Antonio Luis García Ruiz: «¡Gracias, muchas gracias, señorías!»

Dice un refrán castellano que “es de bien nacidos ser agradecidos” y ciertamente así lo creo. El agradecimiento es una virtud de gran calado, que equivale a reconocer la buena acción, el favor recibido de otro o indirectamente la labor desarrollada por los demás, comprometiéndose de manera tácita a corresponderles. Agradecer también significa hacer la vida más agradable y no tensa, como ocurre en la actualidad. Por ello, podríamos afirmar que constituye un buen bálsamo para fomentar la amistad y la convivencia entre personas, pueblos y culturas. Para el sabio precursor del Taoísmo, el agradecimiento es la memoria del corazón. Pero en esta época de crisis, en estos tiempos de turbulencias y torpezas, de incertidumbres y carencias, de desencuentros y desavenencias, etc. podremos observar todo tipo de acciones y situaciones, pero en muy pocas ocasiones, nos encontraremos con el agradecimiento o el reconocimiento sincero del valor de otra o de otras personas. El egocentrismo en el que estamos educando, el falso orgullo, la soberbia y la vanidad, que nos inundan por todas partes, nos lo impiden.

 

A escala mundial estamos viviendo una coyuntura histórica muy significativa, participada, entre otros, por los anti sistema, cuyo blanco de críticas se sitúa en occidente, en los valores y en los países occidentales; justo dónde se encuentran los mayores índices de bienestar, de democracia y de justicia de la Tierra, aunque nos quede mucho por cambiar y mejorar. En España no somos ajenos a ello; pero además tenemos el problema del independentismo vasco, que tanta sangre y sufrimiento inútil ha causado, y del catalán, cuya sinrazón no es menor. Está poseído por la irracionalidad, el delirio y la mentira, donde, como dijo Machado “todo necio, confunde valor y precio”. Actúan como si fueran dueños y señores de Cataluña entera, ignorando los derechos humanos, la constitución, el estatuto y, sobre todo, al resto de los catalanes y españoles. No tienen argumentos, ni razón democrática alguna que justifique el por qué, ni el para qué de la independencia. Tampoco existe ideología sostenible, ni acto de grandeza, ni gesto de generosidad, sino todo lo contrario: ceguera intelectual, carencia moral, intereses personales, sectarismo, discriminación, etc. y, todo ello, ocurre por expreso deseo de una sola familia y por la megalomanía de otro solo señor.

“Pero todo ello no podía haber sido, ni ser, sin la encomiable labor de las fuerzas de seguridad del estado y de las demás instituciones públicas, a las que siempre hemos de estar enormemente agradecidos”.

Pero el principio básico de toda democracia, es el respeto a la ley y a las normas que de ella emanan. Nuestra ley principal, nuestra Carta Magna, la Constitución del año 1978, fue elaborada por consenso político y aprobada mayoritariamente por todo el pueblo español, incluida Cataluña (90´5% de sies) y País Vasco (69´1% de sies). Con una inspiración socialdemócrata, recoge los derechos humanos, los históricos de las comunidades y es una de las más avanzadas, descentralizadas y garantistas del mundo. Además de ello, en España, en nuestro país, contamos con la existencia de un ”Poder Judicial” que goza de plena independencia, que está integrado por profesionales altamente cualificados y que toman decisiones, en su hacer cotidiano, con plena equidad y respeto a las leyes y a la ciudadanía; aunque también con grandes carencias materiales, con enormes trabas y pocas veces bien valorado. No podemos olvidar que las leyes las aprueba el Parlamento, por lo que los miembros de la Judicatura, sólo son responsables de su aplicación.

Especialmente grave es la situación política de Cataluña, que estoicamente estamos soportando todos los españoles, desde hace meses. Ya he hablado de los esquemas mentales y formas de los independentistas, pero también ha contribuido a ello, la absoluta y reprochable falta de acuerdo de los partidos constitucionalistas. La aplicación del artículo 155 hemos de reconocer que está salvando la situación, pero con la forma tan timorata que lo están haciendo, parece que los que delinquen son ellos. De lo que no hay dudas, es de la actuación de fiscales, jueces y magistrados, que están afrontando el caso con enorme inteligencia y valentía. Por todo ello, creo que merecen nuestro agradecimiento, nuestro reconocimiento y el apoyo de la ciudadanía para que no bajen la guardia, mantengan la fortaleza y sigan actuando en la defensa de la ley, la justicia, la libertad, la concordia y la paz. Todo ello lo manifiesto como ciudadano de a pié, que creo interpretar el sentir de mucha gente de todo tipo, con la que vivo, trabajo, dialogo o me comunico.

Gracias, muchas gracias, a los miembros del Tribunal Constitucional, del Supremo, de la Audiencia Nacional, de todos los Juzgados de Cataluña y del resto de España; a fiscales, secretarios, funcionarios, procuradores, abogados, peritos, policías judiciales, etc.. A los de ayer y a los de hoy, a los que permitieron acabar con ETA, a los que cada día y todos los días, velan por el cumplimiento de las leyes y trabajan para la protección de nuestras vidas y nuestros derechos y contra los abusos, la corrupción, la delincuencia, la muerte, los secuestros, etc. que diariamente ocurren. Pero todo ello no podía haber sido, ni ser, sin la encomiable labor de las fuerzas de seguridad del estado y de las demás instituciones públicas, a las que siempre hemos de estar enormemente agradecidos.

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