Juan A. Díaz y María Castaño: «Guerra y paz de la ciudad de Húescar contra el Reino de Dinamarca»

 

En homenaje a don Vicente González Barberán,
maestro y ejemplo a seguir de todos los historiadores
que nos dedicamos a buscar en las fuentes históricas
la verdad de las mismas.

Este episodio histórico de la guerra de Huéscar contra Dinamarca, comienza y es consecuencia de las complejísimas relaciones internacionales que tenía España en el marco de lo que nos podemos atrever a denominar como la “Historia de las Relaciones Internacionales” en la Europa de las “Guerras Napoleónicas”. Vamos a intentar exponer la situación de la forma más clara, esquemática e inteligible posible.

Inglaterra, en 1807, atacó a Dinamarca y bombardeó su capital, Copenhague después de que se hubiera producido su rendición; no contentos con ello, los ingleses también secuestraron la Armada danesa puesto que debemos de tener en cuenta que tras la famosa batalla de Trafalgar, Inglaterra alcanzó su supremacía y auge naval. Como uno de los focos bélicos más importantes de la época se estaba dando en los países escandinavos tanto el Zar de Rusia como Napoleón planearon un ataque a Suecia que era aliada de Inglaterra. Las tropas francesas y aliadas se encontraban en la Alemania septentrional mientras que Inglaterra dominaba los estrechos daneses tras el secuestro de la Armada del que ya hemos hablado anteriormente. De estas tropas napoleónicas, sólo la tercera parte eran franceses puesto que Napoleón había designado a sus aliados holandeses y españoles que combatiesen en la zona de Escania junto con los daneses contra los ingleses.

En resumen, el panorama que tenemos es una alianza formada por españoles, franceses, rusos y daneses que combatía en contra de los ingleses que estaban aliados con los suecos y el campo de batalla de esta guerra era el Mar Báltico y los países Escandinavos. Las tropas españolas estaban compuestas por cinco Regimientos de Caballería que eran comandados por el marqués de la Romana, don Pedro Caro y Sureda, y, al mando de todo el grueso del ejército napoleónico el mariscal Bernadotte. Éste estuvo demorando las ofensivas y a finales del mes de abril de 1807, la idea que tenía Napoleón de invadir Suecia había sido desestimada y abandonada por el emperador. Sin embargo, el territorio que había sido ocupado era Dinamarca. Por consiguiente, las tropas españolas quedaron acantonadas en Dinamarca y en el norte de la Península de Jutlandia, la misión que Napoleón les había encargado a los españoles es que debían de defender Dinamarca de una muy posible invasión inglesa. Según el Padre Carayol Gor, las tropas españolas fueron “recibidas con expectación y con cierto miedo por parte de la población danesa (…) pero que en muy poco tiempo se dieron cuenta que los temores eran infundados. La fama de nuestros maestros herradores era tal que los campesinos daneses traían a sus animales para que los curasen, fiándose más de éstos que de sus propios veterinarios…”

Letrero a la entrada del pueblo. / IDEAL

Uno de los episodios más conocidos del tiempo que estuvieron los españoles en Dinamarca es el de los sucesos del castillo de Kolding. “Los españoles llegaron el 12 de marzo, y en la noche del 29 del mismo mes, en una fiesta que presidía el mariscal Bernadotte se prendió fuego en el cuerpo de guardia y en la nave donde estaban alojados los españoles. Preocupados por el intenso frío escandinavo habían colmado de paja las chimeneas y esto dio lugar a un fuego que se extendió a todo el castillo; varios días después seguía ardiendo. El 31 de marzo se derrumbó la gran torre, destruyendo la Iglesia”. Evidentemente, no todo podía ser perfecto, si a las dificultades lingüísticas añadimos las diferentes culturas a las cuales pertenecían los daneses y los españoles, no es de extrañar que las dificultades y los problemas de convivencia llegaran prontamente. Si tenemos en cuenta que entre los mismos soldados españoles se produjeron disputas pues, muchas más, entre los soldados españoles y los terratenientes daneses y los propietarios de las casas danesas. Entre tanto está pasando todo esto en Dinamarca, en España se está produciendo la invasión de la Península Ibérica por parte de los franceses y los sucesos del Dos de Mayo. “La sublevación de los españoles cobró nuevo vigor en las provincias del norte y una Junta, en nombre del Príncipe heredero, asumió el gobierno de la nación y la lucha contra el francés”. Al albor de todos estos acontecimientos se produjo un viraje en el marco de las Relaciones Internacionales, Inglaterra pasó de ser enemiga de España a ser la principal aliada contra el enemigo invasor francés que había destronado a la familia real española Carlos IV y Fernando VII en lo que conocemos como las “Renuncias de Bayona” para entronizar a José I Bonaparte hermano de Napoleón Bonaparte.

