Antonio Martínez Gómez: un halo de luz duradero

Al Yarrar y compañeros ceramistas

Hola Antonio, hacia tiempo que no nos veíamos, y últimamente, mira por donde , hemos tenido un tiempo de estrechar nuestras miradas y unir nuestros esfuerzos en un proyecto común. Parece que nada es casualidad. Tu que no creías en la Otra Vida, has preparado tu viaje como lo hacen las grandes personas, que tu eres, y una vez más nos has dado una una lección magistral. Ahí estabas tú, tan lleno de ilusión, con proyectos en lo personal y en lo colectivo. Ahí estaba tu obra, ejemplo de originalidad y oficio, que no dejan indiferente a quien la contempla, aun sin conocerte. No dejaste de dar ánimo en cada pequeña cosa, no dejaste espacio para el desaliento.

Pero tu, mientras tanto, por si acaso, estabas haciendo las maletas: Sabio… Te llevas las mejores cosas de este mundo: Las buenas obras. La única moneda que vale para el viaje al más allá. El pasaporte que te abrirá todas las puertas. Sabio, también por todo lo que aquí nos dejas: Tu gran humanidad y creencia en el ser humano, como ser capaz de superar la injusticia de este mundo por medio de la solidaridad. Tu gran generosidad con las personas que te rodean. Al saber dar tu conocimiento a quien se acerca a ti con humildad. Tu afecto y tu consejo a quien te aprecia. Tu ilusión y alegría para emprender proyectos nuevos cada día. Tu maestría como ceramista reflejada en tu obra . Impregnada de audacia y libertad. De reencuentro en la mirada del otro.

Dejas un halo de Luz en tu familia, en las personas cercanas a ti y en tus obras , las cuales te reflejan como un espejo, transparente como tu alma. En nuestros inicios, allá por principio de los ochenta, te recordamos con la misma vitalidad que estos últimos días. Buscábamos el conocimiento y tu eras el motor de arranque. Nos enseñaste dos cosas que tengo presentes casi a diario: Primero, tu amor por las formas puras, esas líneas suaves que se levantan del torno , con la dulzura de la vida y de la arquitectura de la creación. Ahora te inclinas más por la escultura, con estructuras cargadas de vitalidad, pero con una búsqueda o necesidad de tender la mano, y una expresión sincera. Esas celosías magistrales, que discretamente tratan de comprender lo que sucede al otro lado. Y segundo, también nos enseñaste tu amor por el color turquesa. Espectro entre el azul del cielo y el verde del mar. Refugio de los anhelos humanos y de la transcendencia Divina.

Decías con admiración: “¿Has visto la profundidad que tiene el turquesa? … Depende de cómo lo mires el turquesa te da paz interior solo con mirarlo”. Esa es la mirada que nos dejas: Profunda y cercana, vital, ilusionada, generosa y solidaria. Has pasado por este mundo como lo hacen las grandes personas. Dando el máximo cada momento, en cada día. Dejando tras de ti un halo de luz que será duradero en tu preciosa familia y en tu magistral obra. Dejando tras de ti un ejemplo de cómo afrontar la vida. Con humildad y sabiduría. Gracias Antonio, por todo lo que nos has enseñado. Viaja en paz. Te echaremos de menos.

Tus compañeros ceramistas.

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