Paula González Martínez: «Un futuro femenino»

Es un lunes cualquiera, nos disponemos a comenzar las clases en una universidad cualquiera relacionada con los diferentes tipos de formaciones técnicas.  Solo hace falta alzar la vista dentro de una de dichas clases para apreciar que algo no es “normal”: la mayor parte de los estudiantes de carreras técnicas son hombres, mientras que un pequeño porcentaje del total son mujeres.

El uso de la palabra “normal” se debe a que hoy en día, afortunadamente, en la mayoría de los ámbitos académicos se cuenta con una igualdad más o menos equilibrada con respecto al número de estudiantes de cada género en las aulas. Sin embargo, cuando nos centramos en el porcentaje de estudiantes del sexo femenino que hay con respecto al masculino en carreras técnicas, puestos de trabajos relacionados con dichas carreras, o incluso en las propias asignaturas entre las que se opta en el instituto relacionadas con la tecnología, descubrimos que éste es muy inferior al de los chicos.

Cuando preguntamos a las chicas por qué no prefieren estudiar asignaturas o carreras técnicas, su respuesta es confusa; la mayoría contestan que la materia que se estudia no atrae su atención, otras directamente admiten que no les gusta en absoluto, mientras que otro gran grupo opina que dichas carreras son “demasiado complejas” para ellas, por lo que deciden estudiar otro tipo de asignaturas sin realmente haberse parado a pensar en qué consisten.

El considerar que las carreras técnicas son más complejas no es del todo cierto según cómo lo exponen; piensan que el hecho de que combinen matemáticas y diversas ramas de la ciencia es la razón por la cual no hay muchas chicas estudiando tecnología, ya que creen que solo los chicos que pasan los días sentados frente a una pantalla de ordenador son los únicos interesados en la materia (típica creencia errónea). Sin embargo, uno de sus argumentos más “estables” es el hecho de la “carencia” de referentes femeninos.

Esto último se debe más bien a la poca popularidad que poseen frente a referentes masculinos, como es el caso Valentina Tereshkova, la primera mujer que salió al espacio, seleccionada entre más de 400 candidatas para un grupo de cinco cosmonautas de las que ella fue la única en viajar en un cohete; dicha hazaña se encuentra oscurecida por la popularidad de otras realizadas por hombres, que en su momento eran más valoradas que las de las mujeres en sí. Al igual que esta mujer, han existido a lo largo de la historia otros muchos ejemplos, como es el caso de Hedy Lamarr, inventora y precursora de la tecnología del Wifi, GPS y Bluetooh, o Grace Murray, quien desarrolló el primer compilador para un lenguaje de programación entre otras. Otra falta de referentes a la que suelen referirse es a la carencia de profesoras de dichas asignaturas o carreras, ya que ésto, según dicen, suele ocasionarles cierta desconfianza a la hora de plantearse si serían o no capaces de sacar adelante la materia.

Como ejemplo de esta minoría de estudiantes femeninas, al igual que otras estudiantes del mundo somos las cuatro chicas que hemos elegido la optativa de tecnología de todo nuestro curso en nuestro instituto, 4 de casi 40 chicas de un total aproximado de 90 estudiantes. Nosotras no pensamos que las TIC sean ni una asignatura fácil ni una asignatura imposible de sacar, pensamos que es el futuro en esta sociedad tecnológica en la que vivimos. Como he dicho anteriormente, los hechos de figuras femeninas en la historia quedaban en la sombra por la desigualdad social con la que vivían; es por eso que, ahora que dicha desigualdad es cada vez menor, es necesario demostrar que, al igual que cualquier hombre, las mujeres podemos desarrollar de la misma manera cualquier ingeniería o carrera técnica existente, y mostrar de este modo que la tecnología no es un asunto de hombres.

Es hora de que el futuro de la tecnología pase a ser femenino también.

Paula González Martínez. IES Pedro Jiménez Montoya

Nota: Con este texto Laura obtuvo el primer premio de Andalucía en el certamen HazTICenTuFuturo

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