Juan Antonio Díaz Sánchez: «Religión católica en la escuela: enseñar, educar y crecer en valores»

En la sociedad del siglo XXI es muy común ver y experimentar en nuestros propios hogares desestructuramientos familiares a varios niveles. Por un lado, los padres: divorcios, malos consejos, sobreprotección, libertinaje, que no libertad. Por otro, los hijos: creen que tienen más derechos de los que les corresponden, se piensan que el mundo es suyo y se lo merecen todo. Esa es la realidad, no en todos los hogares, pero cada vez en más. Y ahora nos preguntamos el porqué.

La respuesta inmediata que viene a la mente es “falta de educación”. Pero, ¿Qué es la educación? ¿Qué sería de la sociedad sin ella? ¿Podríamos vivir en un país desarrollado y con el estado del bienestar –aunque padeciendo los efectos de una crisis económica y financiera− si no fuera por ella? ¿Sería posible vivir en una sociedad civilizada sin educar o maleducando? Sin lugar a dudas, son una cantidad de interrogantes los que se nos plantean al principio de este artículo que intentaremos ir resolviendo a lo largo del mismo.

La RAE, en la segunda y tercera acepción que nos da respectivamente, define la educación como “la crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes” o “la instrucción por medio de la acción docente”. Una de las acepciones del verbo educar es “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos…”. La doble raíz de la palabra educar –“educere-educare”− refiere el sistema que constituye el proceso educativo: sacar lo mejor de cada persona apropiándose creativamente de los tesoros de la historia. Un buen profesor nuestro de pedagogía nos definió la educación como “el proceso de apropiación creativa de valores que se nos ofrece como posibilidades para nuestra realización”. Como se puede apreciar estas dos últimas definiciones son mucho más filosóficas, es decir, más profundas que las académicas que nos da el diccionario.

En estos primeros párrafos hemos utilizado palabras que son bastante complejas: sociedad, niños, jóvenes, educación, doctrina, valores… y aún nos falta concretar qué entendemos por “valor”. Se puede definir como una cualidad real o ideal, deseada o deseable por su bondad, cuya fuerza estimativa orienta la vida humana, desde su dimensión comunicativa y simbólica. Ortega y Gasset decía que “el valor dinamiza el crecimiento personal”.

La asignatura de Religión Católica es una optativa que está totalmente regulada por la LOE (2006) y aquí en Andalucía por la LEA (2007) y por lo tanto no es obligatoria para ningún alumno en los colegios e institutos públicos. Sí que es cierto que esta asignatura de Religión Católica ha de competir con alternativa a la Religión o estudio asistido, y al ser esta última una hora libre, que los alumnos tienen para poder estudiar pues es realmente complicado que la enseñanza de la Religión pueda competir en igualdad de condiciones. Los alumnos que opten por la enseñanza religiosa pueden elegir entre religión católica o aquellas que el Estado tenga acuerdos suscritos e historia y cultura de las religiones, ambas evaluables. Y los alumnos que no quieran la enseñanza religiosa los centros deberán disponer de las medidas organizativas para prestar atención educativa a estos alumnos. Esta manera no es evaluable. No obstante, para aquellos que no les gusta ver en las matrículas de los colegios e institutos públicos la opción de cursar Religión o alternativa a la misma, nos gustaría informarles que en la asignatura de Religión no se adoctrina sino que lo que se imparte es la cultura católica. La clase de Religión, según la experiencia vivida, posee muchísimos aspectos positivos a varios niveles. Nivel educativo: educación en valores, que se encuentran tan de moda. Todos ellos valores humanos, positivos, de convivencia hacia compañeros, personas ajenas… Desarrollo de la imaginación a través de la creatividad (obras teatrales bíblicas, canciones acordes con el temario…); nivel histórico-socio-cultural: conocimiento de lo que otras personas han hecho a lo largo del tiempo y dando respuesta a nuestra sociedad actual; nivel ético-moral: toma de consciencia sobre el bien y el mal así como la disciplina, orden y estabilidad emocional que les proporciona.

