Vehículos singulares, 102: J. L. Fernández y el Seat 1400 B Especial de 1959

A algunos les puede parecer un batiburrillo, pero les podemos decir que la alternancia de marcas, modelos, vehículos de 2 y 4 ruedas es premeditada. Si partimos de la creencia de que en la variedad está el gusto, desde el origen de esta serie de reportajes que hace dos semanas celebrábamos los 100 primeros, siempre hemos pretendido que sea del agrado del mayor número de seguidores. También hemos buscado que las marcas de vehículos fabricados en nuestro país tengan un protagonismo especial, como especial es el que traemos en esta ocasión. Se trata del Seat 1400 B Especial que podemos ver circulando por las calles de Granada, conducido bien por J.L. Fernández, bien por Diego Zambrano. Según hemos podido averiguar los SEAT 1400 se fabricaron bajo licencia Fiat entre 1953 y 1964 siendo el primer vehículo ensamblado por la marca en Barcelona, en cuya producción participó la mayor parte de la plantilla de la antigua Hispano Suiza recolocada en la nueva SEAT.

Los entendidos de más edad recordarán que este modelo era idéntico al Fiat 1400/1900 (tipo 101) de 1950. En su efímero periodo de fabricación, que no superó la década, salieron de la factoría SEAT hasta cuatro versiones, a saber, 1400, 1400 A, 1400 B, y 1400 C. En concreto, el SEAT 1400 B apareció en diciembre del año 1956 en tanto con el 1400 B Especial lo haría a partir de 1958, que se convertiría en la última variante de este modelo cuya principal novedad fue el incremento de potencia pues alcanzaría los 58 CV con los que puede llegar a los 135 Km/h. De 1956 a 1959, se fabricaron 17.053 unidades del 1400 B y el 1400 B Especial. Uno de ellos vino a parar a manos de la familia de Diego Zambrano que lo suele compartir con J.L. Fernández cuando acuden a concentraciones o participan en rutas y salidas. «Es una joya por el que parece no han pasado los años», afirman de entrada en referencia a este vehículo que nos ha llevado desde Granada al puente de los Vados. «Cariñosamente le decían cintilla», añade al haberse adaptado el cuadro de instrumentos del salpicadero para incluir el velocímetro de cinta horizontal, por lo que le valió el sobrenombre popular de ‘Mercurio’, por el parecido con la barra de lectura de los termómetros.

JL Fernández y Diego Zambrano, junto al Seat 1400 B Especial en el Paseo del Salón FOTO: ANTONIO ARENAS

J.L. Fernández, además de ser «mecánico de cabecera» de Diego, es su inseparable compañero de salidas a rutas y concentraciones, donde es habitual encontrarles como es el caso del Fargue que se celebra los últimos domingos de mes, o en la de Albolote, Clasicoche,… Diego nos cuenta que su bisabuelo lo «compró en 1959 porque a mi bisabuela le encantó». Así mismo, explica que contaba con chófer para dar paseos y que la preferencia por él era tan clara que «pidió que a su fallecimiento la llevasen al cementerio montada en su coche», petición que al parecer no pudo ser cumplida. Por su parte J.L. nos explica que conoce a Diego desde que siendo niños coincidían durante el verano en el Puntal. Después perdieron el contacto hasta que con 18 años volvieron a encontrarse. J.L. es un mecánico autodidacta que siempre ha estado en talleres, principalmente en el de José Aguilar, de la Chana, que ahora está en Maracena.

Detalle del salpicadero con el cuentakilómetros de cintilla/ ANTONIO ARENAS

Un ‘Cintilla’ con las ruedas originales

La verdad es que su carrocería tipo ‘Pontón’ con líneas redondeadas, inspiradas en las de los automóviles americanos de la época hace que su aspecto sea precioso incrementado por su llamativo faro antiniebla central. Su propietario nos cuenta que tras dos décadas guardado ha vuelto a funcionar perfectamente. Para ello ha sido suficiente echarle gasolina, cambiarle el aceite y bujías, e inflarle las ruedas de banda blanca que ¡ojo son las originales! En el salpicadero también conserva su aparato de radio, su marcador cintilla «que con la velocidad se va moviendo como si fuera un termómetro» y su marcador para el nivel gasolina, electricidad y presión del aceite. Otra cosa llamativa es la finura del volante que lleva incorporada la palanca de cambios. Las únicas adaptaciones que realizadas ha sido la colación de los cinturones de seguridad y espejo retrovisor. Según indica lo primero que tuvo que arreglarle J.L. fue el tubo escape que se le partió, luego un manguito en carretera y alguna que otra puesta a punto.

Próxima entrega: Alfonso Quesada García y su Panhard Dyna de 1952

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