Vehículos singulares, 146: Felipe Tíscar Hidalgo y su Studebaker Dictator de 1934

 

Hoy tenemos que comenzar agradeciendo a Ana María Cuadros, nuera de Felipe Tiscar Hidalgo, que nos pusiera en contacto con él y haya posibilitado este reportaje. En su correo nos contaba que su suegro de 73 años, «ha dedicado toda su vida al mundo de los vehículos» ya que ha ejercido de mecánico desde niño y ha sido un gran apasionado de los vehículos clásicos lo que le ha llevado a participar en numerosas rutas y concentraciones con varios clubs. También nos decía que «es dueño de alrededor de 15 o más vehículos, entre automóviles, tractores y motos, todos ellos clásicos. Llaman mucho la atención algunos como el Plymouth, un tractor Fordson, y un Studebaker, que reconstruyó prácticamente desde cero, porque cuando lo adquirió estaba muy deteriorado y hoy en día se encuentra como si se acabara de comprar. La mayoría de los vehículos los ha ido reconstruyendo él con piezas originales. Guarda en cada vehículo un álbum de fotos, con las instantáneas desde el comienzo de la reparación, hasta el resultado final».

Por ello, con el deseo de que formaran parte de esta serie de reportajes nos trasladamos hasta la localidad jiennense de Villacarrillo, donde fuimos estupendamente acogidos y pudimos descubrir que las palabras de Ana no eran una exageración. Antes de que Felipe se marchase a una comida que tenía con su Club de Úbeda en Santiago de la Espada nos mostró sus coches y nos dio un pequeño paseo desde su garaje hasta el Paseo del Santo Cristo donde, tras las fotos y vídeo de rigor, nos contó las curiosidades de su estupendo Studebaker Dictator de 1934, con matrícula de Córdoba, 5286. Así nos contó que él cumplió los 73 años, el pasado 25 de diciembre, y que es villacarrillense de nacimiento. «Yo nací en un taller y soy mecánico de profesión. Mi abuelo también era mecánico y me he criado con un tío también mecánico. Mi madre cuenta que me daba de mamar sentada en los estribos de un coche. No conozco otra profesión. Mis cuatro hijos están en el taller y tienen el gusanillo», nos cuenta antes de añadir que su esposa, Encarnación Moreno Alonso, de 72 años, recién cumplidos la conoció cuando tenía 16 años, que también es de este pueblo y que le acompaña en todas las salidas.

Interior del Studebaker Dictator de 1934 :: ANTONIO ARENAS

A continuación nos habla de su colección de la que informa que, a excepción de uno que le viene de la familia, el resto los ha ido comprando normalmente en el desguace y restaurando en el taller pues le gusta «darle vida a los coches». Del Studebaker, en el que realizamos la entrevista, nos cuenta que lo tenían los hermanos Rubia, de Jaén, que al fallecer uno y no poder utilizarlo, se lo vendió totalmente desmontado. Añade que «me lo traje y lo restauré poco a poco. Está totalmente de origen, pues no sería honrado montar piezas que no fueran de este coche. Al parecer fue estrenado en Cabra de Córdoba por don Luis de la Iglesia Varo, después pasó al Club y por último ha llegado al mis manos». Del primer propietario queda una chapa en el salpicadero -normalmente la hemos visto en el motor- con su nombre y datos del vehículo. «Este señor compró el coche para darle el capricho a su mujer de llevarle, junto con el obispo de Córdoba, a ver al Santo Padre a Roma. Creo que fue el primer viaje que hizo este coche». El salpicadero, donde los ‘relojes’ se asemejan a una antiguo aparato de radio y por el que se distribuyen un San Cristóbal y otras algunas imágenes de la devoción de Felipe como la Virgen de la Fuensanta. Seguidamente nos va comentando la función de cada uno de los botones. «Este botón es de la rueda libre o quinta. En el año 34 era semiautomático o sea que las cuestas abajo iba en punto muerto para no gastar». También indica que el botón blanco sirve de claxon y el cromado de arranque. El resto son los indicadores de la presión de aceite, temperatura del agua, nivel de gasolina y amperímeto con la carga de la dinamo.

Logo del vehículo singular de Felipe Tíscar ::A. ARENAS

Un coche para disfrutar, no para correr

Detalle placa. ::A.A.

A sus 73 años, Felipe explica que viaja mucho a la provincia de Toledo para participar en rallies. «Me gusta mucho la Mancha, al ser muy llana y porque hay una gente maravillosa. Normalmente lo llevo a 60-70 km/h porque estos coches son para disfrutarlos no para correr», aclara. También que los 10.499 km que indica el cuentakilómetros serán después de la primera vuelta pues al parecer fue requisado durante la guerra civil. También tiene cuentakilómetros parcial, limpiaparabrisas y luz interior central. Para que entre aire en el interior nos demuestra cómo el cristal del parabrisas se inclina y también cuenta con una trampilla que permite la entrada de aire. Igualmente llama nuestra atención el espejo retrovisor interior que en una esquina contiene un reloj y cómo los tiradores interiores de las puertas llevan una especie de repujado. Felipe señala que el motor «es de 6 cilindros, culata plana, con unos 3.000 cc. Lleva bomba de agua y el carburador es ascendente. También conector de escape y de emisión juntos, lo cual era muy típico de aquella época, además de las válvulas en bloque, el engrase por presión y arranque eléctrico aunque cuenta con manivela». Las ruedas con radios de madera simulada llevan freno de cable. «Es un coche muy cómodo y seguro», concluye este veterano mecánico y amante de los coches clásicos lo que le ha llevado a integrarse en el Club Al Andalus de Jaén con el que suele participar en la Ruta del Olivo. «Lo mío es afición pura hasta el punto de que a veces suelo hablar con mis coches» explica con su buen humor.

Próxima entrega: Sergio Carrasco Castillo y su Ossa 160 T2 de 1970

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