Antonio Luis García Ruiz: Marta del Castillo y otros desaparecidos: sufrimiento, indignación y esperpento

Antes que nada, quiero manifestar la pena y la irritación que siento cada vez que oigo hablar en televisión de la muerte de Marta del Castillo, hace ya más de ocho años. Lo mismo me ocurre cuando veo la mágica foto de ese niño – que lo era – de mirada limpia, alegre, feliz y sonriente, llamado Yéremi Vargas; también desaparecido en Canarias, hace diez años. Contemplar la foto de Yéremi, observar la sonrisa espontánea de cualquier niño, descubrir el significado de sus miradas, es algo extraordinario, fantástico; una de las imágenes más hermosas de la naturaleza. Comparto el pensamiento de Jacinto Benavente, cuando dice que “en cada niño nace la humanidad”. Por eso en la natalidad, en la infancia y en la buena educación y protección de niños, adolescentes y jóvenes, es donde está el futuro material y moral de cualquier país, de toda la humanidad.

Afortunadamente no soy el único preocupado por ello, sino que es mucha la gente, muchísimas las personas, que comparten el sufrimiento de padres, madres y familiares de estos y de otros fallecidos o desaparecidos. Eso sí, lo hacen en silencio, indignados, impotentes y abochornados cada vez que la Administración de Justicia nos ofrece un nuevo espectáculo, como el que hemos visto hace unas semanas en Sevilla, en el río Guadalquivir, incluso hasta con la intervención del ejército, para buscar torpemente el cuerpo de Marta, cuando los culpables saben perfectamente dónde está. Ello no quita mi reconocimiento a los cuerpos de seguridad del Estado, a jueces, fiscales, organizaciones solidarias y también a este periódico IDEAL, por su Premio a la labor de búsqueda de desaparecidos.

Son incontables las desapariciones y las muertes injustificables y deplorables que han dejado y siguen dejando huella en la conciencia colectiva de los españoles, en infinidad de conciudadanos con corazón. Cristina Bergua, desaparecida en Cornellá hace diecinueve años, es uno de los casos más lejanos y sentidos; Paco Molina y Diana Quer son otros casos semejantes, pero más recientes. La muerte de las chicas de Alcácer, fue otro hecho luctuoso que aún no hemos podido olvidar, y qué decir de Mari Luz Cortés, de Miguel Ángel Blanco o de granadinos como Conrada Muñoz, Domingo Puente, Beatriz Collado, Luís Portero – ese extraordinario fiscal y vecino honorable de nuestra ciudad de Granada, asesinado por ETA – y de tantos otros inexplicables e incomprensibles, pero imposible de citar aquí.

La vida es lo más importante, lo más maravilloso y lo más valiosoque poseemos todos los seres humanos.

La vida es lo más importante, lo más maravilloso y lo más valioso que poseemos todos los seres humanos, y, por tanto, actuar contra ella, quitar la vida a otra persona, es el peor de los delitos existentes. Quien comete dicho acto, no puede quedar impune y mucho menos mofarse de los familiares, como ocurre con Marta, con muchas víctimas del terrorismo y posiblemente con los de Yéremi. Atentar contra la vida, también equivale a atentar contra la razón; la teoría vitalista de Ortega sostiene que la razón está vinculada a la vida, es inseparable de ella, porque tanto la naturaleza como el intelecto, son revitalizados por la única realidad radical: la vida humana.

La muerte de Marta del Castillo, sin hacer comparaciones improcedentes, hemos de reconocer que tiene una connotación muy diferente: identificar a los culpables y que éstos no digan dónde está el cadáver, no tiene ninguna justificación. Qué triste debe ser vivir cada día y cada noche, sin saber dónde está el cuerpo de tu hija; pero no por imposibilidad física, material o humana, sino simplemente por el juego vil de unos niñatos consentidos y perversos, pero que viven en un país, donde el individuo está por encima de la sociedad, donde cada vez merman más los derechos sociales, pero aumentan todos los individuales, incluido el de matar a otra persona y esconder el cadáver para no poder ser condenado por ello. Todos los implicados están en libertad, excepto Miguel Carcaño, autor confeso de su muerte que, con esta trampa, pronto estará en la calle.

También se están burlando de jueces, fiscales, abogados, policías, del ejército, del propio estado y de todos los ciudadanos de España ¡Qué abuso tan tremendo! ¡Cuánto dolor y sufrimiento! ¡Qué indignación! ¡Qué esperpento de justicia! Pero las leyes las hacen los políticos, y más concretamente los que han gobernado o gobiernan en España desde hace tiempo. ¿Qué dicen los demás partidos? Nada. A los agitadores trasnochados, les interesan antes las ideas que las personas, y a todos lo que verdaderamente les preocupa es su imagen personal y la del partido. Rajoy ha dicho que en España nadie está por encima de la Ley, pero estos niñatos caprichosos, sí que están por encima de ella, y si no lo están – y salvando la Constitución – vaya una birria de leyes que tenemos.

Toda mi comprensión y solidaridad con las familias de Marta del Castillo, de Yéremi Vargas y de todos los familiares de muertos y desaparecidos en circunstancias semejantes. El recuerdo de su pérdida, ha de convertirse en fortaleza y no en tristeza para ellos. Son un magnífico ejemplo de amor auténtico, de coraje, de dignidad, de fortaleza y de resistencia, que nos animan a los demás a seguir luchando.

ANTONIO LUIS GARCÍA RUIZ. CATEDRÁTICO DE EU DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA

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