La abstracción lírica de Soledad Flores llena de rosa las paredes de Ceferino Navarro

La elección del título de la nueva exposición de Soledad Flores en la Galería Ceferino Navarro no es casual. La ha denominado ‘Jardines perdidos’ por referencia a una bonita historia real que cayó en sus manos, los Jardines Perdidos de Heligan, en Cornualles (Reino Unido). De esta manera, esta asidua a las inauguraciones de este espacio, ahora es ella la protagonista con obras realizadas en los últimos dos años. La artista de San Fernando (Cádiz), afincada en Granada desde hace dos décadas, donde ha realizado la licenciatura en Bellas Artes, se muestra como «alma del romanticismo, observadora de la naturaleza y el paisaje, sin olvidar la importancia que concede a los sueños y al concepto de lo sublime». La exposición permanecerá en esta sala de la calle San Matías hasta el 21 de noviembre, en horario de 11 a 13,30 y de 18 a 21 horas.

Selfie con cuadro de Soledad Flores de fondo ::A. ARENAS

Esta diseñadora de interiores que desde siempre ha sentido un especial interés por la pintura  reconoce que la inspiración le vino al conocer la historia de estos jardines que ya existían a mediados del siglo XVIII, pero que, debido a la muerte de los jardineros y cuidadores durante la Primera Guerra Mundial, quedaron abandonados. Cuenta que «hace 25 años fue descubierto y rescatado del olvido este lugar de ensueño. Un espacio que despierta la imaginación, son impresionantes y parecen no tener fin, un lugar que parece que estás en otro mundo. Aparecen figuras hechas con rocas, tierra y musgo como la Cabeza del Gigante o la Dama Gris. Fue la chispa que necesitaba para afrontar un nuevo proyecto». También es interesante la justificación de la diversidad de formatos y de la significación del rosa. Respecto al primero manifiesta que siempre ha utilizado uno más grande al habitual, pues casi siempre emplea lienzos de un metro por un metro, aunque a ella le gusta «la obra pequeña y la grande pues en una ocasión un profesor me dijo que una obra pequeña tenía el mismo valor si reunía composición y color».

La pintora posa junto a varias obras de pequeño formato :: ANTONIO ARENAS

En lo concerniente al rosa comenta que en el medievo era un color del que se pintaban las casas como motivo de alegría si ocurría algo milagroso. También que en el siglo XVII el hombre iba de rosa pues se consideraba un color fuerte, decisivo, y la mujer de azul, que se tenía como un color refinado y delicado. Sería a partir de la segunda guerra mundial cuando los grandes almacenes empezaron a utilizar los colores al revés, es decir, el rosa para las mujeres y el azul para el hombre. «Para mí el rosa simboliza alegría y positividad, por eso lo consideré un reto utilizarlo y me he sentido muy cómoda», señala quien ha recurrido a un amplio espectro del color rosa, desde las tonalidades pálidas a otras más intensas. Su mezcla con el verde da un resultado muy brillante y alegre, y sin la saturación de color como era habitual en las obras realizadas en años anteriores. Esta pintora que rechaza representar la realidad objetiva porque le gusta que el espectador que contemple su obra «saque sus propias conclusiones, que interaccione, complete y se imagine». Paralelamente Soledad Flores se muestra ilusionada con su participación en una colectiva en la galería ‘The blue ant’ que Ceferino Navarro ha abierto en Madrid, precisamente en la ciudad donde realizara su primera individual en la Fundación de Adolfo Domínguez.

AUDIO DE LA ENTREVISTA:

(En elaboración)

 

Ver otras informaciones relacionadas:

Soledad Flores en IDEAL EN CLASE

 

 

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *