Antonio Luis Gallardo Medina: «Si no lo veo no lo creo»

La vanidad y el orgullo son cosas distintas, aunque muchas veces se confundan y se usen como sinónimos. El orgullo está relacionado con lo que nosotros pensamos de nosotros mismos; todo esto viene a cuento de lo feliz y desconcertado que me siento hoy frente al ordenador, sin saber qué escribir.

El día de ayer fue de asombro y recuerdos, algo que últimamente me tiene muy embelesado por motivos muy distintos.

El ver, comprobar y leer ayer que los amigos partidarios del PSOE, se alejan cada vez que escribo algo de su Jefa la Señora Susana Díaz y su alumno aventajado el Pedro Sánchez. Pero igual ocurre cuando pongo a parir al impresentable del Mariano y su partido siempre en los tribunales, los amigos del PP dejan de leerme y escribirme.

Desde hace un año, día sí y otro también el IDEAL me publica mis cosillas de Salobreña, de Granada y de tantos achaques que tenemos los jubilados. El Suplemento XL Semanal de vez en cuando tiene en cuenta las cosas que le escribo y mi querido Antonio Arenas, jefe de IDEAL EN CLASE, me tiene abrumado cada domingo con mis Relatos, pero ahora el otro diario, Granada Hoy ya lleva tiempo publicando mis cosas. Pues bien, todos ellos me piden escriba más sobre temas políticos, pues dicen les agrada mi forma imparcial de ver las cosas.

“Siempre repito y es la auténtica verdad, que solo escribo con el corazón y el alma”.

Siempre que escribo, el recuerdo va para mi familia, mis amigos y principalmente para mi madre, Laura, la de la leche, que tan orgullosa estaba aquel día que el fraile de los Agustinos vino a Salobreña para decirle que su Antonio Luis había escrito una redacción sobre Salobreña y un caballo muerto que a él le había llegado muy hondo.

Siempre repito y es la auténtica verdad, que solo escribo con el corazón y el alma, pues escribir sigo sin saber juntar dos frases, pero poner toda la carne en el asador hace que me queme continuamente. Pero la sensación de ver como amigos te dan la espalda por opinar de sus ideas políticas, ni son amigos ni quiero tenerlos aunque solo sea virtualmente.

Alguien escribió, no sé quién…”para mí la vanidad es una dolencia tan superficial, que basta con rascarme un rato para que se me quite” y en mi caso tenía toda la razón. Me alegra, me sorprende, me acuerdo de mi madre, pero por encima de todo me sigue gustando el contacto cara a cara, mucho más que el epistolar.

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ANTONIO LUIS GALLARDO MEDINA

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