Antonio Luis Gallardo Medina: «Salvar a Salobreña»

Leo en la prensa granadina, que la alcaldesa de Salobreña, María Eugenia Rufino, se reunió ya hace años, en la sede de la Dirección General de Costas en Madrid con Ángel Muñoz, subdirector general de este organismo, para abordar diferentes cuestiones vinculadas a las infraestructuras costeras del municipio y de la comarca, ya que también asiste como vicepresidenta y delegada de Turismo de la Mancomunidad de Municipios de la Costa Tropical.

Son muchas las cartas al periódico y relatos dedicados a mi pueblo, Salobreña, el pueblo más bonito de España. Ya sé que siempre estamos en los papeles para bien o para mal, pero que ahora surjan después de tantos años plataformas para salvar la vega, cuando lo que tenían que haber salido eran plataformas para salvar el pueblo. Y es que creo que la enfermedad más contagiosa es la desesperanza, por lo que pudo ser y no ha sido, por lo que soñamos, por lo que vivimos o tal vez por aquello que debimos defender y no hicimos.

Las redes sociales están que arden, perfiles falsos creados exprofeso para fomentar el enfrentamiento y la discordia, la confusión y el desánimo; todo vale con tal de echar por tierra la idea soñada de unos pocos hoteles, solo dos, en el litoral de Salobreña. Salobreña sigue siendo la gran olvidada de las administraciones, que hace que aún estemos mendigando nos arreglen el Paseo Marítimo que el año pasado, sí pasado, se llevó el temporal, da una idea del abandono.

Y yo, como salobreñero de nacimiento y sentimiento me pregunto una y otra vez, dónde estaban toda esta gente cuando hacían falta. Se cumplen 12 años ahora del cierre de la última fábrica de azúcar en Europa. Dónde salieron a protestar por la muerte lenta y progresiva de una de las mejores vegas subtropicales del continente.

Como salobreñero de nacimiento y sentimiento me pregunto una y otra vez, dónde estaban toda esta gente cuando hacían falta.

Es fácil hablar, escribir y manipular a los habitantes de un pueblo que siempre se ha quedado atrás en el reparto de prebendas, tanto a nivel de infraestructuras como de dividendos para invertir en el municipio. Sean del color que hayan sido los gobiernos municipales, siempre miraron por su interés y no por el del pueblo y claro, ahora nos quejamos de que no hay vega y de que no hay hoteles.

Salobreña siempre ha necesitado y sigue necesitando gente emprendedora, con ganas de pelear y luchar por llevar su riqueza ambiental y su clima excepcional a todos aquellos que deseen paz y tranquilidad. Con un turismo sostenible y sostenido que haga factible el conjugar modernidad y desarrollo con vida y tradiciones de toda la vida.

Sé que no puedo ser objetivo al hablar de Salobreña, pues este jubilado siempre está soñando con todo lo mejor para sus pueblo y sus habitantes, pero no me gusta nada la demagogia y ligereza con la que hablan personas de fuera y dentro del pueblo, sin conocer problemas ni raíces del mismo.

P.D. Esta preciosa foto de Salobreña es de MeliPeña

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