Juan Antonio Díaz Sánchez: « ‘El mundo visto a los ochenta años. Impresiones de un arterioesclerótico’, por Don Santiago Ramón y Cajal»

 

“Hemos llegado sin sentir a los helados dominios de Vejecía, a ese invierno de la vida sin retorno vernal, con sus honores y horrores, según decía Gracián.” Con estas palabras comienza el insigne autor de esta obra, don Santiago Ramón y Cajal, médico y sabio, su último libro, aquél que publicó en 1934, el mismo año de su fallecimiento.

Una obra escrita desde los prismas de la experiencia y sabiduría, valores que poseía su autor en el “invierno” de su vida. Como bien es sabido el autor, don Santiago Ramón y Cajal, era todo un sabio, pero sabio en el más amplio significado y sentido del término, un auténtico polígrafo en el más clásico sentido de la palabra, un erudito de los más grandes de España y una auténtica eminencia, no sólo en el campo de la medicina que era su especialidad, sino en todos los aspectos del conocimiento humano. Comparable éste a sabios de la talla, altura y calibre de don Marcelino Menéndez Pelayo, don Ramón Menéndez Pidal, don Gregorio Marañón, don Ramiro Maeztu, don Joaquín Costa, don Blas Infante… Fue miembro de una generación llena de un esplendor cultural y erudita, que con sus obras y trabajos marcaron el pensamiento español del siglo XX.

Gran conocedor de las grandes obras del Pensamiento Humano y de la Filosofía, de los clásicos de Grecia y Roma, de la Historia, el Arte, la Literatura, la Técnica… El estudio de todas estas disciplinas, hará que estos atesorados conocimientos siempre estén presentes en su forma de escribir y de abordar los diversos temas que en este libro trata. Don Santiago Ramón y Cajal quiere mostrar sus preocupaciones e inquietudes por muchos de los temas que afectaban de lleno al mundo que lo rodeaba. Una visión a los ochenta años realizada desde la senectud, la edad provecta, la experiencia de la vida, la sabiduría adquirida con los años y años de estudio y reflexión. Por esta razón, es por la que nuestro admirado autor realizará un exhaustivo análisis de las cuestiones biológicas, analizadas en la primera parte del libro, y de las cuestiones sociales, políticas, filosóficas, artísticas…, que afectaban directamente a las personas ancianas.

Es impresionante ver como en el discurso de esta obra aborda el tratamiento de cada uno de los temas: desde las deformaciones erráticas y vulgares del lenguaje a la recomendación de lecturas; pasando por el análisis antropológico de las costumbres “…Se han modificado bastante durante los últimos cincuenta años. Cuando se barzonea por esas calles y se curiosea el comportamiento del hormiguero humano…”. El tema de la Patria también es abordado, podemos ver que es uno de los grandes temas de preocupación del ilustre doctor –que en la actualidad, precisamente, está muy de moda−, “… No me explico este desafecto a España de Cataluña y Vasconia. Si recordaran la Historia y juzgaran imparcialmente a los castellanos, caerían en la cuenta de que su despego carece de fundamento moral, ni cabe explicarlo por móviles utilitarios”. Se puede observar que en el interior de las páginas de esta obra se tratan temas muy variados como son el estado de la juventud en la España de los años Treinta o las fases de industrialización que se dieron en diversos países europeos y de cómo España debería de tomar claro ejemplo de éstos. El Arte y las modas de la pintura de su tiempo, e incluso la fotografía, a la cual era muy aficionado don Santiago.

“…No me explico este desafecto a España de Cataluña y Vasconia. Si recordaran la Historia y juzgaran imparcialmente a los castellanos, caerían en la cuenta de que su despego carece de fundamento moral, ni cabe explicarlo por móviles utilitarios”.

La parte tercera, quizás sea la más complicada de entender, para los lectores novatos en los campos de la medicina y la psicología. En ella nos muestra las distintas teorías sobre la senectud que se han esbozado al respecto: desde la de Weismann a la de Minot, desde la de Metchikoff hasta la evocación de Ponce de León. Sin lugar a dudas, es una parte importante del libro puesto que es necesario abordar la ancianidad desde todos los puntos de vista posibles: médico, psicológico, filosófico…

La cuarta y última parte es la más divertida y curiosa de todas. En ella, don Santiago Ramón y Cajal, da una serie de recomendaciones y consejos para las personas octogenarias. Resulta realmente curioso y no nos puede dejar de llamar la atención que aquí aconseje a los octogenarios cómo deben de informarse sobre la actualidad política, la dieta que han de llevar, potenciar la sana costumbre de comunicarse por carta, hacer turismo cultural y paisajístico… También recomienda, a todos aquellos que puedan, irse a pasar largas temporadas al campo, apartarse de la vida urbana para poder llevar una vida sana y tranquila en el “espléndido retiro” que otorga la vida rural, llena de descanso pleno y despreocupado de la problemática ciudadana. Para finalizar este libro, el ilustre doctor, recomienda lecturas, aquellas que puedan enriquecer y, aportar sosiego y tranquilidad, a los provectos lectores.

A modo de conclusión, queremos animar a todos nuestros lectores, a que lean “El mundo visto a los ochenta años”. Las temáticas abordadas por don Santiago Ramón y Cajal en el mismo nunca caducarán, siempre estarán vigentes y tendrán su cierto grado de actualidad. Podemos aprender mucho de este sabio, ojalá que con la lectura del mismo nos contagiemos algo de dicha sabiduría, sapiencia y erudición. Dijo Cicerón: “Al pueblo, pan y circo”. Pues siento no estar de acuerdo en el filósofo romano, me gusta más las palabras que, en cierta ocasión, pronunció un sabio: “Al pueblo, libertad y libros”.

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Juan Antonio Díaz Sánchez 

Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino

 

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