Pues ahora, la LOMCE pretende cambiar esto, es decir, que la asignatura de Religión Católica pase de ser opcional a ser optativa en Bachillerato. Ello conllevará que, en última instancia, la decisión de si se oferta o no, la va a tomar las CC.AA. Dichas Consejerías de Educación, tendrán un abanico de catorce asignaturas –entre las que se encontrará la de Religión Católica−, de entre las cuales podrán elegir mínimo dos y máximo tres para ofertar como optativas. De ahí, se deduce que aquella Comunidad Autónoma que, por las razones que sea, no quiera ofertar la asignatura de Religión Católica en Bachillerato, podrá no ofertarla y, estará amparada por la nueva y flamante ley de educación. Por consiguiente, esta ley, a juicio del sindicato APPRECE, atenta contra el derecho que tienen los padres a educar libremente a sus hijos, recogido en el artículo 27.1. de la Constitución Española que nos dice: “Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza”.  Contra la Disposición Adicional 2ª de la propia LOMCE y, lógicamente, contra el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre enseñanza y asuntos culturales de 3 de enero de 1979. Un ataque a la libertad de credo y educativa en toda regla.

La doctrina católica se da en la catequesis –que es fuera de las aulas de enseñanza pública− y la cultura católica se imparte en las aulas. Esto queda perfectamente demostrado con algunos de los objetivos generales que dicha asignatura pretende en la ESO y Bachillerato: “Conocer los textos fundamentales de la fe católica, que constituye el núcleo esencial del mensaje cristiano, para comprender y expresar adecuadamente el vocabulario y formulaciones de la fe. Situar las principales fuentes del Cristianismo en su origen, forma y finalidad, mediante algunos criterios de interpretación de la Iglesia Católica y actualizar la información que nos aportan. Identificar a Jesucristo como núcleo central del hecho Cristiano, en su mensaje, vida y actualidad y en la realización histórica de la Iglesia.”

“Los alumnos que, libre y voluntariamente, eligen y cursan esta asignatura tienen la gran oportunidad de aprender la cultura católica y los valores más nobles y bellos que nos da esa educación cristiana en valores, tan generosamente ofertada por la Iglesia Católica, y que tanta falta hace en la sociedad del mundo globalizado en que vivimos”.

Otro de los aspectos fundamentales que hemos de tratar en este artículo es la educación en valores que ofrece dicha asignatura de Religión. Al igual que las asignaturas de Filosofía y la de ECC también transmiten valores al alumnado, nuestros jóvenes –cursando esta asignatura− pueden adquirir una formación y educación en valores. Esta premisa se demuestra, otra vez, con algunos de los objetivos generales de la misma: “Acceder a las interpretaciones que el cristianismo y otras religiones dan sobre la condición humana fundamental y sobre el sentido de lo trascendente, a través de algunas grandes preguntas que inquietan al ser humano. Aplicar los principios de la moral cristiana a los hábitos sociales relacionados con la salud, el consumo y el medio ambiente para una valoración crítica. Descubrir el hondo significado cristiano de la tolerancia, participación, responsabilidad y solidaridad, aplicándolos a situaciones sociales habituales: trabajo, ocio, juego, familia, amigos… Iniciarse en la formación de una conciencia moral cristiana con sentido crítico y de auténtica libertad ante las realidades sociales, económicas y políticas de su entorno. Sensibilizarse ante los valores, actitudes y normas que conforman el ser cristiano en orden a las opciones que dan sentido a su vida, constatándolas con los posibles valores, actitudes y normas que pueden regir en la sociedad.”

Por ello, considero que la asignatura opcional de Religión Católica es esencial en las aulas públicas de este país. Como ha quedado totalmente demostrado, los alumnos que, libre y voluntariamente, eligen y cursan esta asignatura tienen la gran oportunidad de aprender la cultura católica y los valores más nobles y bellos que nos da esa educación cristiana en valores, tan generosamente ofertada por la Iglesia Católica, y que tanta falta hace en la sociedad del mundo globalizado en que vivimos. Una sociedad paupérrima en valores humanos, éticos y morales que casi está rozando el nihilismo pero que, gracias a Dios, con la inconmensurable labor que los maestros y profesores de Religión realizan, ésta no lo llegará a alcanzar. Por eso es tan importante la educación en valores, como la que nos ofrece la asignatura de Religión Católica en este país, porque además de educar enciclopédicamente a nuestros niños y jóvenes, tenemos el deber ético y la obligación moral de formarlos cívica, ética y moralmente para que sepan convivir en sociedad, es decir, para que sean “personas humanas preparadas para vivir como Ciudadanos del Mundo”.

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Juan Antonio Díaz Sánchez 

Ldo. en Historia y Máster en Hª Moderna, por la UGR

 

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