Bando que proclamaba la paz. / IDEAL

De todos estos sucesos tuvieron conocimiento los soldados españoles que se encontraban en Dinamarca, aunque de una forma clandestina puesto que los franceses los primero que hicieron fue censurar el correo, en la Biblioteca Nacional nos podemos encontrar un correo que se les envió a los mismos que dice de la siguiente manera: “España ya no existe; allí manda el tirano Bonaparte que reprime a vuestras familias, destruye vuestras propiedades, asesina a vuestros curas y saquea vuestras iglesias. Tenéis armas, sois españoles; abríos pasos por el mar Báltico donde manda el rey de Suecia que se opone al tirano Bonaparte. Desde allá podréis volver a vuestra patria y con vuestras armas defender la causa de Dios, del honor y de la libertad europea”. El mariscal Bernadotte quiso que las tropas españolas juraran lealtad y fidelidad a José I. Los españoles, obviamente, se negaron a tal paradoja porque tenían conocimiento de que los ingleses los sacarían de Dinamarca en el mes de julio para que pudiesen regresar a España para combatir a los franceses. Tras las gestiones de los ingleses, los españoles pudieron abandonar definitivamente Dinamarca el día 20 de agosto de 1808. A su regreso a España, fueron recibidos en el puerto de Santander por el general Joaquín Blake que los unió a sus tropas para poder continuar luchando contra los franceses. Entre tanto, Dinamarca se vio obligada a apoyar la invasión francesa de España por lo que supuso que oficialmente España entrara en guerra contra Dinamarca. Dinamarca se negó a recibir al embajador español mientras que en España se trataba “a cuerpo de rey” al embajador danés, don Edmundo Bourke. “La Dinamarca ha cedido sus fuerzas navales y terrestres al servicio de la Francia, sus fortalezas le sirven de antemural y asilo; los buques españoles no pueden navegar libremente por sus mares y menos entrar en sus puertos para negociar, ni aún para guarecerse en ellos en caso de temporales; y una porción de españoles están detenidos en sus fortalezas como prisioneros”.

Gracias a un despacho firmado el 18 de septiembre de 1809 por el marqués de Astorga en el palacio del Real Alcázar de Sevilla, llegaron estas noticias a Huéscar: “Su Alcalde o Corregidor y Justicia Mayor don Juan de Murcia y Montero, los regidores don Gregorio Manuel Romero, don Dionisio Leonés, don Miguel Rodríguez Narváez, el diputado don Vicente Martínez y don Francisco María de Dueñas, Procurador Síndico General y Personero, reunidos en cabildo el 11 de noviembre de 1809 acordaron declarar la guerra a Dinamarca y poner bandos por las calles para general conocimiento de los vecinos y dar libertad y autorización –según del despacho- “para atacar a las fuerzas danesas en cualquier parte que se hallen (…) vengar los insultos recibidos y no cesar en las hostilidades hasta que previo un mutuo convenio de Corte a Corte y un tratado estipule las condiciones de Paz”.

Después de esto, debemos de poner de manifiesto que los españoles que quedaron en Dinamarca, la verdad sea dicha, es que no corrieron buena suerte puesto que Federico VI de Dinamarca no se avino a razones y entregó a los franceses a 3.500 soldados que tenía prisioneros, los cuales tuvieron que combatir en la trágica campaña de Rusia en donde la mayoría fenecieron y los que lograron sobrevivir se hubieron de poner a disposición del Zar de Rusia. Paulatinamente Federico VI se fue haciendo popular en Dinamarca y la paz con España llegó en 1814 cuando las tropas francesas fueron expulsadas de España. Sin embargo, la ciudad de Huéscar no tuvo noticia de ello por lo que mantuvieron la declaración de guerra vigente hasta el 11 de noviembre de 1981, es decir 172 años después de la declaración se firmó la Paz.

Vicente González Barberán/ IDEAL

El tema fue descubierto por el Excmo. e Ilmo. profesor González Barberán, el cual se convirtió junto con la corporación municipal de la ciudad de Huéscar, en el artífice de la firma del Tratado de Paz. Desde aquel día, que fue firmada la paz, a la declaración más larga de guerra que ha mantenido España, a lo largo de toda su Historia Moderna y Contemporánea. La paz fue firmada con todos los protocolos propios que exigía el Ministerio de Asuntos Exteriores español y la Oficina de Relaciones Internacionales y la embajada danesa. Aquel día fue una auténtica fiesta para la ciudad de Huéscar que se conmemora anualmente y el hermanamiento de la ciudad de Huéscar con la ciudad de Kolding. Por último, Huéscar fue intitulada como “CIUDAD DE LA PAZ”.

JUAN ANTONIO DÍAZ SÁNCHEZ
(Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino)

MARÍA CASTAÑO JIMÉNEZ
(Diplomada en Magisterio Musical. Universidad de Granada)

 

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