Vehículos singulares, 83: José Martín Iáñez y su VeloSolex de 1953

La protagonista de esta historia la encontramos en la exposición ‘Motos en el trabajo’ celebrada en el Ayuntamiento de Quéntar, a finales de agosto y primeros días de septiembre. Esta muestra, ideada por David ‘Boliche’, nos brindó la oportunidad de verla en el patio central del consistorio rodeada de otras motos asociadas a diversos oficios. En el caso de la VeloSolex, sobre el sillín se había colocado una gorra de cartero y en el portaequipajes las típicas carteras de cuero auténtico utilizados por los empleados de Correos hasta la llegada de los carritos amarillos y azules. Allí supimos que era propiedad de los hermanos Paco y Pepe Martín Iáñez, de Pinos Genil, a los que tuvimos la oportunidad de conocer con más detalle en las dos visitas realizadas a su finca del ‘Blanqueo’, situada a escasa distancia de Pinos Genil, donde les gusta ‘perderse’ cada vez que puede y su trabajo de gasolineros se lo permite.

Pepe Martín nació hace 55 años en Camino Ronda. Con 14 años dejó los estudios, pues su hermano que ya trabajaba de gasolinero le buscó empleo en la estación de servicio de la carretera de Málaga, también estuvo un tiempo de mecánico con Manolo ‘El Largo’ y trabajó de mozo con ‘Los Quintos’, hasta que volvió a trabajar de gasolinero. Cuenta que eran tres hermanos pero uno falleció en un accidente de tráfico con 23 años. Su hermano Paco le ha inculcado el interés por los coches y motos clásicas. «Él es el ingeniero y yo el mecánico», aclara con el buen humor que les caracteriza antes de añadir que «lo que hay en la casa es de todos», en referencia a los distintos vehículos que poco a poco ha ido reuniendo, a saber, tres Vespas, una Isocarro, una Neper con sidecar, dos Guzzi, una Sanglas y la Velosolex, estas dos últimas fueron las ‘culpables’ de que nos conociéramos.

José Martín Iáñez y su Velosolex de 1953 en Pinos Genil 03/10/2016 FOTO: ANTONIO ARENAS

Reconoce que de la VeloSolex más que nada le gustó por estar fabricada en Eibar según demuestra con la documentación. Fue Paco quien en un viaje a Parets del Vallés (Barcelona) con un camión para hacerle una cuña a un telecabina descubrió esta VeloSolex que decidió comprar para traérsela en el camión. «Estaba nueva y pagué por ella 11.500 pesetas», explica. Esta bicicleta con motor que también fue muy utilizada en su tiempo por los practicantes lleva un motor, consistente en una polea y un rulo que engancha la rueda directamente «por lo que se come las cubiertas con mucha facilidad». Cuando han necesitado algún recambio afirman que no ha habido problema pues en Alcalá de Guadaira hay un particular que tiene muchas cosas de VeloSolex. Así mismo, indica que la original no traía retrovisor y que le hubiese gustado poner uno cromado, cosa que no descarta.

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José Martín Iáñez y su Velosolex de 1953 en Pinos Genil 03/10/2016 FOTO: ANTONIO ARENAS

«El viaje más largo que he hecho ha sido de Pinos Genil a La Zubia. He tardado menos de 20 minutos pues puede llegar a alcanzar los 40 km/h» explica quien el recorrido más habitual que realiza con ella es desde el ‘Blanqueo’ a Pinos Genil o a Cenes. También que una vez que esta andando le va dando gas de forma manual y en las cuestas arriba hay que ayudarle un poco con los pedales». «Por Granada no he visto Velosolex. En los años que llevo de gasolinero tampoco he visto». Antes de despedirnos hablamos de Estrella, la nieta de Paco, que parece haber heredado la pasión por las motos y a la que le encanta el enduro. «Corre con las motos desde los cinco años, -ahora tiene 8-, tiene una moto KTM 65, por la que fuimos a Valencia y ya ha participado con ella en cuatro campeonatos, pero tiene que aplicarse más en los estudios».

VeloSolex Orbea, la bicicleta que rueda sola

Con este eslogan precedido de la frase ‘Llega a España después de triunfar en el extranjero’ se anunciaba en los años 60 esta bicicleta con motor en los carteles publicitarios y cuñas radiofónicas. Renglón seguido se indicaba que se trataba de «una marca francesa de prestigio internacional». En efecto fueron dos franceses, Maurice Goudard y Marcel Mennensson, quienes en 1941 tuvieron la idea de incorporar sobre la rueda delantera de una bicicleta, un pequeño motor de dos tiempos de 38cc, que transmitiendo la potencia directamente al neumático por fricción, dio como resultado la VeloSolex. No obstante, habría que esperar hasta 1946 para que estuviese a la venta, consiguiendo, eso sí un «éxito arrollador» pues se llegaron a comercializar hasta 1981, más de cinco millones de unidades, abriéndose fábricas en Gran Bretaña, Alemania, EE.UU, Japón y en España, de la mano de Orbea. Las primeras VeloSolex podían alcanzar una velocidad de aproximadamente 25 km/h, con un consumo de un litro de gasolina cada 100 km. La versión de la Velosolex de los hermanos Martín es de 49,9 cc, viene a pesar unos 28,6 kilogramos y puede alcanzar una velocidad de 35-40 km/h.

Próxima entrega: Ángel Martínez y su Morris Minor de 1954

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