Vehículos singulares, 166: Cristina Antequera y su Morris 1100 de 1967

No se prodigan las féminas en este mundillo del motor clásico. La mayoría de las que acuden a concentraciones y rutas lo hacen en calidad de acompañantes. Pero, como toda regla, también esta, tiene sus excepciones, algunas de las cuales hemos tenido la oportunidad de compartir con los seguidores de esta serie. Este ha sido el caso de Charo Sola y su Hurtan Albaycin; Lourdes Soria y su Chrysler Imperial de 1931; Mari Macías y su 124 Sport Spider de 1969; Sonia Vidal y su Seat 850 de 1970, 57; Obdulia Tamayo y su Toyota Cressida de 1982 o Vanessa López y su Citroën 11 Ligero del 47, que junto con la protagonista de esta semana ya serían suficientes para impulsar un Club de Vehículos Clásicos netalmente femenino. Eso sí, en la mayoría de los casos reconocen que su afición ha sido inculcada por sus parejas, hermanos o padre. Este último es el caso de Cristina Antequera, cuya afición le viene del padre que llegó a comprar por partida doble el Morris 1100 de 1967.

Cristina Antequera Serrano, a la que conocimos en abril de 2016, con motivo del reportaje dedicado a la NSU de 1956 de su padre, nos cuenta que trabaja como administrativa en una empresa del Polígono Juncaril, en Granada. También que es madre de una niña de 4 años, María Fernández, inquieta y pizpireta, con la que acude a la entrevista pues le hace mucha ilusión salir en la foto, lo cual, a la hora de la verdad, no fue tan fácil, pues prefería unos ponis que se encontraban en las proximidades del restaurante Los Torres, en el Pantano de Cubillas. La madre nos relata que «el coche tiene una historia muy graciosa porque mi padre lo ha comprado dos veces, la primera hace unos 12 años. Tras restaurarlo, aunque no estaba muy mal, debido a que a mi madre y hermanos no le hacía mucha gracia, acabó vendiéndolo. Cuando me fui a casar le pregunté a mi padre por él, para saber si se lo podrían prestar para la boda. Casualmente el hombre al que sus hermanos le habían regalado el coche por su jubilación había fallecido por lo que tuvo la posibilidad de volver a comprarlo y pude llevarlo en mi boda».

Cristina lleva 16 años conduciendo pues se sacó el carnet en el año 2002. Reconoce que le gusta conducir y que durante este tiempo ha tenido varios coches. «Recién sacado el carnet tuve un Fiat y luego siempre un Peugeot, primero un 206, y ahora el 208. Reconozco que me gustan también los todoterrenos», comenta de sus preferencias. Igualmente que el Morris 1100 de 1967 lo usa para ir a concentraciones y, sobre todo, para actos sociales como el bautizo de su hija, y otros eventos familiares. De él cuenta que le gusta «el tamaño, el color pues sin ser atractivo no está muy visto, la forma,… Me gusta todo. Lo veo muy coqueto, muy recogido y me hace mucha gracia». Quizás también sea porque es un coche que tiene un bajo consumo y que solo requirió una mano de pintura y sustitución de la tapicería.

Interior del Morris 1100 de 1966 de Cristina Antequera :: ANTONIO ARENAS

Llegado a las cuestiones técnicas delega en su padre que también nos acompaña. «Es un motor 1100, cuatro velocidades, con frenos delanteros de disco y traseros de tambor. La amortiguación es hydrolastic, o sea que va por líquido y aire. Es un coche muy sencillo, la caja de cambio va incorporada en la caja del motor y fue matriculado en el año 1967. Otra característica es que el cambio de luces lo lleva en el pief y hay que pisarlo para cambiar de corta a larga, lo que requiere cierta práctica». También nos concreta más detalles de la compra del coche en la primera ocasión a un amigo y cliente de Órgiva, que tenía mucho repuestos pues, en su momento tres amigos de la localidad compraron el mismo modelo y a los tres les hacía el mantenimiento. Al final se quedó con los tres, restaurando este con piezas de los otros dos. Luego vendría la venta a la familia Curiel para regalo al mayor de los hermanos con motivo de su jubilación y su re-compra tras su fallecimiento.

El reportaje gráfico se realizó en el entorno del Pantano de Cubillas (Granada) ::A. ARENAS

Equipado con suspensión hydrolastic

El Morris 1100 es un sedán de cuatro puertas y cinco plazas. Tiene una longitud de 3.73 m, anchura de 1.53 m y altura de 1.34 m. Su peso en vacío es de 810 kg, y admite hasta 1180 kg. Coche sobrio en cuanto a elementos ornamentales exteriores y bastante bien rematado en su interior. Su salpicadero recuerda el estilo del Simca 1000, con todos los indicadores acoplados. Se estima que el consumo medio puede rondar los siete litros en carretera, sin pasar de 90 y de nueve, pasando de 100 y unos diez en ciudad. En cuanto a la suspensión hidroelástica, un tipo de suspensión utilizado en muchos automóviles del grupo británico British Motor Corporation (BMC) y sus compañías sucesoras, decir que fue ideado en varias etapas por el ingeniero Alex Moulton, especializado en el desarrollo de suspensiones que utilizaban resortes de goma junto con un compacto sistema hidráulico que actuaba como amortiguador.

Próxima entrega: Francisco Morales, ‘El Rubico’ y su camioneta Ford A de 1929

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