Antonio Martínez ‘El Solicita’ recoge en un libro su infancia y adolescencia en Castillléjar y su vida de emigrante en Cataluña

El castillejarano Antonio Martínez Lorente acaba de publicar el libro ‘Memorias de Antonio ‘El Solicita’ (Ed. Egarbook) que ha escrito tras aprender a utilizar el ordenador y como forma de ocupar el tiempo libre que le ha dejado su jubilación anticipada por enfermedad. El nieto del ‘Solicita’ e hijo de María ‘La Loba’ lo ha hecho para no llevarse sus recuerdos al otro mundo y pensando en los jóvenes «para que vean lo que ha cambiado la vida».

El libro se ilustra con imágenes del fotógrafo de entonces, Leandro García, junto con otras del propio autor y de su hermano, ambos aficionados a la fotografía. Antonio nació en 1950 y guarda en su memoria infinidad de detalles de su infancia en este pueblo, desde la feliz niñez, pese a las necesidades, hasta la dureza de los trabajos agrícolas que comenzó a realizar con apenas siete u ocho años. «No tengo recuerdos negativos de mi infancia, recuerdo que no me gustaba ir al colegio, los cual le venía muy bien a los padres que llevaban a los niños a trabajar al campo», cuenta quien considera que en aquella época fui un niño solitario entre otras cosas por vivir en una casa-cueva a las afueras de Castilléjar. Lo presentará en el Teatro de Huéscar en el Encuentro de Escritores del Altiplano que tendrá lugar el sábado, 18 de agosto (10 h).

Antonio ‘El Solicita’ y su mujer, Juli, en la plaza Bibrambla de Granada ::A. ARENAS

Siendo un adolescente recuerda cómo iba varias veces al mes a recoger esparto «especialmente cuando necesitaba unos duros para ir al baile, aunque en mi pueblo lo hacían como suplemento para la economía familiar». El rechazo a la escuela, entre otras cosas era por los métodos tan poco pedagógicos que por entonces se empleaban, alude a la regla que entraba en funcionamiento si se llegaba tarde o no se había aprendido algo. «Además si se llegabas llorando a casa, la correa y los alpargates de cáñamo mojado hacía que te picara más», añade. Recuerda también las reuniones familiares con motivo de la matanza, la frustración por no recibir nada en la fiesta de Reyes Magos celebrada en la plaza del pueblo y las muchas veces que tuvo que ir a acarrear agua para el consumo de la casa y cómo en más de una ocasión se le «esmochó» un cántaro. Asimismo tiene muy claro la importancia del papel de los abuelos (él tiene dos nietos) hasta el punto de afirmar que «un niño necesita a los padres pero también a los abuelos, pues los nietos le dan la vida a los abuelos».

Antonio presentará su libro en en el Teatro de Huéscar, durante el Encuentro de Escritores del Altiplano que tendrá lugar el sábado, 18 de agosto (10 h) ::A. ARENAS

Igualmente Antonio sabe muy bien lo que es ser emigrante pues ya con 16 años abandonaba temporalmente el pueblo para trabajar en la refinería de Cartagena, abriendo zanjas en Altea (Alicante) o en Vallirana (BBarcelona). Tras su paso por el servicio militar en Palma de Mallorca donde estuvo 10 meses de cocinero se iniciaría una nueva etapa como camarero en el restaurante ‘Castell Arnau’, por aquellos tiempos el mejor restaurante de Sabadell, donde estuvo entre 4 y 5 años, al principio fregando cacerolas, luego vendrían otros restaurantes, incluido uno propio, hasta llegar al de la Mutua de Terrassa como jefe de cocina donde ha estado casi 14 años dándole de comer, dos veces al día, a 2000 personas entre enfermos y personal de enfermería. Gracias a la recomendación de dos paisanos -Leandro y Pedro- lo que empezó siendo pequeños textos publicados en Facebook es ahora un libro de 204 páginas donde se resume toda una vida de trabajo y superación.

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