Antonio Luis García Ruiz: «Ganar Granada entre todos y para el bien de todos»

Qué suerte la nuestra, qué afortunados somos todos los que vivimos en Granada, qué envidia sana nos tienen los amigos y conocidos de fuera, cuánta nostalgia sienten los granadinos que se han tenido que marchar de Granada, qué ciudad tan hermosa ̶la más bonita de España, según encuesta reciente- qué situación tan privilegiada ̶en el corazón de las cordilleras Béticas, decía don Joaquín Bosque, qué emplazamiento tan acertado, qué historia tan enriquecedora, qué patrimonio tan representativo y variado.

Cuánta cultura, cuánto paisaje, cuánta tradición, cuánta belleza; cuánta creatividad, cuánta imaginación, cuántos recursos, cuánta riqueza, cuántos artistas, cuánta gente grande. Todos sabemos que hay muchas ciudades con un enorme patrimonio histórico-artístico; también son aún más las ciudades costeras, de clima benigno y muy apto para el turismo. Igualmente sabemos que existen otras terceras con estaciones de invierno y esquí. Pero son muy pocas las ciudades del mundo, que tienen a su alcance las tres cosas: patrimonio, playa y montaña, como ocurre en nuestra ciudad de Granada. Todo ello aparte de su potencial agrario, comercial, sanitario, universitario, etc.

Pero siendo ciertas estas consideraciones, no es menos cierto el escaso o nulo apoyo institucional que Granada y los granadinos venimos padeciendo desde hace bastante tiempo. Es complejo este asunto, pero a la luz de algunas fuentes, el grave abandono se inicia en el segundo periodo franquista, tras el plan de estabilización de 1959 y la entrada en crisis el modelo agrario tradicional, para ser sustituido por el productivista. Hablamos de los años sesenta, cuando comienza la diáspora migratoria granadina, que se extendió básicamente desde 1961 hasta 1981, siendo el año 1963 el de máxima emigración: más de veinte y un mil granadinos, salieron de nuestra provincia. Esta sangría demográfica, supuso una cuantiosa desaparición de mano de obra, y consecuentemente de riqueza y prosperidad económica para Granada y su provincia. Tampoco supimos aprovechar las remesas monetarias que nuestros emigrantes enviaban cada mes a sus familiares, porque dicho dinero los bancos lo invirtieron en otras regiones de España. Es en esta época, cuando los políticos granadinos, dejaron mucho que desear, despreocupándose del desarrollo y de los problemas de Granada. Entonces Gallego Burín, ya no era alcalde. Algo parecido ocurrió en la época de la Transición con los políticos de UCD, y posteriormente con los del PSOE, que, desde los primeros momentos, sometieron a Granada a los intereses políticos de Sevilla.

Actualmente -aunque la situación no es comparable- los gobiernos, las instituciones y nuestros representantes, siguen siendo complacientes con sus jefes de Madrid o Sevilla y no ha variado su actitud en nuestra defensa. Así Granada, hoy como ayer, sigue ocupando los últimos puestos del ranking de renta per cápita de España y los primeros en el paro. En el Ayuntamiento, nuestros ediles parecen más preocupados por sus situaciones particulares y sus partidos, que por Granada y los granadinos. El reciente consenso, ha sido más forzado que deseado. La Diputación, sigue instalada en su comodidad, y parece que sólo pretende salir del paso, con cierta dignidad. La Universidad continúa ensimismada y ajena a la vida y al devenir de nuestra ciudad. De la Junta y del Gobierno Central, mejor no hablar; no conocen, no saben, no contestan, etc. el metro, el tren y las reivindicaciones de los granadinos, les suenan a música celestial. Me dejaron helado las declaraciones de seis de nuestros primeros representantes políticos, recogidas por IDEAL el pasado día 27 y referidas al desplazamiento de Secciones del TSJA fuera de Granada. Con manifestaciones tan tibias como éstas, mañana nos lo quitan todo.

La ciudadanía granadina está dolida y tomando conciencia de ello; basta con ver los artículos, las columnas y las cartas al director de este periódico.

La ciudadanía granadina está dolida y tomando conciencia de ello; basta con ver los artículos, las columnas y las cartas al director de este periódico. El pasado sábado, voy paseando por la calle y me encuentro con Antonio Alaminos hablando con un grupo de conocidos, tan granadinos e inquietos como él; su tema de conversación, se lo pueden imaginar: los agravios comparativos de Granada. Suelo comentar con mis familiares, amigos, compañeros, etc. que soy una persona poco exigente: me conformaría sólo con unas gotitas de honradez y de honestidad por parte de la gente. Pero en el tema que nos ocupa, en la situación actual de Granada, más que unas gotitas, necesitamos un chorreón de rebelión, de rebeldía, de beligerancia y de lucha contra tanto descaro, tanto paro, tanta manipulación, tanta marginación, tanta corrupción y tan poca vergüenza. Hay que limitar los mandatos a dos, como máximo, en todas las instituciones, hay que saber dimitir, hay que dejar paso a los demás, hay que limpiar la era, trabajar para la ciudadanía, acabar con la hipocresía y mandar a casa a toda la pillería.

Pero esto no lo van hacer ellos; los políticos jóvenes y mayores, están demostrando su falta de interés y su incapacidad para trabajar por Granada, para resolver problemas reales, para regenerar la vida pública y despertar ilusión entre la ciudadanía. Las críticas les resbalan, y pese al desprestigio, no han dado un solo paso para cambiar nada. Por ello, somos los ciudadanos, todos los granadinos y granadinas, los que tenemos que unirnos y movilizarnos. El doctor Candel y las manifestaciones por los dos hospitales, han demostrado que podemos lograrlo. Granada está dejando de ser una ciudad pasiva, para convertirse en una ciudad reivindicativa. El primer paso inequívoco, ha de ser desterrar el pesimismo, elevar nuestra autoestima como granadinos, estar orgullosos de lo que somos y tenemos, tomar conciencia de ello, crear sinergias, confiar en nuestra capacidad para conseguir metas, no darnos nunca por vencidos, no bajar la guardia y ser solidarios con Granada. Tenemos que ganar Granada entre todos y para el bien de todos.

Antonio Luis García Ruiz
Catedrático de EU de la Universidad de Granada

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