Miguel González Martos presenta hoy en la Biblioteca de Andalucía su cuarto poemario, ‘Agua entre los dedos’

Su madre se lo decía de pequeño y también de adulto: «Miguel, tú eres un niño o un hombre de suerte», no en vano fue el hermano sobreviviente de gemelos, pudo estudiar perteneciendo a una humilde familia de nueve hijos de Haza Grande y ha superado con éxito un cáncer de colón. También ha podido desarrollar su actividad laboral en las barriadas de La Paz, Cartuja y Almanjáyar, así como ha dado rienda suelta a sus inquietudes poéticas en los cuatro poemarios que ya tiene publicados: ‘Cuadernos de bitácora’(2007), ‘Alas de arena’ (2010), ‘De peatones y náufragos’ (2015) y ‘Agua entre los dedos’, publicado por Esdrújula Ediciones en su colección Diástole, que presenta el jueves, 22 de marzo, a las 19,30 horas, en la Biblioteca de Andalucía en cuyo acto le acompañará el cantautor, Enrique Moratalla, quien además es el autor del prólogo.

A los tres años de su anterior presentación nos encontramos con un poeta y un hombre ilusionado, no en vano la enfermedad parece controlada aunque sigue con sus revisiones oncológicas. También por el nacimiento de su nieta Marina a la que dedica el poemario, junto a su mujer Charo y a su otro nieto Alejandro, además de ‘a quienes aman, que caminan completamente vivos’. Un poemario que recoge 54 poemas, distribuidos en las seis partes de las que consta y una Nota simple, con los dos poemas finales. Poemas, escritos algunos con 17 o 18 años y otros de los últimos meses que han sido seleccionados de muchas carpetas pues Miguel es de los que necesitan escribir pues, como es el caso, en estas páginas le sirve para reflexionar sobre la condición humana, el paso del tiempo, el amor,… y el agua como nexo de unión, de ahí el título «porque en definitiva somos tiempo, agua que corre, que se nos escapa, al igual que el amor también se nos puede escapar entre los dedos».

Miguel que nos confesaba que «escribe sin trampa, ni cartón» ha coincidido en dos momentos de su vida con Enrique Moratalla, el primero siendo muy joven en el ámbito de Manifiesto Canción del Sur y en los programas de Juan de Loxa, Poesía 70. El segundo contacto fue al paso de los años, a propósito de su militancia en el partido socialista en el que compartieron ilusiones y sueños. Por todo eso le hacia mucha ilusión que leyese el poemario y lo prologase. En el mismo el cantautor compara al poeta «como ese nadador esforzado, desesperado, exhausto, que lucha por su vida para llegar a una orilla que le permita ser náufrago y dejar de ser pez mutante que fluye por las aguas». Asimismo, detalla los temas tratados para terminar afirmando que «por el amor viviremos en la memoria de otros. Y seguiremos siendo latidos palpitantes, pulsos vivos en sus corazones».

Poemas breves, a veces de una sola estrofa, dotados de una gran musicalidad que parecen haber brotado de una forma natural y casi sin esfuerzo. Hecho que el poeta niega, pues «no soy tan genial. Tengo una pasión enorme por escribir y hacerlo me cuesta mucho trabajo. Sí hay un truquillo que aprendí de Juan de Loxa, Ladrón de Guevara y Rafael Guillén que es cómo los endecasílabos mezclan muy bien con los octosílabos y los tetrasílabos, lo cual es esencial en poesía para conseguir esa musicalidad». Libro escrito «con mucha fe en las palabras que digo. Escribo para mí para ajustarme las cuentas y con los demás. No escribo para publicar y solo lo hago cuando veo que tiene algo de sentido», indica antes de dedicarnos el poema final: «Somos gotas de instantes./ Pasos en cuenta atrás/ que se termina. /Muerde el tiempo, /nos devoran las prisas/ y no vemos/ que el amor se nos va/ como la vida./ Agua entre los dedos».

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