Vehículos singulares, 188: Miguel Ángel López Jiménez y su Austin Victoria de Luxe de 1974

Tras muchos aplazamientos por distintos motivos por fin hemos podido realizar este reportaje sobre un precioso Austin Victoria de Luxe. Para ello, a mediados de diciembre, nos pudimos acercar hasta la localidad jiennese de Torredonjimeno donde reside su propietario, Miguel Ángel López Jiménez. Mientras sonaban los villancicos por los altavoces de la plaza de la Constitución pudimos realizar las fotos, con el Ayuntamiento de fondo. En este mismo emplazamiento realizamos la recogida de información aunque ya nos había adelantado por Facebook bastantes detalles. Decir que Miguel Ángel tiene 27 años y es técnico informático que está aprovechando la falta de trabajo para realizar un grado superior de Mantenimiento Informático en la vecina localidad de Martos que fue, precisamente donde él compró este vehículo singular del que sabe de la existencia de otro de la misma marca y modelo en Bailén y otro en Madrid, ambos en proceso de restauración. «Andando, andando, tengo constancia de este y otros tres más, uno en Pamplona, otro en Málaga y otro en otra ciudad que ahora no recuerdo», explica.

Lateral derecho del Austin Victoria ::A. ARENAS

A continuación Miguel Ángel comienza a relatar la curiosa historia de su coche que llegó a sus manos «prácticamente de rebote», ya que él andada buscando un coche clásico y supo que un amigo de un amigo suyo tenía un Austin Victoria. «Yo no conocía ni la marca ni el modelo. Lo llamamos y nos invitó ir a verlo. Me encantó pues es un coche rojo, de un brillo precioso, bifaro. Estuve detrás de él un mes hasta que en una concentración de coches a la que fui con un coche prestado me dijo que me lo iba a vender. Cerramos el trato y averiguamos el tema de los papeles». Por lo que ha podido averiguar lo compró una vecina de Martos, que lo usó cuatro o cinco de años. «Esta mujer lo compra en enero del 74. Era pintora y el uso principal del coche era de transporte entre Martos y Marbella donde exponía sus cuadros. Estaba casada con un hombre el cual tenia un 850 especial y era algo celoso. Hay que ponerse en situación, una mujer guapa y joven con un coche rojo, vistoso, era un objeto de distracción para el resto de hombres. Por eso un día, el marido decidió quitarle el coche y encerrarlo subiéndolo a cuatro tacos de madera», cuenta. Al parecer así estuvo el coche durante tres décadas, hasta que al fallecer el marido un buen amigo de Miguel Ángel le hizo una oferta y se quedó con él. «Lo repararon de mecánica y le dieron un repaso estético pero por circunstancias médicas no llegó ni tan siquiera a ponerlo a su nombre lo que ha hecho que estuviera otros diez años guardado en su cochera y que todavía estuviera a nombre de la primera dueña». Gracias a que contaba con un contrato de compra-venta y una fotocopia del DNI caducado de la mujer, pudieron saber que el coche se matriculó en Martos el 4 de enero de 1974 y siguiendo las recomendaciones de Tráfico pusieron el coche a nombre del amigo y al día siguiente al de Miguel Ángel. De esto hace un poco más de un año.

Interior del vehículo de Miguel Ángel López :: ANTONIO ARENAS

«Lo que más necesitaba el coche era limpieza y un repaso mecánico. Esto es lógico pues llevaba cerca de 40 años sin circular. Hubo que cambiarle todo lo que son plásticos, líquidos, tuberías de frenos,… Aparte como había estado en cochera sin darle sel sol se conservaba bien, e interiormente también estaba muy bien», explica. Esto lo pudimos comprobar a final de abril pasado durante el I Encuentro de Vehículos Clásicos de Garcíez a la que acudió con su novia María García y que fue cuando vimos su vehículo por primera vez. Miguel Ángel no pertenece a ningún club de vehículos pero le gusta asistir a las concentraciones que puede como ha sido el caso, desde que tiene su coche, de las de Martos, Virgen de la Cabeza, Jaén capital, Mengíbar,… También indica que lo suele utilizar los domingos y que «es muy agradable de conducir, pues lleva una suspensión muy novedosa, suspensión hidroelástica, muy parecida a los de Citroën pero totalmente mecánica con una botella delante y otra detrás que van conectadas, de tal forma que si la de delante pilla un bache la de atrás sube o baja en función de la necesidad. Es un coche muy estable en carretera y en curvas». Aunque el cuentakilómetros marca que se puede poner a 200 km/h su dueño explica que él suele viajar a 80-90 km «porque se disfruta más», aparte de que no le gusta correr con los coches y menos con este. A Miguel Ángel le gusta coleccionar cosas curiosas relacionadas con su coche como un cartel de un concesionario, revistas, manuales del motor y folletos de la época.

El  Austin Victoria en la plaza de la Constitución de Torredonjimeno (Jaén) ::A. ARENAS

Amor a primera vista

Cuando llegó a manos de Miguel Ángel el cuentakilómetros marcaba 50.000 kilómetros y ahora 57.998, por lo que su propietario considera «que está bien para un coche que en el mejor de los casos sale un día a la semana». Kilómetros reales pues conserva el libro de revisiones. A ello añade que fue fabricado por Austin en Pamplona, donde también fabricaban los Minis, MG Morris, por lo que comparten motor. «Este lleva el motor más grande que podía llevar el Mini en la época, un 1.275 cc con doble carburación, la distribución va por cadena y lleva dos carburadores gemelos», señala al tiempo que nos aclara que el De Luxe sirve para diferenciarlo de la versión normal que era monofaro, montaba dinamo y traía un carburador mientras que el suyo es bifaro, trae alternador y los dos carburadores un poquito más grandes. Tras restaurarlo en la cochera donde estaba para que pudiera salir por sus propias ruedas, continuó reparándolo ya en su domicilio «poquito a poquito hasta que pasó la primera ITV en 44 años, con dos faltas leves». Miguel Ángel cuenta que tras recibir un golpe en la parte posterior estuvo «asustado» por el tema de la chapa, pues pensaba que no era fácil encontrar recambios para un coche que estuvo en el mercado cuatro años y que «la fábrica ardió literalmente. Todo lo que queda es lo que había repartido por los concesionarios de la época. Tuve suerte de que en Pontevedra encontré todos los recambios que necesitaba y otros pocos en el Rincón de la Victoria». Antes de despedirnos nos insiste que «yo siempre había querido un coche clásico y me apasionan los coches rojos, así que fue amor a primera vista. También influyó el hecho de que estéticamente me parece precioso, el estado en el que se había mantenido y que el coche siempre había estado a 10 km de mi casa con matricula de mi tierra. Tengo este coche gracias a mi amigo José Martos Sabariego, que fue el que hizo de intermediario en la compra y el que me ha enseñado todo lo que sé de mecánica»

Próxima entrega: Rafael Sabatel y su Seat 800 de 1965

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