Antonio Luis Gallardo: «La Juanita»

Ya he contado en alguna ocasión, los recuerdos que me traen ciertos veranos cuando pasábamos semanas e incluso meses en el cortijo que mi tío Pepe Manzano tenía en el Pelaíllo, allí en la playa de Poniente de Motril. Veranos cálidos, tediosos, solo rotos por el croar de las ranas en las charcas, los juegos con los galápagos y la llegada de La Juanita. Siempre que se acercaba al cortijo se le oía llegar desde lejos con su canto vahído y triste de amores imposibles.

Cada verano, siempre se oía el rumor de que La Juanita había muerto atropellada por un coche en la carretera de la Celulosa o que la habían encontrado en los tubos de hormigón de la playa, pero, ella siempre aparecía con su gorro de croché, camiseta corta que dejaba ver el ombligo y chanclas muy gastadas que no tapaban sus pies sucios y mugrientos. También llevaba siempre pantalones cortos y raídos, que no se sabía nunca de qué color eran y eso sí, un hermoso clavel no se sabe bien cómo agarrado a ese pelo sucio y grasiento, que los vecinos se mofaban y decían que algún día le agarraría en la cabeza.

La Juanita, gustaba mucho de venir por todas estas chozas y cortijos marengos, pues contaba que en Motril ciudad, los niños no la dejaban ni a sol ni a sombra, de ahí que agradeciera un buen vaso de vino y una buena charla.

Su existencia se apagó para siempre en la residencia ‘Fuente de la Salud’ de Padul, donde IDEAL la localizó hace algo más de un año y donde el personaje popular más famoso de la historia de Motril languidecía, envuelto en mimos y cuidados, a sus más de ochenta años.

Hace poco leí una nota a pie de foto publicada en IDEAL en el año 2010, que decía «‘La Juanita’ no vendrá canturreando por la carretera de la Celulosa». Su existencia se apagó para siempre en la residencia ‘Fuente de la Salud’ de Padul, donde IDEAL la localizó hace algo más de un año y donde el personaje popular más famoso de la historia de Motril languidecía, envuelto en mimos y cuidados, a sus más de ochenta años. Allí llegó en condiciones penosas el 9 de diciembre del año 2003. Fue atendida como un caso de auténtica urgencia social, tras ser encontrada en un estado de abandono lamentable e inhumano.

Mi recuerdo de niño es de asombro total, pues la persona estaba por encima del personaje y La Juanita siempre me causó ternura y cariño, respeto hacia los demás cosa que ella no recibía, pues siempre era blanco de mofas y golpes. Aquellas horas que pasaba en el cortijo para mi eran clases magistrales de vida, de sufrimiento y por qué no decirlo, de supervivencia. Al recordarla en estos momentos, quisiera rendir un pequeño homenaje a Juan Maldonado Alabarce, ese era su verdadero nombre, por tantos y tantos momentos buenos que me hizo pasar en aquellos veranos calurosos y llenos de aburrimiento. ¡Descansa en paz, Juan!

P.D.- La foto es de José Fernández Valdivieso.

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