Vehículos singulares, 111: Isabel Román Valdivieso y su Citroën AMF Break de 1968

Como es habitual en este mundillo de los coches antiguos y clásicos, generalmente los aficionados no se conforman con uno. Otro hecho constatado es que, con frecuencia, la pasión por los vehículos se contagia entre marido y mujer. Este es el caso del bastetano Rosendo Sánchez Martínez que cuenta con una pequeña colección y de su mujer Isabel Román Valdivieso, carniceros de profesión y amantes de los coches clásicos, por devoción, que suelen compartir salidas con otras parejas e integrantes del Club de Automóviles Clásico del Altiplano ‘Villa de Caniles’. Si hace un par de años, Rosendo nos mostraba el Monaquatre de 1933, en la antigua estación de Caniles, ahora hace otro tanto con un coche el que tiene una especial debilidad, el Citroën AMF Break de 1968, pues perteneció a su padre. Junto a estos dos modelos también posee un 4:4 de 1952, un Simca 1000 de 1966, una camioneta Citroën C 4 de 1933, un Land Rover de 1966, un Spider del 69 y un Tiburón DS Palas 21, que suele utilizar en las salidas invernales pues tiene una buena calefacción y casi 30 motos, sobre todo Montessas, Ducattis, Guzzi, varias Vespas y una bicicleta BH, que también perteneció a su padre.

Isabel Román Valdivieso nos cuenta que lleva casi cuarenta años -37 si queremos ser exactos- trabajando en la carnicería y charcutería Roisa, que ambos poseen en el número 1 de la calle Puerta Lorca de Baza. También lo duro que fueron los primeros años pues mataban hasta 15 marranos y estaba ella sola al frente del negocio. Respecto a la afición de su marido afirma que le cuesta su buen dinero y que suele acompañarle en todas las salidas a las que les gusta acudir con diferentes coches. De la colección, sus preferidos son el Citroën y el Spider descapotable. Tienen tres hijos, dos varones y una hija, que «han estudiado sus buenas carreras, le gustan los cacharros, pero ninguno tiene tanta afición como el padre».

Salpicadero del Citroën AMF Break de Isabel Román Valdivieso FOTO: A. ARENAS

A ello añade que al Citroën, «le tengo un cariño especial pues perteneció al padre de mi marido. Lo compró en 1970, tras llevar dos años circulando. Estaba prácticamente nuevo y fue el primer coche que entró en su casa». Por su parte, Rosendo explica que le sirvió para aprender a conducir cuando tenía unos 17 años y que para él «era un cochazo de los que en Baza había muy pocos». También que los domingos, «le rezaba a mi padre para que me lo dejara para poder ir a ver a la novia». Reconoce que para ponerlo en circulación tuvo que «darle un buen repasillo» pues su padre trabajaba mucho con él en el campo y lo cargaba con la aceituna. En cualquier caso considera que «son los mejores dineros que me he gastado». En concreto, tuvo que reparar motor, los amortiguadores, asientos y pintura.

Según hemos podido saber estos Citroën también conocidos como Citroën Ami 6 y los Ami 8 cuentan con un motor bóxer de dos cilindros opuestos horizontales, refrigerados por aire, con una capacidad de 602 cc (74 mm x 70 mm), de 4 tiempos y con culatas hemisféricas, camisas intercambiables y válvulas a la cabeza (dos por cilindro), situando su potencia de motor en 35 CV a 5750 rpm lo que le permite desarrollar una velocidad punta de 123 km/h. En cuanto a la caja de cambios es de cuatro velocidades hacia adelante, sincronizadas, más una hacia atrás. En cuanto a consumo, Rosendo presume que «gasta menos que una moto». También que le gusta que en las curvas se vuelque y que lo coge casi todos los días para acercarse a su casa de campo.

Dos anécdotas con el «boca pato»

Frontal del vehículo/A. ARENAS

Isabel y Rosendo nos cuenta de su flamante y cincuentón Citroën AMF Break que por su aspecto este modelo se conoce como «boca pato» de los que en Baza se han podido ver circulando otros dos o tres. En cuanto a anécdotas nos cuentan que en una ocasión mientras tuvieron averiado el 4L lo utilizaron para acercar a su carnicería cinco medias canales de cerdo desde el matadero tapados con un hule, «hoy esto no se podría hacer». También cómo en una ocasión le pegó «un golpecillo», por lo que lo llevó a un chapista para que no se enterara su padre y mira por donde al mes más o menos se encontraron y el mecánico le contó todos los detalles de lo preocupado que estaba cuando se lo llevó. Por esa época, también recuerda que su padre iba con él a Alcoy a ver a su hermana y que «las cuestas arriba se venía abajo». Entre los años 1961 y 1969 (años de venta del Ami 6 original) se estiman unas ventas totales de 1.039.000 unidades.

Próxima entrega: Manuel Juan García y su Seat 600 de 1973

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