Pedro López Ávila: «La sedición catalana»

A veces me pregunto cuáles serán las últimas razones por las que determinados políticos catalanes han sustituido el debate ideológico por el debate territorial. El adoctrinamiento al que ha sido sometido el pueblo catalán, fundamentalmente en las dos últimas décadas, me da mucho que pensar, sobre todo, si tenemos en cuenta que tanto catalanes como vascos han sido claves para la gobernabilidad de nuestro país a través de los pactos formalizados entre los entonces nacionalistas y los distintos gobiernos de PSOE y del PP (hoy llamados constitucionalistas). Digo yo que pactar significa ceder o conceder. Sin embargo, lo que nunca sabremos es hasta dónde podrían haber llegado las concesiones ni los auténticos beneficiarios de las mismas. Desde luego, entiendo que a los catalanes de a pie poco o nada les habría reportado estos pactos en las distintas legislaturas.

Y ahora nos encontramos con que “la realidad catalana” es tan peculiar que el resto de los españoles deberíamos matarlos a besos por ser la comunidad que más aporta fiscalmente al estados español, y de tanta generosidad han llegado al hartazgo, según los secesionistas. Con lo que nos acusan a los que pertenecemos a otras comunidades de que les estamos robando. Luego, la única salida para la clase política catalana es desconectar de los ladrones.

Con estas y otras premisas, aún peores, nos encontramos que mantener un debate político riguroso, honesto e ideológico con un independentista es tan absurdo como inútil. Aquellos que entiendan que en la vía del entendimiento político (para que no desconecten del estado español) está la solución, es porque tiene una visión de los independentistas muy vulgar o demasiado interesada.

Uno puede entender que un obrero se ponga en contra del patrón, que por principio debe ser explotador y déspota, aunque no lo sea y lo trate bien; esto no tendría la menor importancia; pero, que al frente de una manifestación de un día tan importante como es la Diada se encuentre amontonados terroristas como Otegui, gentuza de la CUP quemando las banderas española, francesa y europea (entre otras tropelías); burgueses y capitalistas de la antigua Convergencia, que hoy parece que se denominan PDeCAT (a saber por qué), o los mismísimos círculos de podemos, me parece que es un auténtico peligro para todos los catalanes, se sientan independentistas o no.

No sé hasta qué punto la ciudadanía tiene criterio personal formado de lo que pretenden sus dirigentes, pues Juntos por el Sí, comandados por la CUP, que no son más que oradores de garrulerías y de confusiones extraordinarias; basan sus argumentos en brutalidades que van desde los ataques a turistas, pasando por coacciones a alcaldes y funcionarios, para que sean cooperantes del delito de incumplir la ley, hasta la purga de aquellos responsables públicos que tienen como demérito el exponer su opinión claramente desde el punto de vista jurídico. Y, para rematar el estrépito, los anticapitalistas, eso sí, mantienen “la vieja y mezquina costumbre” de engrosar sus sueldos y cuentas corrientes. ¡Vamos! el mundo al revés.

Que exista una brutal mayoría que se trague con su silencio todas las barbaridades de estos individuos, verdaderamente me sorprende. Existe una gran masa de población, incluso en España, silenciosa y silenciada que no consigue que se imponga lo obvio sin complejos, que me escandaliza hasta la exasperación.

Que exista una brutal mayoría que se trague con su silencio todas las barbaridades de estos individuos, verdaderamente me sorprende. Existe una gran masa de población, incluso en España, silenciosa y silenciada que no consigue que se imponga lo obvio sin complejos, que me escandaliza hasta la exasperación. No acabo de comprender qué está sucediendo cuando se ultraja la bandera, se silba el himno de España o se injuria a la Jefatura del Estado y aquí no pasa nada. Estos mequetrefes saben perfectamente que el mayor aliado con el que cuentan es el silencio de una población, que intuyo que está atemorizada. Pareciera que esta tropa de “progresistas-independentistas” todo lo que dicen o hacen tuvieran bula papal. Estoy convencido que ninguno de ellos tendría lo que hay que tener para quemar la bandera americana, a la que tanto detestan, en pleno centro de Nueva York. Por supuesto, igualmente, como acabamos de escuchar, en palabras del Consejero consular galo en Barcelona, estos actos en su país están penados con un año de cárcel.

Aquí, los secesionistas, por alguna extraña razón, parece que representan los valores democráticos y el resto de catalanes que no se pronuncian por miedo a ser comparados con una pachanga de cutres fachosa, se les cercena su opinión. Así las cosas nos encaminamos hacia el día 1 de octubre para proclamar la ilegal república catalana, sin ninguna garantía democrática y sin un censo homologado, además de poner en riesgo a sus propios funcionarios públicos, sin importarles nada que la desobediencia a la ley es un delito personal que tienen sus consecuencias y poca defensa tiene. Y es que como diría Séneca “No hay viento favorable para el que no sabe dónde va”. Esperemos, pues, que el Gobierno de España esté a la altura de las circunstancias y sepa aplicar de forma rigurosa todos los mecanismos legales a su alcance y no se ande con paños calientes ante la sedición.

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