el que da rienda suelta a su pasión por la escritura. «Mi amor por la lectura me lo ha transmitido mi padre, fallecido hará dos años en enero. También me marcó bastante un profesor de 5º de EGB, Tomás Aledo que trajo una imprenta de Freinet con la que hacíamos una revista, ‘Tinta y papel de 5º A’, donde yo escribía con 11 ó 12 años, en una época en la que ya leía a Edgar Allan Poe y las ‘Leyendas’ de Bécquer, que nos apasionaba en esa edad», comenta de sus orígenes literarios. Lecturas a las que siguieron Alberti, Bécquer, Lorca y «escuchando a mi padre recitar a Espronceda, Fernández de Moratín y romances de trovadores y juglares».

Ana Rosillo, autora de 'No te dejaré con la miel en los labios' (Oro Libro) 31/10/2016 FOTO: ANTONIO ARENAS
Ana Rosillo, autora de ‘No te dejaré con la miel en los labios’ (Oro Libro) /A. ARENAS

Su primer poemario recoge 47 poemas que ha escrito en la última década, concretamente el más antiguo se titula ‘Mi espejo’, dedicado a su madre, escrito en 2006, y el más reciente ‘El mar nunca quiso ser cómplice’. Prologado por César Requesens del que reconoce «me ha enseñado mucho en los talleres de escritura de la Casa de Porras, aunque he leído mucho y siempre quise ser autodidacta». También en las tertulias literarias posteriores junto con «un grupo excepcional» que se reunía en la Taberna del Beso, de las que guarda muy buenos recuerdos. Requesens indica que este poemario «está cargado a partes iguales de emoción, conocimiento y labor paciente de orfebre de las letras». Para la autora esta obra es «una vuelta a la adolescencia, influida por la llegada a los 40 y por tener hijos adolescentes que me han hecho pensar en el amor y el desamor». Así mismo, está muy presente Granada, una ciudad que le fascina e inspira. Igualmente hay poemas dedicados al adiós, a los cambios de estaciones, incluso algunos comprometidos con los tiempos que nos ha tocado vivir como el ‘Soneto al desencanto’, o el poema ‘El mar nunca quiso ser cómplice’, junto a otros poemas dirigidos al pueblo que le vio nacer, o al mismísimo Enrique Morente, surgido en la tarde en la que se encontró con la comitiva que participaba en el sepelio del maestro.

Su pasión por la musicalidad del verso queda patente en ‘No te enamores de mí’, así como en ‘La ciudad quedó vacía sin ti’, poema escrito en plena canícula de agosto. Reconoce esta autora que fue finalista en el XVI concurso de narraciones Breves de IDEAL con el relato ‘Testigo de relevos’ que el título de su poemario es una manera de incitar al lector, en una época en la que solo un 28,6 por ciento de los españoles asegura leer a diario. Por su parte, completa que sus lecturas juveniles han encontrado continuidad con los clásicos, como Safo de Mitelene, las poetas románticas, como Carolina Coronado, la granadina Elena Martín Vivaldi, y más recientemente en Javier Egea, Luis García Montero, Juan Carlos Friebe, José Carlos Rosales, Marga Blanca, Teresa Gómez o Gracia Morales. Afirma que «todos los poetas tenemos nuestras musas y númenes, pero cualquier situación especial, me ha motivado a iniciar un poema, y no solamente lo vivido por mí, también me he puesto en la piel de otras personas».

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