Antonio Bolívar: «Del dicho al hecho: entre lo legislado y lo realizado hay un trecho»

En muchas ocasiones, ingenuamente, creemos que la legislación y normativa oficial cambia (o, al menos, condiciona) la realidad. Pero, a menudo, los hechos muestran que en la práctica no sucede así. Media toda una tradición o “cultura escolar” que imposibilita dicha traslación mecánicamente. La “nueva” historia de la educación ha documentado, cómo los discursos políticos y reformas se siguen uno tras otro, mientras que la fundamental “gramática escolar” ha solido permanecer inmutable. Vamos a ejemplificarlo con tres casos recientes de la última ley educativa (LOMCE).

Centralización del currículum. Todos hemos declarado que la LOMCE significaba una vuelta a centralizar y homogeneizar el currículum, controlando lo que se enseña en toda España. Así hemos criticado que, con los “estándares de aprendizaje evaluables”, ningún currículo hasta ahora había llegado a semejante extremos de dirigismo y concreción. Sin embargo, en la práctica lo que ha sucedido ha sido lo contrario: jamás ha existido mayor descentralización en el currículum entre las distintas Comunidades Autónomas. Al situar en un 50 % los contenidos mínimos en las asignaturas troncales, ha provocado una diversidad y variaciones como nunca. Por otro, dado que las materias no están secuenciadas por curso, en una Comunidad Autónoma se puede estudiar en 2º de ESO unas materias y en otra, otras distintas. El presidente de ANELE (Asociación Nacional de Libros de Texto y materiales de Enseñanza), al presentar los datos de este curso, ha declarado recientemente: “Hay más diversidad curricular y fragmentación que nunca. Nunca ha habido tanto en materias de aparente neutralidad como Matemáticas, hasta 19 libros de texto distintos en toda España, y 25 diferentes en Ciencias Sociales” (El País, 08/09/2017). A esto se suma, la diferencia en carga horaria en las distintas materias entre unas Comunidades y otras, al poderle otorgar un número de horas semanales diferenciado.

Una tradición secular de hacer reformas educativas en España es confundir la propia producción normativa con los cambios reales, creyendo que se cambia la práctica en función del Boletín Oficial.

La dirección de los centros. Hemos mantenido que la LOMCE supone cambiar el modelo de dirección para dar primacía en su nombramiento a la Administración educativa. Así lo determina la LOMCE (art. 71) y posteriormente el Real Decreto 849/2014. Pues bien, no ha sucedido así en la práctica. En la regulación que ha hecho Castilla-León, la mayoría de la Comisión la tienen representantes del respectivo Centro, “dándole la vuelta” a la LOMCE. Basta considerar que son “Administración educativa” los propios profesores del centro y que uno de ellos será nombrado en representación de la Administración oído el Claustro. Sin embargo, paradójicamente, en Andalucía, una Comunidad que se ha opuesto abiertamente a la LOMCE para defender la participación de la Comunidad Educativa, este curso unos 1.300 directoras y directoras han sido nombrados “en funciones” directamente (“a dedo”) por la Administración, lo que quería la LOMCE, sin participación del profesorado y las familias. Es verdad que esto ha sucedido por no tener normativa de adaptación de la Ley, pero en la realidad ha sucedido lo contrario de lo que se proclamaba.

Evaluación de los aprendizajes de los alumnos en la ESO. Hemos soportado durante décadas las críticas conservadoras sobre que el problema principal de la educación era que los alumnos, desde la LOGSE, “pasan” sin saber los contenidos; para ahora tener que regular que pueden “pasar” con dos (y hasta con tres, a menos que no sean, al tiempo, Lengua y Matemáticas) y, en cualquier caso, sólo poder repetir una sola vez en toda la Etapa (Primaria o Secundaria). Este curso pasado un alumno de 16 años ha podido pasar a Bachillerato con una calificación final de la etapa inferior al aprobado y con hasta dos asignaturas suspensas. Incluso muchas Comunidades, en el marco de desarrollo de la LOMCE, han permitido que los alumnos tengan el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en junio, aun cuando tengan dos asignaturas pendientes, sin necesidad a esperar a la convocatoria de septiembre. La tan criticada LOGSE y LOE nunca llegaron a tanto. Justamente lo que durante tanto tiempo se criticaba. Y no lo digo porque esté en contra, sino justamente para mostrar que sucede lo contrario de lo que se declara.

Una tradición secular de hacer reformas educativas en España es confundir la propia producción normativa con los cambios reales, creyendo que se cambia la práctica en función del Boletín Oficial. Pero, como dice el dicho español, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, que está mediado por múltiples factores y contextos. No hemos de fiarnos de lo que se dice o declara, sino de lo que realmente se hace.

Publicado en Escuela (14 septiembre 2017) núm. 4142

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Catedrático de Didáctica y Organización Escolar

Universidad de Granada

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